Por: Luis Lauro Carrillo16/05/2013 | Actualizada a las 09:17h
La Nota se ha leído 1840 Veces
“La
grandeza de una Nación y su progreso moral se puede juzgar por la forma en que
son tratados sus animales”. Mahatma Gandhi.
La protección de los animales se ha convertido en una preocupación social,
cultural y ambiental ampliamente expandida, cuya vinculación actual ha llevado
a los gobiernos a cuestionarse sobre la vigencia de los regímenes jurídicos, y
enconsecuencia, asumir marcos"
normativosa laalturadelasexigencias éticas.
Viene a cuento lo anterior por la reciente decisión del Congreso de Tamaulipas
de rechazar la prohibición de las corridas de toros, por considerarlas un
“patrimonio cultural”, mediante la aprobación del dictamen que declaró
improcedente la iniciativa para reformar las Leyes de Espectáculos Taurinos y
Protección Animal, propuesta por los legisladores del Partido Verde ecologista.
Conviene señalar que los “constructores locales de la ley” además fundamentaron
la negativa con otro argumento tan superficial, endeble e irracional, en el
sentido de que no se puede prohibir corridas de toros en Tamaulipas, porque en
la mayoría de los 32 estados de la república no han legislado en esa materia.
Es importante destacar que la cultura no es asunto secundario, ni puede
constituir un privilegio del que disfruten solamente algunos tamaulipecos, sino
que ella debería extenderse a todos, sin embargo la cultura taurina en la
entidad es limitada y estamental que no debiera gozar de la especial atención
del Estado.
Ahora bien el patrimonio cultural no debería implicar desconocimiento del
derecho a un ambiente sano, dentro del cual no solo queda comprendido el
aspecto bio-físico de las lesiones y perjuicios que sufren los animales del
espectáculo, sino el trato digno y respetuoso a los mismos con el propósito de
evitar la crueldad en contra de éstos, conceptos que los diputados se pasaron
por el arco del triunfo.
Por tanto el maltrato a los animales genera una vulneración sistemática de los
Derechos Humanos Ambientales, lo cual no está condicionado al reconocimiento de
la titularidad de derechos a los animales, sino con la generación de impactos
ambientales y culturales vinculados con la difusión de valores de crueldad,
odio y daños injustificados en contra del ambiente.
De tal suerte las normas estatales que actualmente permiten los espectáculos
taurinos y la pelea de gallos, persiguen todo lo contrario, es decir, atentar
contra el medio ambiente de manera injustificada, sometiendo a estos animales,
que forman parte de la fauna de la naturaleza, a toda clase de tratos crueles,
con el único fin de entretenimiento y diversión para satisfacer un interés
particular morboso.
Por consiguiente un Estado social que se precie ser de Derecho, a través de
lalegislatura no debería desconocer el
interés general, de ahí que debe primar la solidaridad no solamente entre
personas, sino entre estos y el medio ambiente.
De igual modo considerar a la tauromaquia como “arte” resulta incongruente y
carente de fundamentos éticos y científicos, pues el arte es un proceso de
creación y construcción que da vida a una obra estética, quitar la vida a un
animal como en el caso de las corridas detoros es sadismo, es un espectáculo salvaje.
Empero cabe preguntar ¿es ético matar un indefenso animal para “crear” arte?
No, porque estas tradiciones solo aportan más violencia y que no deben
preservarse, estando obligado el Estado a través de la legislación a
eliminarlas. Las corridas de toros van en contra de la dignidad humana, evidenciando
a quienes participan en ellas, incluidos los diputados tamaulipecos como seres
egoístas, ajenos al sufrimiento y a la sensibilidad hacia los animales.
Por otro lado la dignidad humana no se configura cuando el hombre o animal
humano disfruta, goza con el maltrato que él mismo u otros le ocasionan a un
animal no humano y cuando ese maltrato presupone para su disfrute la crueldad,
que significa inhumanidad, fiereza de
ánimo.
En ese tenor esos actores parten del presupuesto de que el concepto de
violencia tiene una visión que toma como paradigma el entorno de la existencia únicamente
de la especie humana excluyendo larelación
con otros seres vivos.
Por consiguiente, la matanza de toros en espectáculos taurinos son una muestra
violenta y perturbadora de algunas acciones humanas, que no deben ser
secundadas ni mucho menos protegidas por el Estado.
Los animales tienen derechos y negar que sufran y reírse de este sufrimiento
es, como se le quiera ver, otra prueba de la deshumanización. El ser humano no
puede ni debe celebrar el dolor infligido a seres vivos, ni tiene sentido negar
que tal insensibilidad se traslade luego y con fuerza a la furia contra seres
humanos.
Por lo que en el siglo XXI no se puede ni debería ejercer la violencia contra
ningún ser vivo, ni siquiera con el argumento de la tradición o patrimonio
cultural, que por cierto la tortura no es cultura en términos de cultivo
intelectual de conocimientos.
En definitiva los diputados de Tamaulipas con su actuación ignoraron que la
constitución mexicana no sólo protege los derechos fundamentales de los seres
humanos, sino que se trata de una Constitución “ecológica”, que propugnar la
defensa del medio ambiente, en donde está incluida la fauna” y en ella los
toros. La decisión fue basada más por ignorancia y razones políticas que
humanitarias.
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas