Por: Javier Rosales Ortiz25/04/2013 | Actualizada a las 09:47h
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RELATO 1.-Sus días de gloria, de odas, de alabanzas
exageradas, de caravanas, terminaron, por eso ella hoy deambula por la calle
con la mirada extraviada y con un semblante muy distinto al que imponía, que
producía miedo en el medio educativo de Tamaulipas.
De su altivez, de su rostro duro y desafiante, de su
potente voz y de su peculiar estilo de vestir, nada queda, se perdió. Hoy se le ve sola, con un caminar que le pesa y como que
añora los empujones desesperados que los maestros se daban para alcanzar su
mano y, si bien les iba, para abrazarla con hipocresía. Hoy pasa al lado de ellos, de los mentores, y nadie la
saluda, la esquivan, le sacan la vuelta y, eso, como que la hace sentir fatal. En la Secretaria de Educación de Tamaulipas todos le
temían, al grado de que su nombre se pronunciaba quedito, porque a la señora le
molestaba escuchar gritos, por ello sus detractores la ponían a prueba con
sendas manifestaciones de protesta a unos pasos de su oficina para que se
alineara, para que cesara de hacer daño. Esas acciones de repudio eran frecuentes y ruidosas y las
protagonizaban los maestros de todos los puntos de Tamaulipas que la acusaban
de déspota, de antipática, de retener pagos y de favorecer a sus familiares y
amigos desde el puesto que ostentó como Coordinadora Estatal de Secundarias
Técnicas. Pero ella estaba fabricada con hierro y se daba hasta el
lujo de declarar a la prensa que dormía tranquila, que no tenía pesadillas y
que si alguien gritaba su nombre estaba en todo su derecho. Pero cambia, todo cambia, como bien dice la melodía que
interpreta Guadalupe Pineda, y hoy me sorprendo al verla así, sin ese garbo,
sin esa sonrisa pícara y burlona que exhibía, sin esos clásicos vestidos de
valet folclórico y sin su bien elaborado arreglo de flores que lucía a diario sobre
su pelo, que la hacía parecer macetero de mercadillo europeo. Pero no, hoy la ví y tenía un rostro ajeno, porque su
cabellera se le ve descuidada y su ropa, que ya es distinta a los tiempos de
antaño, se nota que no ha pasado por la mano de la tintorería. Ya no es la mujer exótica que conocí, que buscaba regalar
su mejor ángulo para las cámaras de televisión y de fotografía y, eso, extraña.
Y es que Mireya Berenice Orozco Nava, está ahora sin
chamba, tal vez por eso se le ve con frecuencia ingresar a las oficinas de Don
Egidio Torre López, allá por el centro de Ciudad Victoria, a quién es casi
seguro que le pidió que le tienda la mano al pasar. Si me permite, Don Egidio, le aconsejo que cuente hasta
diez antes de ceder, porque el historial de Mireya es basto, rico en
incidentes, en escándalos y es una mujer a la que se le veneró bajo la
simulación en su paso por el sector educativo. Si desconfía ingrese Usted al Internet y escriba ese
nombre. Y descubrirá que el navegador, me concede la razón. RELATO 2.- Apenas posó un pie en la Delegación y los
trabajadores pasaron saliva, lo miraron con recelo y en unos días quedaron
hartos de su presencia. El antecedente que los empleados conservaban de él era
que como diputado del Verde Ecologista que fue su comportamiento siempre era el
de un hombre recto, atento y respetuoso, pero pronto se resbaló la venda de sus
ojos y hoy realizan su labor con temor he incomodidad. Dicen, ellos, que desde que arribó se ha dedicado a la
grilla, a escudriñar entre los rincones de la delegación para que salte algún
billetillo, a tratar como soldado raso a los trabajadores y ha hacer promesas
que en poco tiempo las arrastra la más leve ventisca. En síntesis, la mayoría de los empleados de Jesús
González Macias, Delegado Federal de la SEMARNAT en Tamaulipas, están
inconformes y a punto de armarle una revuelta para que se eduque. Y es que no lo quieren y ya hasta aborrecen al famoso,
dicharachero y bonachón “Gordo”, quién entretenía a la presa con sus
ocurrencias en el Congreso local. Unos, dicen que el poder ya lo enloqueció. Otros, que solo se mareó porque tiene padrino. Lo cierto es que todos coinciden. En que él está, insoportable. Correo electrónico: javo-ortiz@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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