Por: Elsa Celis10/05/2013 | Actualizada a las 09:39h
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La
maestra platicaba cálidamente con su grupo de alumnas –señoras de edades entre
50 y 60 años-. Narraba cómo había ingresado al mundo del bordado; un mundo muy
amplio y variado (para sorpresa de quienes no lo conocemos).
Continuaba su plática de cómo había aprendido muchas de las técnicas existentes
en el mundo del bordado. Por ejemplo, el de los vestidos Españoles (Frunce
smock); el bordado de ‘lagartera’; el bordado ‘Yugoslavo’; el de Australia; el
punto de cruz; el bordados de las indígenas Chiapanecas, entre muchas otras
técnicas.
Un mundo lleno de colorido, en donde hilos, hilazas, listones y telas hacen de las
prendas de vestir verdaderas obras de arte. Quizá en nuestro país hanperdido adeptos; pero en otras regiones del
mundo es muy apreciado, al grado tal, de celebrar concursos anuales que
perduran a través del tiempo.
En su charla, la maestra les informaba de los beneficios inesperados que pueden
tener las actividades manuales. En el caso de bordar o tejer -además de
desarrollar la capacidad creativa-, el manejo de ambas manos le brinda al
cerebro minutos valiosos de ‘gimnasia cerebral’. Esto contribuye a mantener
jóvenes las células del cerebro; así como también sirven de terapia ocupacional.
En su larga carrera como maestra, hacía referencia a casos de éxito en rehabilitación
de quebraduras de mano, devolviéndoles el ‘agarre-fino’, necesario en las
terapias de estimulación motora; así también, el beneficio terapéutico que
brinda a hombres o mujeres –niños y adultos- practicantes del tejido convencional,
pues esta actividad puede ser un factor importante de mejora en las personas
que sufren de ansiedad y depresión. Es decir, un sin fín de cosas benéficas,
que van más allá de la realización de una simple practica ancestral; ¿Quién lo
diría?
Lo que conmueve a cualquiera, es lo que la instructora comentó al cierre de la
clase; (sic) “Las generaciones que cursaron hace algunos años la primaria,
realizaban durante el año escolar la elaboración de un trabajo manual
–comúnmente bordado- que tendría como destino final el regalo del día de las
madres”. Y agregó “si al menos se conservara esta actividad, los niños
desarrollarían una labor de gran provecho y mantendrían sus ‘cabecitas’
ocupadas… en lugar de andar pensando otras cosas”.
Toda la clase aportó abonando a lo mismo; empezaron a narrar sus experiencias
remontándose a sus años de niñez en donde se pulían con su manualidad y que al
acercarse la fecha, tanto ellas como sus madres, abuelitas y las que se
acomedían, acababan terminando el regalo de bordado. Obsequio que después de
muchos y muchos años aun se encuentran dentro de ‘las joyas’ que las mamás
conservaban como un tesoro.
Para la mayoría de los adultos que vivieron éstas experiencias, es probable que
perdure en sus recuerdos y alguno hasta lo considere parte de su formación. Tal
vez tengan mucha razón; independientemente que se traten de técnicas –que
algunos consideren pasados de moda- si pensamos por un momento los muchos
beneficios que nos traían, probablemente sería bueno recapitular y rescatar
todas esas pequeñas labores que de alguna forma enriquecían nuestras vidas.
Y si lo vemos como negocio… es probable que valga la pena intentarlo. Hay quienes
platican que en otros países, las prendas de vestir artesanales son muy
estimadas y existe un mercado para ofertarlas.
Por otro lado en lo emotivo, haga un “calis” –como dicen los niños- y
pregúntele a las mamas si aún guardan esos regalos… ya verá la reacción, al
menos dará tela de dónde cortar y recortar.
¡Feliz día de las madres!
Elsa Celis
Es Licenciada en Administración de Empresas. Máster en Administración Pública
Editora de la Revista Viva Tamaulipas
Columnista de medios impresos, así como de diferentes portales electrónicos
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