Por: Luis Lauro Carrillo30/04/2013 | Actualizada a las 09:14h
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Mientras
los índices regionales de pobreza muestran el deterioro en la vida de los
latinoamericanos, México proyecta las paupérrimas condiciones de marginación en
las que sobrevive más de la mitad de su población, según las cifras oficiales.
De igual manera ladistribuciónde
la riqueza en México revela una gran contradicción. Por un lado, el país tiene
a 11 de los hombres más ricos del mundo y por otro, a más de 50 millones de
personas en pobreza.
Viene a cuento todo
lo anterior por el programa de combate a la pobreza
del presidente Enrique Peña Nieto, que como sus antecesores, lo colocó como eje
fundamental de su gobierno, mediante la
política pública “Cruzada contra el Hambre”, cuestionada por asistencialista y electorera, verbigraciacaso Veracruz.
Huelga decir que este programa consta de dos fases: una primera denominada remedial
para resolver las carencias inmediatas y la segunda mediante actividades
productivas y de acceso a servicios y bienes, oportunidades de empleo,
educación, mercado, que generen las condiciones para que los pobres salgan
definitivamente de la pobreza.
Como podrá verse la
Cruzada contra el hambre suena maravillosa, salvo un pequeño detalle, ya que repite
las políticas asistencialistas implementadas en sexenios anteriores, desde
repartir despensas hasta dinero en efectivo, sin faltar las ayudas para la
producción.
Sin embargo a pesar de los enormes
recursos invertidos por los gobiernos, los pobres están ahí, siguen aumentando geométricamente y un buen porcentaje de esos viven en
pobreza extrema, donde millones de compatriotas siguen padeciendo hambre y muchas
otras carencias.
De ahí surge la pregunta ¿A qué obedece la pobreza? La respuesta de entrada sería a la falta de dinero,
para adquirir los bienes y servicios. Pero principalmente por el resultado de
la estructura capitalista de dominación, explotación y exclusión, donde los conceptos de pobreza y desigualdad están
inseparablemente ligados.
Tengamos presente
que en México el combate a la pobreza ha fracasado porque la política social no
ha tenido un desarrollo incesante permanece anquilosada, pues pasan los años y
cambian los gobiernos y se transforman los paradigmas de la acción social, pero
para los mexicanos las políticas públicas en esta materia continúan siendo las
mismas.
Por otro lado se
afirma que los programas para combatir la pobreza en el país, sólo sirven de
pretexto o excusa para darle empleos y ocupación a pobretologos, legisladores y
burócratas, para formar y sostener ONG y de paso conseguirles recursos
nacionales e internacionales. Ellos en los hechos absorben más recursos que los
que se le asignan a la población marginal.
Así
pues tienen razón quienes afirman que el combate a la pobreza no es por la
justicia social, sino por razones político-electorales, pues no existe voluntad
política para resolver la pobreza, sino solamente
una fachada para mantener la estabilidad política y la gobernabilidad; por
razones económicas para el consumo de bienes y razones estéticas porque la pobreza se ve muy fea.
En otras palabras la
sobrevivencia del sistema político.
Ahora bien, desde la
óptica de la caridad, se
entiende que las medidas sociales que se formulan para mitigar la pobreza,
tienen un carácter
asistencial-integrador. Por su naturaleza, aunque vengan disfrazadas por
consideraciones de carácter compasivo-humanitario, están vinculadas a la
función legitimadora de la organización social y de los poderes públicos.
En el mismo orden de
ideas, tal parece que los programas 65 y mas, pensión a adultos y otros son una
mala copia de la Renta básica, propuesta por Jan Timbergen en 1953 y Jacques
Duboin en 1960, como alternativa al desempleo, cuando empezaron a notarse
significativamente los efectos del paro estructural producido por los cambios
tecnológicos.
Es así que a la Renta Básica también se le conoce como ingreso garantizado, ingreso básico, salario
social, dividendo social o subsidio universal.
En definitiva la cruzada contra el
hambre, para aquellos mexicanos que reciban este apoyo gubernamental, aliviara o
mitigara su situación al menos por un tiempo. Se prevé que en México la
pobreza y la indigencia a nivel nacional aumenten y por tanto el objetivo de
terminar con la pobreza extrema en nuestro país, e incluso con el hambre,
parece una misión imposible.
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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