Por: Javier Rosales Ortiz17/05/2013 | Actualizada a las 12:31h
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Su risilla fue siempre muy peculiar, de esas que taladran
los oídos y que sacaba de sus casillas al profesor en turno.
Pero dueño de una simpatía que contagia, que atrae,
muchos pagaban un peso por estar cerca de él y, otros, 50 centavos por
mantenerse lejos. De origen muy humilde, él siempre se destacó por ser un
alumno dedicado al estudio, aunque luego de clase la guasa se le daba bien, la
disfrutaba, porque su carácter era así, desinhibido, risueño, totalmente
desmadroso. Eran los años setenta cuando me recuerdo bajando a pie La
Loma a su lado fabricando bromas y apodos para los demás compañeros de salón y,
es que para eso, los dos éramos expertos, no teníamos límite. Compartimos, ambos, un espacio en la Preparatoria
Federalizada de Tamaulipas, una institución que era como nuestra segunda
morada, un lugar donde convivimos con personajes que hoy brillan en la política
local y nacional, como por ejemplo Guillermo Martínez García, vocero del
gobernador, Egidio Torre Cantú, a quién le apodaban “El víboro”. Nuestro punto de reunión era siempre el 17 Matamoros y
Guerrero, donde habitaba Ernesto Meléndez Cantú, otro ex compañero de origen
muy modesto, quién hoy como abogado ha escalado puestos de suma importancia que
no lo han mareado, que no lo han obligado a despegar los pies de la tierra. Pero mejor hablo de él, del contador, Jaime Salvador
Amaro Castillo, quién aparece en la planilla del candidato del PRI a la
alcaldía de Ciudad Victoria, Alejandro Etienne Llano, como propuesta a segundo
sindico, y a quién allá por sus tiempos de preparatoriano se le conocía como
“El Pingüino”. En realidad desconozco quién lo bautizó o cómo acuñó ese
apodo, pero la verdad es que él que lo hizo no se equivocó, porque le va bien,
lo decora, va con su personalidad y, es idéntico, al personaje ficticio del
cómic, autoría de Bill Finger y Bob Kane. Y es que si no lo conoce, el aspirante a síndico pose una
nariz ganchuda similar al pico de un pingüino, su risilla es antipática y su
forma de ser invita a pensar que tal vez tenga algún problema psiquiátrico,
pero no, se trata de meras excentricidades. Otra coincidencia es que él –Jaime- desde las cloacas de
ciudad Gótica brincó por su capacidad al mundillo de la contabilidad y de la
política, desde dónde con un trabajo discreto, que no se ve, ha contribuido a
que desde su puesto como Presidente del INCOPSE arriben varios alcaldes del PRI
a la comuna local. No sé, así como es la política, si a estas alturas Jaime
–El Pingüino- aun enfrente problemas con Batman que le impidan arribar como síndico,
pero ya en serio lo cierto es que sus ex compañeros vemos con agrado que le
haga justicia la revolución y que este paso sea para él como un escalón más
para que consolide su sueño de convertirse en un buen político. Seguido me lo encuentro en la puerta de Palacio de
Gobierno y su risilla odiosa lo distingue a varios metros. Y a menudo soy objeto de sus bromas, pero siempre aguanto
la vara, porque sé que “El Pingüino” es así, burlón, irónico y socarrón y, cómo
no, si de lo que se trata es imitar al eterno enemigo de Batman. Por cierto que “El Pingüino”, el de los cómics, en la
historieta se lanzo como candidato a alcalde de Gotham City y casi gano. Por eso no descartaría que en la mira de Jaime. Figure en el futuro, la alcaldía de Victori City. Correo javo-ortiz@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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