Por: Javier Rosales Ortiz17/04/2013 | Actualizada a las 13:33h
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Describirla
a ella, su belleza, sus ojazos verdes, lo que refleja su mirada y lo que a
diario platico con su corazón, imposible resulta resumirlo ni en millíneas. Me
remonto al primer día que la vi en la Unidad Tlatelolco con su
vestido largo azul de mezclilla y sus ojos verde intenso, como esos en los que
los poetas-cantantes como Alejandro Filio se inspiran para fabricar sus
melodías y para sacudir las vibras del cuerpo en una noche de bohemia. Desde que
se cruzo en el camino mi vida de errante tomo forma, sentido, orden, porque fue
ella quién dibujó con una acuarela la otra cara que yo no conocía, la de retar
al destino, la de asimilar que los años corren como el agua por el río y que
los errores se cargan como una pesada loza sobre la espalda. Son ya 33
años de compartir con ella un espacio, una risa y muchas lágrimas, toda una
vida que nos ha regalado premios inmerecidos, pero que también nos ha obligado
a beber tragos amargos que han dejado su huella y que aun ahora, estremecen. Es, ella,
una mujer ordenada, refinada, inteligente y propositiva, pero tal vez su mayor
cualidad es que la palabra solidaridad figura en la primera página de su
diccionario, por eso los amigos abundan y a los enemigos los desvanece rápido
como el calor de Ciudad Victoria a unanieve de limón. Por eso
me agrada que siga a mi lado, que me vean con ella tomados de la mano y que
juntos, a nuestro más de medio siglo de vida, se persista en arrancarle unos
pedacitos a la letra de un poema del uruguayo Mario Benedetti, cuando escribe:
“Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a
codo somos mucho más que dos”. Ella y yo
hemos estado rodeados de música y compartimos el gusto por los trovadores
latinoamericanos, esos que mueven, que agitan con cada palabra, que no dicen la
verdad a medias, esos que salen de lo común y que cantan casi en lo oscurito,
porque si les da la luz son peligrosos cuando despiertan conciencia. Yo y
ella, disfrutamos de los momentos en familia, de los amigos, de las sonrisas,
del calor, del frío y de las flores, de esos pequeños y grades obsequios que
nos dona a diario la vida y también la naturaleza, que es tan perfecta. Y los
dos, juntos, cada uno desde su lugar, hacemos algo, colaboramos, para que reine
la armonía, la amistad y que la paz aplaste a la guerra. Me
produce orgullo que me hablen de ella, de su don de gente, de su porte y de su
gran fortaleza y me satisface compartir sus momentos, sus tinos y desatinos,
sus virtudes y defectos, su alegría y su tristeza, en fin, que me permita
formar parte de su vida, Blanca,
mi esposa, cumple hoy años, y a su edad conserva ese gran corazón de
quinceañera que me sedujo, que me ganó, que me dejo sin palabras aquella noche
de verano. Gracias
por tu sonrisa, por haber estado conmigo en la enfermedad,en mis inmaduras travesuras y en mis
tropiezos, por los momentos que compartí con tu adorada familia que me brindó
abrigo en mis días de soledad y por elhijo que procreamos que hoy es un hombre de bien. Y a
ustedes, que se tomaron un minuto para leer estas líneas, perdón por abusar del
espacio y de su paciencia, pero mi esposa lo vale y merece este regalo, aunque
sea muy modesto. Felicidades
corazón. Siempre seguiré a tu lado. Correo
electrónico: javo-ortiz@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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