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Sección: Editoriales / Escenario político

La última travesura de Alejandro Guevara

Por: Marco Antonio Torres de León 17/05/2013 | Actualizada a las 22:05h
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El candidato del PRI a la alcaldía del Mante, Pablo González León ciertamente no tendrá frente a él días de campo, de relax o eventos festivos a partir del próximo domingo.
 
Sin embargo, pese a que el reto es enorme, ganar las elecciones del próximo 7 de julio, él tiene todo menos miedo o temor. Tiene confianza absoluta de que ganará pues las bases del PRI ya le dieron mil demostraciones de que está con él a diestra y a siniestra, sin reserva alguna, en perfecta unidad. Ningún priista le escamotea nada.
 
Por eso Pablo González está dispuesto a encarar su campaña política, misma que arrancará este domingo con la mejor de las sonrisas, amén de una pizca de optimismo razonable.
 
De entrada Pablo González es un priista fiable, con una limpia imagen que forjó desde que empezó en la política pública hace casi 9 años, cuando Eugenio Hernández Flores arrancaba su torbellino o huracán mediático con aquélla frase ‘El corazón de Tamaulipas’, con la que se hizo gobernador.
 
Diríase que en términos políticos, Eugenio Hernández fue su padrino, más él tuvo qué hacer valer con esfuerzo propio la fuerza de sus apellidos González León.
 
Pablo González León era un comerciante alejado de la cosa política, hasta antes del 2004. De hecho antes de aceptar la invitación a ser regidor en aquél mismo año, Pablo González iba a una ciudad a otra, entre  Veracruz y Tamaulipas a cuidar personalmente sus negocios, las cafeterías de 24 horas, mismas que su padre don Jesús González Montemayor puso en boga.
 
También ocupaba su tiempo en cuidar familia, negocios personales y en sus ratos libres practicar el deporte más mexicano que existe, la charrería.
 
En cierta ciudad veracruzana Pablo González tuvo una cafetería que al igual que aquí, nunca cerraba sus puertas, ni de día, noche o madrugada; negocio sobre el cual la prensa de aquélla ciudad hizo llamativos reportajes pues el comerciante Pablo González ofrecía –en aquélla comunidad- un nuevo esquema, ofrecer servicios a la clientela las 24 horas.
 
Todos los días del año, los 365 días su negocio permanecía abierto, solo para ofrecer servicio a aquéllos petroleros que no tenían horario de entrada ni de salida.
 
Como se ve en su perfil, Pablo González no es un ciudadano a medias, ni gris. Es un ciudadano acostumbrado a dar el máximo, el cien por ciento de su esfuerzo, aun a costa de su propio cansancio.
 
Tampoco está acostumbrado a quedarse en casa, a dormir el sueño de los justos, ni a echarse a la hamaca viendo pasar el tiempo, como dice la canción, ‘viendo la vida pasar’.
 
Antes de comenzar a brillar en política, Pablo González ocupaba su tiempo en liderar la Unión Ganadera Local, de donde salió para ser regidor.
 
Desde entonces el hoy candidato del PRI ya despuntaba para ser líder.
 
Tamaulipeco de cepa, Pablo es de los políticos que hablan de frente, con sonrisa de por medio y dispuesto a concluir una plática con acuerdos; siempre suele dejar tranquilo a su interlocutor, una vez que acaba una charla. Político de hechos, no de palabras.
 
Como gerente de COMAPA fue de los pocos que ocupó su tiempo total, sus ocho horas completas metido adentro de su oficina, atendiendo una y mil solicitudes.
 
Diríamos que Pablo es amigo entre los amigos, aunque tiene una extraña característica pese al hecho de haber crecido en una familia honorable, acomodada y siempre venida a más, siempre gozó –y goza- de amistad genuina con las clases bajas.
 
A Pablo en síntesis, le gusta echar relajo y es bromista cuando la ocasión lo amerita.
 
Pues bien, a partir del próximo domingo y hasta el 7 de julio, Pablo González ya no se dividirá en 3 para atender su vida personal, familiar o profesional.
 
Será simplemente uno, Pablo el candidato en campaña.
 
En otro tema, testigos presenciales dicen que –durante el registro de la planilla del PRI a la alcaldía- la ex diputada federal LETICIA CAMERO GÓMEZ casi se le fue a la yugular al capitán ANTONIO GUEVARA MARTÍNEZ tratando de arrancársela.
 
Y es que doña Leticia le reprochaba al capitán Guevara haber dejado sin regiduría a su nieta, ILZE CAMERO.
 
La ira la cegaba dejándola sin aliento.
 
Estaba que echaba chispas de enojo y no hallaba paz por ningún lado. Para la mujer ese no fue precisamente un día de fiesta.
 
Aunque detrás de su rabia incontenible y mal disimulada, según ella hubo una justificada razón.
 
El sistema –que tantas alegrías le regaló- dejó fuera de las regidurías a su nieta adorada ILZE CAMERO, la misma jovencita a quien muchos priistas vieron llorosa en pleno acto político y quien de tan ofuscada que estaba, no salía de su estupor, no acertando a donde ir.
 
Nadie sabe si doña Leticia Camero tuvo o no tuvo razón para enojarse con el papá de ALEJANDRO GUEVARA COBOS, don Antonio, último en la lista de las regidurías, pero quien evidentemente fue propuesto por su vástago.
 
Pero a esas alturas la ex diputada federal ya no buscaba quien la hizo, sino quien la pagara.
 
Ilze Camero no logró subir al entarimado de los triunfadores, donde estaban Pablo González, Homero Resendiz, José Reyes Guevara Servín, Humberto Flores Dewey, alcalde del Mante, José Ernesto Manrique Villarreal  así como los 12 regidores propuestos, incluido el capitán Antonio Guevara, un personaje de casi 70 años de edad que llegó enfundado en camisa blanca y anteojos de sol.
 
Don Antonio suele no parecerse mucho a su hijo, en el rol de protagonista de primera fila; es más bien un hombre reservado, discreto, respetable y por su edad y su trayectoria, diríase que se trata de un caballero honorable.
 
Alejandro Guevara por el contrario, viene siendo un espécimen raro, sorprendente.
 
Es como un astro de rancho, fascinante para algunos pero olvidadizo para otros, pues ciertamente ya echó al olvido los tiempos cuando lo picoteaban los espinos de sus nopaleras, le trepaban las chinches y los piojos cabalgaban en su cabeza.
 
En resumen, la de hace 3 días fue una travesura más del actual Jefe de Giras de ENRIQUE PEÑA NIETO, travesura AL auténtico estilo Alejandro Guevara Cobos.
 
Aunque para ser travesura, fue bastante pesada. Casi provocó que le derramara la bilis  a más de uno.
 
Pero el relato no acaba ahí, ni la sucesión de dimes y diretes.
 
Como reza la canción, ¡! la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida Ay Dios!!
 
Dicen que como contra-respuesta al desdén y a los insultos que le envió doña Leticia Camero culpándolo de que la señorita Ilze se quedó sin regiduría, y ya punto enojado, don Antonio Guevara recordó una anécdota que muy poco conocida.
 
Anécdota que se remite a la época cuando el Ingenio del Mante fue tomado, y en donde la sangre fue a dar al río, falleciendo trágicamente un par de infortunados obreros.
 
Dicen que don Antonio Guevara dijo en voz baja: ‘Parece que ya olvidó que aquélla tarde (infortunada) estuvo a punto de morir en medio del fuego cruzado; tuve qué llegar yo junto a más soldados para rescatarla’.
  Bien, por ahora es todo, nos leeremos pronto.

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