Por: Melitón Guevara Castillo23/04/2013 | Actualizada a las 17:33h
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En la democracia han fallado los partidos
políticos como los órganos electorales. Han sido incapaces de impulsar, de
promover, de consolidar la participación ciudadana. Si no fuera así, el número
y porcentaje de votos se hubiera disparada, se hubiera incrementado
notablemente, a partir del momento en que se crean condiciones para evitar la
“cultura del fraude”.
¿Qué sucede en la práctica? Sucede que una característica ya persistente de los
mexicanos es no participar en política ni en las instancias que le son
proporcionadas. Tengo la impresión de que, a final de cuentas, el mensaje que
ha enviado y sigue enviando el órgano electoral no ha sido suficiente para
revertir la condición de pasividad, de indiferencia, de irresponsabilidad cívica
de buen número de mexicanos.
Ante la proximidad de las elecciones tamaulipecas escuchamos, por ejemplo, el
spot que invita a ser observador ciudadano. Persistente que, cuentan algunos,
ya hasta cae mal; de tanto verlo en la tele y escucharlo en la radio. Pero
además, hace días, un funcionario del IETAM hizo notar que las solicitudes para
ser observador, no llegaban y hasta anuncio que iría a universidades,
sindicatos y grupos empresariales. ¡A invitarlos personalmente!
Y antes, el mensaje del órgano electoral, de que ya no hay fraude por los múltiples
candados tampoco funciono: hay credencial de elector (infalsificable, dicen),
padrón electoral con foto, funcionarios de casilla insaculados… hasta
financiamiento público a los partidos políticos. Y aun con todo y eso, la respuesta
ha sido la misma: no se incrementa el porcentaje de participación ciudadana en
las urnas.
Los hechos, tengo la impresión, que le dan certeza a la afirmación de Manuel
Castells en “Comunicación y poder”: que el mensaje no tiene efectividad porque
el receptor no tiene disposición de escucharlo, menos de hacerle caso. No le
interesa, a la gente que no vota, vincularse a procesos democráticos; y en esa
indiferencia, de todos modos, su actitud tiene un impacto en la toma de
decisiones… una minoría nombra al Presidente de la Republica, al Gobernador y
al alcalde.
¿Por qué el ciudadano no tiene interés en la práctica democrática? Lo vemos en
diversos hechos: unos tramitan su credencial y luego no la recogen, por eso las
destruyen; otros, ni siquiera hacen el trámite. Pero, además, elección tras
elección, el órgano electoral tiene problemas para integrar a los funcionarios
de casilla, porque unos no quieren y otros renuncian. No hay, pues, una
identificación del ciudadano con las prácticas democráticas.
Que esto suceda no es culpa, obvio, ni de Arturo de León Loredo del IFE ni de
Jorge Luis Navarro Cantu, las máximas autoridades ejecutivas en cuestiones
electorales en la entidad.
El problema es de la construcción del mensaje; encontrar las palabras justas,
las imágenes precisas, de tal manera que impacten, que calen y convenzan al
ciudadano de participar, de ser constructor de la democracia.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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