Por: Melitón Guevara Castillo14/05/2013 | Actualizada a las 18:53h
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Con la Profra. Consuelo Cantú Ríos de Saldívar (+) no se cumplió
el consejo de Ana María Rabate: en vida, hermano, en vida. Falleció en el año
1994, a los 75 años de edad y recibió un pequeño homenaje: le pusieron su
nombre a la biblioteca de la Escuela Juan Eudes, administrada por las Madres
del Refugio, porque fue en esa Escuela donde puso en práctica su vocación de
servicio, su entrega al apostolado de la educación.
Profesoras como “Chelito”, o profesores, son los que a sus alumnos les dejan
una huella y al paso del tiempo germina en un reconocimiento, en un respeto e
incluso admiración. Perteneció “Chelito” a una generación que se ganó a pulso
el respeto. Hoy, a los profesores, se les culpa: de falta de vocación, que han
perdido el respeto a su trabajo y que son los culpables de la falta de
aprendizaje de los alumnos.
Hace tiempo tome un curso de formación de investigadores. Ahí, Alicia Martínez
–argentina, antropóloga cultural-, nos recordó una expresión de Norberto
Bobbio, que hay tres tipos de maestros, de profesores: unos trasmiten,
depositan conocimiento en sus alumnos; otros, además de darles conocimientos,
les generan explicaciones; y, los últimos, son los que inspiran la sed y hambre
de conocimiento.
Yo he tenido buenos maestros, otros no tanto. Unos me han inspirado, entre
ellos, de mi educación básica. Y este jueves emocionado recordé a dos: 1) se filtró
el nombre de Graciela de Araujo como una potencial regidora en la planilla de
Alejandro Etienne; si es Graciela Guerra de Araujo, fue mi primera maestra, la
de primer año de primaria, tenía paciencia para enseñar y además premiaba con
caramelos tipo bastón. ¡Buena Maestra! 2)
Y a Nohemí Berrones, en la Secundaria Federal No. 1, me impartió la materia de
civismo. Nos hizo aprendernos artículos de la Constitución Mexicana, conocer
nuestros derechos y, además, nos inculcó valores de conciencia social, nos puso
a trabajar, a pensar y a reflexionar sobre lo que hoy se conoce como
“desarrollo sustentable”, sobre cómo cuidar nuestro medio ambiente.
Yo puedo decir, proclamar, que tuve profesores que me enseñaron. Es una
verdadera lástima que hoy, a los profesores, se les tilde de faltos de
vocación, de que no logran ganarse el respeto y reconocimiento, tanto de padres
de familia como de alumnos y que, la consecuencia, es que hay un bajo nivel de
aprovechamientos. Las investigaciones y las evaluaciones ponen muy, pero muy
bajo, el nivel de aprovechamiento. Por eso, desde hace varias décadas, se habla
del fracaso escolar, educativo.
Entiendo que muchos maestros han sido influenciados por las practicas nocivos
del sindicalismo magisterial, cuyo mayor lastre esta hoy en prisión; pero que
se refleja en la petición que hace Rafael Salas Méndez, el líder magisterial,
que se tiene que luchar por no perder los derechos hasta hoy ganados: herencia
de plazas, que líderes y privilegiados se jubilen y sean recontratados, que
hayas directoras, supervisoras no con una plaza, unos llegan a tener hasta
tres… y, se presumen, que con la politización del sindicalismo magisterial,
ahora hay maestros que cobran sus dos o tres plazas y hasta el sueldo, sea de
regidor, sindico, diputado o líder sindical.
Son los derechos que no quieren perder, en esencia, quienes son líderes
magisteriales y sus allegados.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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