“Mi papá, que está en el cielo, no quería que me fuera al convento, no quería que yo entrara, mi mamá sí, era muy cristiana”, señaló el padre Rubén de la iglesia María Auxiliadora de Ciudad Victoria
Por: Alejandro Paz/Ciudad Victoria25/04/2010 | Actualizada a las 19:50h
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Ciudad
Victoria, Tamaulipas.- El Padre Rubén o "el Padre Gato", hace
51 años nació en Zacatecas.
Ahí jugaba fútbol, al trompo y a las patadas, revela.
Dice que todos los días lo llevaban a la iglesia, porque su madre era de misa
diaria, era “muy cristiana”.
Confía que fue la creencia de su madre lo que inculcó el amor a Dios y a la
iglesia; sin embargo, tuvo complicaciones cuando decidió entrar al convento.
“Mi papá, que está en el cielo, no quería que me fuera al convento, no quería
que yo entrara, mi mamá sí, era muy cristiana”.
Admite que nunca pensó en ser padre, y que fue algo que le nació un día.
“Un día un padre me dijo ¿sabes ayudar a misa?, y yo conteste que no, pero me
explicó mira, en aquel tiempo las misas eran en latín, y me dijo cuando yo diga
Dominus Obispus, tu contestas el perico es tuyo”.
La sonrisa se muestra, mientras su rostro oculta sus ojos verdes.
Y aunque sus inicios fueron ayudando en misa, hoy después de 32 años está por
iniciar una más de ellas.
Esta vez no es en la tierra que lo vio nacer, lo hace en la iglesia María
Auxiliadora, ubicada en la colonia Liberal de esta Ciudad.
Después que por la mañana pospusiera la plática por tener un compromiso.
Él sabe de qué se trata, y de inmediato responde que lo que pasa a nivel
mundial desprestigia a la Iglesia Católica y a la par señala “aquí en la
diócesis no hay esos actos”.
Explica que también están demandando al Papa la protección que dio, y refiere
“aquí el obispo no ha protegido nadie, porque está dispuesto a quien la riega
la pague, de al que tenga cola que le pisen le den en la torre”.
Analiza que estas situaciones desmoronan a la gente, y que pueden llegar hasta
perder la fe, aunque rechaza se trate de una crisis eclesiástica, y dice “son
situaciones que sucedieron hace muchos años y que hoy surgen”.
El Padre Rubén o “Padre Gato”, como se le conoce por sus ojos de color, toca el
tema y traslada la plática 20 años atrás, comenta que él vivió una situación de
desprestigio que fue motivada por la disidencia contra el obispo de ese
entonces y que quienes estaban con él fueron quienes levantaron falsedades.
“Siempre se me tachó de mujeriego, el obispo me suspendió porque dijeron que yo
me había casado, me desprestigiaron pero gracias a Dios, no fue así ni estaba
casado”.
Él culpa de esos falsos a fricciones internas, “había curas que querían
fregarnos a nosotros, pero cuando ya se fue el obispo, que vino el cardenal de
Monterrey, platicó con cada uno de nosotros, se fueron muchos y nos quedamos
los que teníamos que quedarnos”.
El “Padre Gatito” dice que esos señalamientos lo hicieron sentir muy mal porque
como hay gente que creía en él, había otras que no. Y revela como afrontó el
problema.
“Yo lo que hacía era encomendarme a Dios y que él nos proteja, decía, y él me
dio la fuerza, gracias a Dios uno tiene mucha gente que le quiere y si no fuera
por eso ya habría terminado desde cuándo”.
Sin soltar el antebrazo de quien lo entrevista dice que la lengua daña y
desprestigia cuando levanta falsos, “pero gracias a Dios aquí estamos”.
Con una plática fluida, se le pregunta si perdió credibilidad, a lo que
responde dibujando una sonrisa en su rostro: “No creo, como que me hicieron más
famoso, como que me dieron más fama”.
Confía que hay que purgar la iglesia, cuando se le cuestiona si es necesaria
una auto-critica, y agrega que a la iglesia hay que servirla y que la purga es
para “que lo que jale, jale y lo que no sirve, que se vaya”.
Recuerda que el problema de él era porque tomaba mucho, pero para ello ingresó
a una clínica, “y gracias a Dios no he bebido nada que contenga alcohol”.
¿Ni vino de consagrar?, se le pregunta, y con seriedad responde, “ese es
humano”.
Afirma que los sacerdotes son de Dios y deben estar a sus servicios las 24
horas del día, “no como algunos padres que decían aquí soy el padre y allá
soy…” responde, aunque finaliza sólo gesticulando la frase.
Revela que cuando no está en la iglesia se va a su casa y se pone a leer, ahí
mismo considera que las mujeres son una majestuosidad que hizo Dios, y que se
les debe respeto.
Destaca la importancia del seminario porque “si tienes inclinación a las
mujeres, pues cásate, porque así no podrás servirle a Dios, porque eres o no
eres”.
Afirma que los padres reflejan a Dios y están al servicio del pueblo.
Comenta que la gente se sorprende de todo lo que está pasando, y que juzgan
aunque desconozcan.
Por otra parte, afirma no tener miedo que le llamen la atención.
“Uno es libre, el sacerdote puede decir lo que tiene que decir, aquí no tenemos
candados para no hablar”.
Afirma que tienen que levantar la iglesia ahorita que es muy atacada “porque el
demonio lo ataca ahorita en el mundo, con el debate de los padres de Irlanda,
de Estados Unidos esto desprestigia a la iglesia”.
Y agrega: “vamos a pedirle a Diosito que todo esto que está pasando se limpie,
y que sea para una transformación del clero que seamos mejores cristianos,
porque el pueblo cree en nosotros”.
Ahí el padre soltó el antebrazo de quien lo entrevistaba, la gente lo mira, la
iglesia y la misa lo esperan, pero confía: “cuando dijiste que querías
entrevista, dije, vamos a revivir cenizas a levantar el pasado, pero no tengo
que temerle, porque yo ahora soy feliz”.
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