Grave, muy grave resulta el hecho de saber que en sitios como Tepito, aquel populoso barrio del Distrito Federal se pueden adquirir todo tipo de bases de datos...
Por: Carlos Santamaría Ochoa21/04/2010 | Actualizada a las 15:28h
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Grave, muy grave resulta el hecho de saber que en sitios
como Tepito, aquel populoso barrio del Distrito Federal se pueden adquirir todo
tipo de bases de datos, desde las del INEGI, bancarias y de toda índole. Lo
anterior nos hace dudar en manos de quienes estamos.
Sabemos que hay dependencias que tienen entre sus deberes
el manejo de datos ciudadanos; de hecho, la mayoría lo hace: ya vemos en
oficinas que se encargan de aspectos agropecuarios que tienen censos de los
campesinos, ganaderos, ejidatarios y gente que vive del campo, y esa
información se emplea para determinar los apoyos, aunque, a ciencia cierta, se
hace para lograr beneficios grupales, “familiares”, entendiendo como “familia”
al grupo de delincuentes que siguen una causa común y tienen como líder a un
sinvergüenza común.
Y eso lo vemos, por ejemplo, en las listas de
beneficiarios del PROCAMPO, donde hay gente con situación económica bastante
holgada que recibe subsidios, préstamos y otros beneficios, dejando a un lado a
los que verdaderamente necesitan de la ayuda oficial. Vimos nombres de distinguidos mexicanos en estas listas,
y nadie se ocupó por meterlos a la cárcel o hacer justicia. Todo son
simulaciones, sin duda alguna.
Luego, le habrá sucedido a usted que hablan de bancos y
negocios a su hogar, con toda la información disponible: nombre, domicilio,
zona postal y todo lo que pueda hacer falta.
Resulta impresionante ver que toda la información posible
está a disposición de quien desee pagarla: reportes bancarios, fiscales,
administrativos y hasta clínicos: todo se consigue en Tepito o por la Internet
como ha consignado un diario de circulación nacional, al desenmascarar lo que
todos sabemos… menos la autoridad que no ha podido ver lo que todos vemos.
Esto último todavía lastima más: todos vemos cuando se
roba y la autoridad no hace nada porque no hay denuncia; vemos cuando matan,
pero no se hace nada porque es de otro “fuero”; vemos también como se abusa de
la gente, pero la autoridad dice desconocer las causas y consecuencias;
también, observamos todos los días la manera insultante en que se enriquecen
algunos ladrones, y nadie hace nada porque la contraloría no ha recibido
quejas.
Un ejemplo claro lo tenemos con el señor de Reynosa de
apellido García Cabeza de Vaca, a quien la ley le ha hecho exactamente lo que
el viento a Juárez, porque tiene quien le apoye y hoy por hoy, porque tiene
fuero que, al acabársele, seguramente tendrá otra argucia para evitar ser
castigado por sus delitos.
¿Qué se puede hacer?.
Esta es una de las muchas razones por las que millones de
mexicanos se han resistido a registrar sus líneas celulares: no faltará dentro
de muy poco tiempo que haya un robo, un fraude o un asesinato y nos llamen y
quieran endilgar el ilícito, con datos emanados de una base de datos de esas que
cuestan desde 500 pesitos hasta unos cuantos miles, nada, en comparación con
los beneficios fraudulentos que les podremos sacar.
Los mexicanos tenemos miedo, desconfianza, temor de que
nuestros datos sean utilizados para jorobarnos más de lo que ya estamos.
Tenemos miedo de dar todos nuestros datos generales, porque en seguida podemos
hasta ser secuestrados, ya que tendrán información de cuando salimos de casa,
cuánto tiempo, a qué hora regresamos, el nombre de los hijos e hijas y horario
de trabajo. Poco falta, la verdad, para que nos tengan perfectamente
fiscalizados.
Pareciera una película de ciencia ficción, como la que
protagonizó la Bullock, aquella hermosa mujer a quien roban su identidad entre
otras cosas, y que se llamaba “La Red”.
A la bella mujer le roban su identidad y la meten en una
serie de conflictos que poco tienen de diferencia con lo que acontece en
nuestro país. Pareciera mentira que es más fácil encontrar este tipo de
“realidad-ficción” en México que en los Estados Unidos, donde la tecnología la
verdad ha sido muy interesante.
Y sucede que los registros son cada vez menos confiables.
Hoy, todos tenemos miedo de dar a conocer siquiera si nos
ganamos una rifa en la primaria de los hijos, porque podemos ser sujetos a
fiscalizaciones fuera de lugar o secuestros en el mejor de los casos.
La ciudadanía tiene miedo, pero lo más grave, es que el
miedo es hacia sus autoridades, las que deberían haber cuidado el contenido de
esas bases de datos para que no cayeran en manos criminales, como ha sucedido
hoy en día.
Nada de extrañarse. Es la forma en que los que nos
gobiernan en el país se manejan: siempre se han caracterizado por una política
derechista mal entendida que perjudica a los demás, por eso, vemos con gusto
que la tendencia nacional es dar la espalda a ese grupo de delincuentes y
entregar de nuevo el poder a quien sabe gobernar.
Deseamos de todo corazón que el pueblo vuelva a tener
confianza en sus gobernantes, que haya motivos más que suficientes para
sabernos gobernados por gente confiable. Lo bueno es que faltan menos de tres
años para ello.
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entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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