Por: Ricardo Hernández 29/04/2013 | Actualizada a las 10:14h
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Amigo
mío, no me a ser posible verte pronto, por eso te escribo en este delicado
momento.
Sí. Desde ayer por la noche traigo calentura; me duele la cabeza y el cuerpo:
tiemblo. No he encontrado ninguna motivación para escribir mis relatos. Hice el
intento, pero, me gana la calentura. La única fuerza que he sacado, es para
escribirte. Hace frío. Me he hundido bajo las cobijas en más de dos ocasiones; el
dolor de cabeza se intensifica.
Para olvidarme de este estado comatoso, yo mismo me he regañado porque debo
escribir a pesar de la enfermedad. Amigo, los ojos me duelen profundamente; siento como si estuviera ardiendo dentro de mí.
Imagino que cuando leas estas líneas te preguntarás: “¿y por qué no fue al
doctor?” Dejémoslo así. ¿Quieres? Esta vez no quiero que vengas a verme. No
necesito de compasiones; de nadie. Ni siquiera del mismo frío.
Si en algo te ofende lo que voy a
explicar, por favor, no hagas caso; discúlpame,la calentura sigue su proceso y comienzo a delirar. Siento debilitarme
poco a poco.
Amigo, la vez pasada me hiciste la observación de que soy muy egoísta. No sé cómo
explicarte lo mal que me he sentido
desde entonces. Quizá,por eso no deseo
verte de momento. Llegué a creer que todo, en nuestra amistad, marchaba
perfecto. No voy a tomarme días en reflexionar lo sucedido. Te daré la razón.
Procuraré cambiar en los puntos que señalaste, aunque, te diré, que no es eso,
lo que esencialmenteme preocupa.
¿Recuerdas aquella vez, mientras nos tomábamos un café, te dije que escribiría hasta que me sangraran
los dedos, te acuerdas de eso?
Entonces, ya podrás imaginar la respuesta: aun no sangran. ¿No crees que deba estar enojado
conmigo mismo?, entonces, ¿cuál fue la idea de todo esto? ¿No era, acaso,
escribir, escribir y escribir? Poder hacerlo se convierte siempre en un placer,
pero me molesta hacer pausas: ¡qué coraje!
Los escritores Martin Alonso y Vivaldi, hablan en sus libros de un plan de
trabajo; estoy tratando de entender eso, incluso, he sacado algunos apuntes, los
cuales he escrito en hojas tamaño carta, y pegado apropósito, sobre la puerta
del refrigerador. De seguir bien en este camino, quiero darme el lujo de
escribirmás a menudo.
¿Sabes? Creo estarme reanimando, tal vez
sea por el coraje que ahora mismo hago. El dolor de cabeza sigue intenso. El
cuerpo lo siento muy tibio y mis ojos lánguidos. No voy a tomarme ninguna pastilla (tampoco
lo aconsejo). Lo más probable es que, a media noche, la calentura interrumpa mi
sueño.
Pensé en que no iba poder escribirte nada, sin embargo, lo estoy consiguiendo. Sé
que debo empujar más duro, en mis
relatos. ¿Sabes? Nunca había tenido tantas ilusiones como ahora: es una
sensación agradable, reprocharme.
A fuera está lloviendo, ¿sabes?, ¡imagínate y yo con calentura! Las gotas caen
de repente en cascada, sobre el techo de lámina de mi cuarto, después, todo se
reduce a un silencio fúnebre.
¿Sabes?, amigo mío, que entre más le hago caso a la fiebre, más me da, hasta el
resuello de mi boca es caliente;los
párpados están irritados.
Hace un par de minutos dejé de escribir, ya que comencé a temblar. Tras
hundirme nuevamente bajo las cobijas, me quedé inmediatamente dormido. Al despertar,
se oía, a fuera, el tintineo de gotas que caíanmelancólicamente sobre una vasija de metal. Casi
oscurece, ¿sabes? Ha dejado de llover. Me pregunto si permanecerá húmeda la
noche, de ser así, sólo espero que disminuya la fiebre.
Siento un grato placer haber podido escribirte estas afiebradas palabras. Te
dejo porque tal vez te estoy escribiendo puros disparates, aparte porque nuevamente
comienzo a temblar.
Hasta pronto. Un abrazo.
Tu amigo. R.H.
Ricardo Hernández Hernández
Poeta y columnista
Colaborador del portal:” Hoy Tamaulipas” hasta la fecha.
Actualmente estoy cursando un “Diplomado en Creación literaria” en la Biblioteca del Centro Cultural Tamaulipas, con el maestro José Luis Velarde.
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