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Sección: Editoriales / Confidencial

El miedo como arma

Por: Rogelio Rodríguez Mendoza 30/04/2013 | Actualizada a las 09:21h
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“Tenemos a tu hijo y si lo quieres volver a ver vas a depositarnos 300 mil pesos antes de las siete de la tarde” advierte una voz amenazante a través del celular, a una madre angustiada, aterrorizada, cuya mente se le nubla y la hace entrar en pánico.

Desde ese momento empiezan horas de miedo para toda una familia que no sabe qué hacer: Ni en sueños reuniría la cantidad de dinero que les exigen pero, por otra parte pedir ayuda a la Policía podría poner en riesgo a su familiar.

Luego de unos minutos se deciden por acudir ante la Unidad Especializada para el Combate al Secuestro de la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas. Los policías los escuchan y de inmediato los tranquilizan: “No se preocupen. No hay tal secuestro. Es una extorsión telefónica como muchas, cientos tal vez, que se han venido registrando. Tengan paciencia, lo vamos a encontrar”.

La incertidumbre se apodera de todos los familiares del desaparecido. Confían en la teoría policial pero el miedo los asfixia. Durante casi cuatro horas las llamadas de los delincuentes se repiten cada 10 ó 15 minutos. Quieren saber cuánto dinero han reunido.

“Júntanos por lo pronto 50 mil pesos para dentro de media hora o te lo vamos a enviar en pedacitos” advierte el extorsionador para infundir más miedo a la familia.

Mientras eso ocurre, decenas de Policías recorren los hoteles, hospitales, iglesias y tiendas comerciales de la ciudad.

“En algún lugar de esos está el muchacho. Solo hay que encontrarlo. Es cuestión de paciencia”, dice a la familia el jefe de grupo encargado de la investigación.

Y efectivamente, cuatro horas después, el “secuestrado” fue localizado en la habitación de un hotel. Estaba tan manipulado psicológicamente que no quería dejar el lugar hasta que recibiera instrucciones de quienes lo tenían amenazado. Finalmente accedió.

Ya convencido de que lo habían engañado, narró los hechos: Lo habían intimidado por celular acusándolo de pertenecer a la delincuencia organizada, y lo instruyeron para que rentara un cuarto mientras lo investigaban y en tanto una licenciada lo visitaba para revisar su teléfono.

“Si comprobamos que estás limpio vas a poder hacer tu vida normal” le advirtieron luego de exigirle números telefónicos de toda su familia.

Le ordenaron comprar un chip nuevo para su celular y esperar las instrucciones.

“Ponte a ver televisión. No te desesperes” le recomendaron.

Mientras eso ocurría, los extorsionadores trabajaban desesperados para convencer a la familia de que pagara el “rescate”. Al final se fueron con las manos vacías. La Policía les ganó la maniobra.

Historias como estas se han vuelto una constante en las últimas semanas. La Policía los identifica como “secuestros psicológicos” porque la única arma que usan los maleantes es el miedo que infunden a sus víctimas.

Lamentablemente en un alto porcentaje de casos las víctimas caen en el engaño. Primero pagan lo que les exigen y luego acuden ante las autoridades para pedir ayuda.

Hay quienes han depositado hasta 500 mil pesos, pero muchos han pagado 50 mil, 100 mil ó 200 mil pesos, solo para después darse cuenta de que los engañaron.

Si usted se ve envuelto en una historia similar, razone bien antes de hacer cualquier depósito. Confíe en la Unidad Antisecuestros de la PGJE.

ASI ANDAN LAS COSAS.

roger_rogelio@hotmail.com

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