Por: Clara García17/05/2013 | Actualizada a las 16:11h
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Los
norteamericanos no inventaron la globalización, ni es una característica particular
del presente. Es un proceso histórico que ha acompañado al hombre en su avance
civilizatorio y expansionista.
Los fenicios a través de comercio marítimo fueron conectando al mundo de manera
lenta, los romanos es la expresión más evidente que en la antigüedad los
hombres intentaban convivir e intercambiar mercancías más allá de su aldea o
localidad. El imperio español, Napoleón, la colonización inglesa y francesa en
África y Asía aportaron importantes cargas culturales entre diversos pueblos y
naciones.
En pocas palabras, la globalización siempre ha estado de moda. Aunque el uso de
este término ha sido muy socorrido en el presente, en esta etapa histórica a la
que llamamos soberbiamente posmodernidad. Y digo soberbiamente, porque asumimos
que nuestro tiempo está más allá que cualquier otro momento de la historia,
hemos renunciado a asumirnos como modernos, o como sobrevivientes de una época
contemporánea; no, estamos más allá de todo, en la posmodernidad.
Ambos vocablos, globalización y posmodernidad, actualmente son de uso
frecuente. La RAE define el primero como la tendencia de los mercados y las empresas
a extenderse, alcanzando una tendencia mundial que sobrepasa las fronteras
nacionales. El segundo lo define como movimiento artístico y cultural de fines
del siglo XX, caracterizado por su oposición al racionalismo; y por su culto
predominante de las formas, el individualismo y falta de compromiso social.
Según Carlos Vilas existen seis ideas falsas de la globalización: que es un
fenómeno nuevo, que es un proceso homogéneo y homogeneizador, que conduce al
progreso y bienestar universal, que la globalización de la economía conduce a
la globalización de la democracia, que la globalización acarrear la
desaparición progresiva del estado. Sobre estas falsas ideas, Europa y los
Estados Unidos han construido sus modelos económicos para saquear los recursos
naturales de los países pobres, para tropicalizar sus productos y hacer de sus
trasnacionales la nueva ley del colonialismo a nivel mundial.
Tenemos la idea equivocada que ser global es estandarizar nuestros modos de
vida bajo el modelo norteamericano: consumismo, comida chatarra y vida
superficial. Lo diferente a esto se califica como raro, feo, malo y se
discrimina. Es decir, esta idea equivocada de la globalización se finca en la
visión posmoderna de nuestra sociedad: falta de compromiso, ser individualista
y vivir de la apariencia.
Sin embargo, la globalización implica también otras formas de comprensión
histórica y social. En el libro “¿Por qué África es tan pobre y Europa tan
rica?”, se presentan siete mitos que explican la situación de las relaciones entre
algunos países de ambos continentes a partir del siglo XVII.
El texto pretende desarrollar una educación para la ciudadanía global, es decir
que las personas adquieran un sentido de la justicia social y la
sustentabilidad, el respeto a la diversidad y una solidaridad que permita
construir un mundo mejor. Este modelo se basa en la propuesta de “Education for
Global Citizenship: a guide for schools”.
En este documento se señala que un ciudadano global es una persona que conoce
lo que ocurre en el mundo y asume su papel como ciudadano global; respeta y
valora la diversidad; comprende cómo funciona el mundo según la economía, la
política, la sociedad, la cultura, la tecnología y el medio ambiente; se
indigna ante la justicia social; participa y contribuye al desarrollo en
distintos niveles sea local o global; participa para hacer de este mundo un
lugar más justo, equitativo y sostenible; asume la responsabilidad de sus
acciones.
Las habilidades que los ciudadanos globales deben tener son: pensamiento crítico,
capacidad de argumentación, capacidad para combatir injusticias y
desigualdades, ser respetuoso con las personas, la naturaleza y los objetos,
capacidad para cooperar y para resolver conflictos. Su actitud y valores deben
ser la empatía, respeto a la diversidad y practicar la equidad.
Después de revisar estos conceptos, vale la pena preguntarnos cuál de las dos
visiones de globalización hemos asumido; y si cuando nos sentimos insertados en
ella contamos por lo menos con alguna de las características que se proponen
para lograr una mejor convivencia.
E-mail: claragsaenz@gmail.com
Clara García Sáenz
Historiadora y Promotora Cultural; catedrática de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
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