Llama la atención el hecho de que muchos de nuestros representantes populares ubicados en el Senado de la República no tienen ni la más pequeña idea...
Por: Carlos Santamaría Ochoa19/04/2010 | Actualizada a las 14:26h
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Llama la atención el hecho de que muchos de nuestros
representantes populares ubicados en el Senado de la República no tienen ni la
más pequeña idea de lo que significa una escuela oficial: seguramente
estuvieron siempre estudiando en colegios particulares que no tienen nada de
malo, simplemente que no son accesibles para la mayoría de la población.
Siempre hemos sido de la idea de que escuelas oficiales o
particulares no tienen absolutamente nada que ver con la calidad del ser
humano: lo mejor de cada quien se enseña y aprende por consecuencia, en el
hogar. Punto.
Nadie puede asegurar que un hijo es magnífico por haber
egresado, por ejemplo, del Tec de Monterrey o de la Ibero, cuando no nos
preocupamos nunca por su formación y está convertido en un “junior” prepotente,
abusivo y que no respeta la ley. También hay chicos egresados de esas
instituciones que son una maravilla de seres humanos, y aunado eso con su buena
preparación, se convierten en triunfadores.
A donde queremos llegar es que lo bueno –o malo- se
arpende en el hogar. Imagine el lector a esos individuos que comen sin emplear
adecuadamente los cubiertos, porque en casa les enseñaron a comer sin hábitos
sociales.
En el caso de los senadores, llama la atención lo que
afirman sobre la nueva ley “anti chatarra” que pretenden instrumentar en el
país.
Ernesto Saro Boardman, presidente de la comisión de salud
del Senado de la República, de extracción panista, se equivoca tajantemente al
afirmar que las cooperativas son concesiones para algunos que aprovechan para
enriquecerse.
Suponemos que Ernesto Saro nunca supo lo que fue una
escuela oficial, y nunca supo lo que se compra con las cooperativas: copias,
pago de cuentas de luz, teléfono y demás, que un gobierno como el que tenemos
actualmente no ha podido subsanar. Para nadie es un secreto que los gastos de
operación de las escuelas primarias salen de las asociaciones de padres de
familia, esas que el senador condena y descalifica sin un ápice de
conocimiento.
Lo único congruente que dijo en esta ocasión fue el
asegurar que un refresco no engorda, o una bolsa de papitas tampoco hace obeso
al niño, sino el hábito, la costumbre. Afirmaba: “un refresco no es dañino,
pero si te tomas seis al día, hay que ver el daño que hace a la salud”.
Hay que darle el mérito de haber emitido una frase
congruente y veraz.
Haciendo eco de la preocupación de los padres –que nunca
asisten a las juntas-, de los diputados, senadores y servidores que han
condenado la función de las cooperativas, la que pertenece a la escuela
primaria “Profesor Lauro Aguirre”, una de las mejores escuelas de Victoria y
sus alrededores ya tomó una decisión, pero desgraciadamente, no ha fructificado
como todos quisiéramos.
Para esa semana iniciaron con la venta de galletas de
avena e integrales: algunas, industrializadas y otras no tanto, así como otros
productos más nutritivos, y cuál sería la sorpresa que los chicos no las
adquirieron: seguían preguntando por las flautas, gorditas, tacos y demás.
Lo que hemos enseñado a ellos a comer en casa, y ahí no
podemos decir que no. ¿O acaso usted propicia la galleta integral en lugar de
un Paquetín?.
Por su parte, el secretario de educación a nivel nacional
Alonso Lujambio Irazábal dijo que si en las escuelas se dan medidas adecuadas
como comida sana y ejercicio adecuado, “la medida no funcionará si la práctica
muere en casa”.
Cuánta realidad tienen sus palabras, y luego, afirma que
sería muy penoso que lo que se hace en la escuela se deshaga en la calle o lo
deshaga la familia, lo que hace importante que se dé un proceso de
acompañamiento, o sea, que todos colaboremos.
¿Qué sigue? Lo que hacen todos los gobiernos federales:
instalar una comisión de seguimiento al problema de la obesidad, a la nutrición
y al ejercicio; nombrar a los coordinadores, asesores, expertos,
administrativos y demás, es decir, crear un ente burocrático que haga los
estudios pertinentes, y dentro de unos 3 o 4 años, nos van a descubrir una gran
verdad: “estamos gordos porque comemos mal y no hacemos ejercicio”.
Entonces, propondrán la creación de una nueva ley, que
será discutida en el Congreso y el Senado, pero con el criterio que prevalece,
es decir, de acuerdo a intereses de cada bancada, por partidos, pues, y no a
favor de la población.
Y cuando usted o yo podamos dar cuenta de la aplicación
de estas leyes, seguramente nuestros hijos estarán casados y con hijos, y
nosotros, en una silla de ruedas, dependiendo de los que nos cuidan por no
haber observado una vida con ejercicio y alimentación adecuada, nos
lamentaremos por no haber escuchado antes una verdad que todos conocíamos… pero
nos negamos a aceptar.
Como dijera el inolvidable Héctor Suárez: “no nos
hagamos, hay que tomar las medidas, apoyar a las autoridades, apoyar
incondicionalmente a quienes están en las cooperativas, pero sobre todo, educar
bien a nuestros hijos, porque todo dependerá de lo que les podamos inculcar.
¿No lo cree así?.
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entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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