El patrullaje que las fuerzas armadas de México realizan cotidianamente en todo el país, ha generado cualquier cantidad de críticas...
Por: Juan Sánchez-Mendoza14/04/2010 | Actualizada a las 22:43h
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Se critica,
pero es necesario para procurar seguridad El gobernador
encuentra respuesta en general militar Por la
inseguridad se haría bien en cancelar eventos El Tío Sam
querría imponer criterios intervencionistas El patrullaje que
las fuerzas armadas de México realizan cotidianamente en todo el país, ha
generado cualquier cantidad de críticas, cierto; pero su presencia mucho
contribuye a diezmar a la delincuencia organizada que en su disputa territorial
no sólo lastima a nuestra sociedad, sino que la mantiene aterrorizada.
Ignoro, como
cualquier otro mortal que pueble Tamaulipas, hasta dónde pueda llegar esta
guerra ajena a la sociedad, aunque sí me queda en claro que sin la presencia
castrense difícilmente habría otra opción para enfrentar el flagelo.
Usted seguramente
ha vivido en carne propia, escuchado pláticas de amigos y/o familiares; se ha
enterado al través de los medios de comunicación masiva –impresos,
audiovisuales o electrónicos--, o quizá por rumores, acerca de esta patética
situación, que los más optamos en callar porque estamos convencidos de que en
boca cerrada no entran moscas.
Y le doy la
razón. Pero también creo pertinente reconocer que los militares, fieles a su
misión –consagrada en el primer artículo de la Ley Orgánica del Ejército y
Fuerza Aérea Mexicanos--, hoy están en la calle para defender la integridad, la
independencia y la soberanía del país, así como para garantizar la seguridad
interior que tanto es agraviada por grupos delictivos.
Surge la
referencia porque ayer, precisamente, el gobernador Eugenio Hernández Flores
sostuvo en la Ciudad de México un encuentro con el general Guillermo Galván
Galván –titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (SeDeNa)--, donde ambos
refrendaron el compromiso de redoblar esfuerzos y recursos humanos y materiales
en la lucha que se libra contra la delincuencia organizada en territorio
tamaulipeco. Mandatario
incisivo No es ésta la
primera ocasión en que el jefe del Ejecutivo estatal pide apoyo al Gobierno
Federal para que en Tamaulipas haya mayor y mejor presencia militar, pues él
sabe que sin la ayuda castrense sería más dificultoso resolver el problema.
Antes, como bien
lo consignan los archivos periodísticos, solicitó esa ayuda al señor de Los
Pinos, Felipe Calderón Hinojosa; y en su oportunidad al secretario de
Gobernación, Fernando Gómez-Mont Urueta.
De ahí su
reconocimiento a las fuerzas armadas, en este sentido:
“En la lucha
contra la delincuencia organizada, el Ejército Mexicano ha sido y es un gran
baluarte que la sociedad tamaulipeca reconoce y respeta por velar por la
tranquilidad y seguridad de sus bienes e integridad física”.
También reiteró
su beneplácito por los operativos emprendidos por el Ejército Mexicano y
la Armada de México con decomiso de armas, drogas y recursos financieros de los
grupos criminales, ya que, dijo, “este esfuerzo tiene como propósito
fundamental recuperar el orden y la paz; y lograr que la tranquilidad regrese a
las familias tamaulipecas”, recordando que los operativos de la SeDeNa --con la
participación de las diversas corporaciones policiales de los tres órdenes de
gobierno--, han concluido en severos golpes a quienes pretenden desestabilizar
el Estado de Derecho en Tamaulipas.
Y refrendó: “el
balance que se tiene hasta la fecha en Tamaulipas, a partir de la suma de esfuerzos
por parte de las fuerzas armadas de México, es más que fructífero”. Eventos estériles La actitud que
Eugenio Hernández Flores asume ante la problemática que hoy más preocupa a la
sociedad civil –y habla de su sensatez y prudencia, tanto de su madurez
administrativa y oficio político--, me lleva a suponer que está dispuesto a
cancelar eventos ociosos y estériles, a menos donde se presume su
participación, como la cabalgata fronteriza y el recorrido de 500 kilómetros en
cuatrimotos.
Por tanto,
no le extrañe a Usted si en lo sucesivo el Gobernador privilegia encuentros
acerca de la seguridad pública del estado y desdeña involucrarse en otros que
nada tienen qué ver con este tema. Excesos de los
gringos La Drug
Enforcement Administration (DEA), otra vez, pretende imponer en México sus
propias reglas.
Esto en cuanto al
combate al narcotráfico se refiere.
Y en esta
ocasión, igual que siempre –aunque jamás se ha cumplido a cabalidad ese proyecto--,
el procurador general de la República, Arturo Chávez Chávez, está obligado a no
caer en el garlito y dejar en claro que la lucha contra el tráfico de drogas,
aquí en nuestro país, va en serio, aun sin la tutelaje de la DEA.
Los
acontecimientos más recientes, ocurridos en tierra cueruda, donde el Ejército
Mexicano ha sido más eficaz en los operativos que inicialmente llevó a cabo la
Policía Federal Preventiva (PFP), que comanda Genaro García Luna, así lo
demuestran, puesto que no llevaron en sus filas a ningún agente de la DEA de la
Unión Americana.
Quizá por ello el
zar antidrogas estadounidense insista en la extradición de capos –porque sólo
así, ha dicho, se lograría el desmantelamiento de los cárteles--; en que se
permita a los agentes encubiertos de la DEA andar armados en todo el territorio
nacional; en ser la Unión Americana quien defina las directrices para el
fortalecimiento de la lucha bilateral contra el narcotráfico; y en que
mensualmente la PGR informe a la DEA sobre el avance de sus investigaciones. Intromisión En las últimas
fechas el gobierno del Tío Sam ha presionado a las autoridades de la
Procuraduría General de la República, con el cuento de la certificación, que,
en el fondo, sólo contempla beneficiar a la Drug Enforcement Administration, o
la legal incursión en México de sus agentes federales.
Así:
Logrando el
beneplácito del régimen federal para duplicar su número de agentes que operan a
lo largo y ancho del país; y
Hacer que sus
agentes encubiertos porten armas y se muevan con toda impunidad en nuestra
tierra, sin que los acompañe ningún efectivo de la Agencia Federal de
Investigaciones (AFI). Por ello ofrezco
un recuento de las actividades de la DEA en México, hasta donde me han
informado:
Actualmente
operan 52 efectivos, distribuidos en Sonora (cinco agentes), Sinaloa (cinco
agentes), Jalisco (cinco agentes), Nuevo León (cinco agentes administrativos),
Distrito Federal (17 agentes y 12 técnicos administrativos), y Mérida (cinco
agentes); Les está permitido el desarrollo e intercambio
de información, apoyo técnico y capacitación; Su estadía es
temporal; se les otorga visa por 18 meses y tienen opción a la prórroga; Se les privilegia con impunidad diplomática; y Tienen las
siguientes limitaciones: 1) La Embajada de los Estados Unidos en México está
obligada a emitir un informe mensual sobre las actividades de la DEA, que debe
entregarse al gobierno mexicano a través de la Secretaría de Relaciones
Exteriores (SER); 2) No pueden portar armas en territorio nacional; y 3) En sus
actividades siempre deben estar acompañados de un efectivo de la AFI.
No obstante, la
DEA tiene como objetivos lograr inmunidad para que sus agentes operen en todo
el territorio nacional sin la necesidad de un acompañante; la portación de armas
de fuego de todos los calibres; duplicar el número de sus elementos en México;
permiso para aprehender delincuentes en nuestras tierras; y el acceso a los
archivos de la AFI, la PFP y de otras corporaciones policíacas. Reconciliación Según un alto
funcionario de la PGR, la DEA demuestra confianza y nivel de cooperación con
Estados Unidos para combatir el narcotráfico.
Cosa que podría
ser tan falsa como las múltiples promesas de Felipe Calderón Hinojosa, ya que
las relaciones entre ambas instituciones son harto ríspidas.
Esto lo sabemos
aquí y también lo saben allende el río Bravo, donde el zar antidrogas ha
vociferado que la corrupción es aún un gran obstáculo para combatir el
narcotráfico en México. Por tanto, nada
bueno se puede esperar de los vecinos del norte. E-m@il golpeagolpe@prodigy.net.mx jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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