Por: Juan Sánchez-Mendoza17/05/2013 | Actualizada a las 08:45h
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Con
el consentimiento de sus padres, sin su permiso y a pesar de él, hay hijos de
políticos encumbrados que suelen cometer todo tipo de excesos, a nombre de las
instituciones públicas que sus progenitores representan.
Esto ha sido una constante en México; al menos, durante los últimos nueve
regímenes presidenciales --como puntualmente se consigna en la hemeroteca--, no
sólo por parte de los retoños del señor de Los Pinos en turno, sino de las
crías de sus colaboradores más cercanos e, incluso, de los vástagos de
gobernadores, alcaldes y legisladores, aunque no se debe descartar a la
descendencia de funcionarios de menor monta.
Por tanto no me sorprendió que una hija de Víctor Humberto Benítez Treviño
--Andrea Benítez González, se llama--, en uno de sus “arranques caprichosos”,
haya ordenado a los cuadros operativos de la Procuraduría Federal del
Consumidor (Profeco) clausurar un restaurante, sito allá en la Ciudad de
México, tan sólo porque se le negó ocupar una mesa.
Y no me extrañó porque ella hasta el día en que le marcaron un alto, hizo
cuanto le vino en gana (en lo privado y públicamente) sin considerar que con su
actitud dañaría la carrera política de su padre en el entendido del cambio de
tiempos, circunstancias e influencias, pues acostumbrada estaba a imponer su
voluntad en todo terreno.
Pero sí atrapa mi atención el cese de Benítez Treviño, pues, sin ser el
protagonista del bochornoso suceso, fue cesado por su antes alumno Enrique Peña
Nieto, quien con esta decisión busca recobrar credibilidad hacia su persona, en
lo particular, y para el régimen que encabeza, pero sin éxito aparente, según
se ve.
Los juniores
Hay que recordar que cuando Enrique Peña Nieto era candidato a la Presidencia
de la República, una de sus hija, Paulina Peña Pretelini, que es la mayor
registrada durante su primer matrimonio, mucho ofendió a la sociedad mexicana,
al externar (en las redes sociales) que los pobres en México no cuentan ni
votan, generándole claramente la pérdida de votos a su padre en distintas
entidades del país.
Y nada pasó, aun cuando su noviazgo con el hijo de Andrés Manuel López Obrador
(Gonzalo López Beltrán) se vio tambaleante; y su propio padre tuvo qué ofrecer
una disculpa pública por los comentarios de su hija.
Yéndonos más atrás, Usted, bien ha de recordar, que en el régimen presidencial
de Gustavo Díaz Ordaz, no hubo junior más consentido que Alfredo --ex esposo de
Thalía y Paulina Castañón Ríos Zertuche--, pues así lo dispuso el entonces
mandatario de México, quien sostenía amores con Irma Serrano (alias “La
Tigresa”), lo que motivó que grupos rockeros dejaran de tocar en México, pues
de lo contrario el vástago presidencial se encabronaría.
Con Echeverría los traficantes de influencias fueron sus hermanos y “La
compañera” Esther (Zuno Arce), quien le brindara protección a su hermano Rubén,
en la comisión de fechorías (tráfico de drogas), sin que ninguna autoridad
mexicana protestara por ello, so pena de que la furia del señor de Los Pinos
e volcara en contra suya.
José López Portillo admitió no sólo los excesos de su mujer, la doña Carmen
Romero (tan proclive a las relaciones extramaritales), sino el abuso de sus
hijos Paulina y José Ramón, de su hermana Margarita y de su primo Guillermo,
tanto como de “El Negro” Durazo, que al amparo del poder cometieron múltiples
excesos.
Miguel de la Madrid Hurtado fue más sensato, pues su hijo Federico sin hacer
alarde de su influencia, logró sostener y contraer nupcias, con un ser de su
mismo sexo.
En cambio Carlos Salinas de Gortari dejó hacer y pasar las acciones insanas de
sus hermanos; sobre todo las de Raúl y Adriana Margarita, al amparo de su
administración.
Ernesto Zedillo Ponce de León, optó en no entrometerse en las relaciones que su
mujer (Nilda Patricia) y sus hijos sostenían en contra suya.
Vicente Fox Quesada solapó a sus entenados, los Bribiesca, en sus acciones
influyentitas.
Y hasta Felipe Calderón Hinojosa toleró que su descendencia y sus parientes
traficaran con su nombre.
Ahí está el caso de su hermana, quien es senadora de la República.
Entonces, ¿por qué alarmarse ante una medida institucional?, como es la del
cese de un funcionario (Víctor Humberto Benítez Treviño), que tampoco ha sabido
educar a sus hijos.
Las campañas
El domingo próximo inician formalmente las campañas
Y los candidatos a diputados locales
y alcaldes, obligados están a fortalecer su imagen en los siguientes días
previos a la jornada comicial, buscando el voto de todos los ciudadanos que
sufragan en sus distritos y/o municipios --incluso de los militantes políticos ajenos
a sus partidos--, sin no esperar a que el día de los comicios una fuerza divina
induzca sufragios en su favor.
Pero esto nada más se logra con
voluntad y cuando realmente hay una comunicación abierta y directa con la
sociedad.
No con un baño de pueblo.
No con poses demagogas, aunque muchos
de los abanderados crean y alardeen que su simple presencia basta y sobra para
alzarse con la victoria en julio próximo.
De ahí que los contendientes, todos
–y estoy hablando de los siete partidos que juegan en este hándicap --, por
beneficio propio deban asumir la responsabilidad de hablarle al pueblo con la
verdad, sin falsas promesas ni palabras huecas, y en un desplante de ética
(¿sabrán qué es?) se den la oportunidad de escuchar (sin agachar la mirada) las
inquietudes de quienes tienen la decisión de que alcancen o no sus objetivos en
esta justa.
Y es que un pueblo que es tomado en
cuenta puede dar real sustento a la política y restarle poder a la anarquía, al
desorden, al rumor y a otros instrumentos de competencia electoral arcaica, que
por salud del mismo sistema no debieran reeditarse.
Confusión ciudadana
Hasta hoy, incluso, en los 22
distritos electorales y los 43 municipios de Tamaulipas, la gente ya está
cansada de que muchos de los candidatos quieran confundirla; que quieran
engañarla. Y por eso los
ciudadanos que de una u otra forma aparecen como actores principales del
proceso comicial quieren estar enterados del alcance y los objetivos de cada
abanderado, para no dar lugar a interpretaciones irresponsables que mermen aún
más la dañada credibilidad que existe hacia los políticos.
Es aquí, entonces, cuando cobran
mayor importancia los medios de comunicación masiva, que hacen más oportuna y
ágil la información generada en el actual proceso, alentando la verdadera
construcción de la democracia.
Por tanto, así como avanza la
pluralidad, los medios de comunicación y los candidatos deben contribuir a la
formación de una conciencia estatal crítica y responsable, sin suspicacias.
La recompensa, claro está, será muy
alta: ver a los tamaulipecos comprometidos y actuantes, libres, en esta etapa
electoral, donde ya no tienen cabida los demagogos ni oportunistas que buscan
publicitar cuanta mentira se les ocurre.
E-m@il: jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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