Por: Clara García15/03/2013 | Actualizada a las 10:41h
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“Percibir no es comprender” dice Collingwood en
su libro “Idea de la Historia” y la semana pasada todos percibimos que en el
Día Internacional de la Mujer nos debíamos poner a tono para “celebrar” a las
mujeres, tornándose más para la foto que para la reflexión.
Los gobiernos en México, sin importar partido o ámbito (federal, estatal o
municipal) han convertido ese día en uno más para calendarizar en el gasto de
protocolos, con el propósito de beneficiar a muchas empresas cercanas a sus
afectos. Carpas, sillas, ambigús, flores, obsequios, discursos por aquí y
discursos por allá.
Pero al final del día, la vida sigue su curso, todos en sus roles, cumpliendo
con su misión histórica. Las aburridas y cómodas empleadas que cumplen labores
sin importancia, tuvieron por lo menos un día de pasarela, donde todos las
felicitaron por las mujeres que lucharon y fueron reprimidas al buscar mejorar
condiciones laborales así como el derecho al voto.
Pero ¿a quién le importa esto?, sin duda, es más grato que las vacías figuras
de televisión salgan de la pantalla y ante grandes auditorios de mujeres que
las escuchan en vivo, hablen de cosas sin importancia. Solo así se logra
percibir el gran ánimo de “celebrar” a las mujeres, porque poco importa
comprender su realidad.
Convocarlas en multitud para que escuchen a las mujeres fuertes de la banalidad
y las manualidades, es garantizar la estabilidad de los roles que aún en los
niveles profesionales se dan inequitativamente. Es cerrar las puertas a la
acción reflexiva de las mujeres, es negarles la oportunidad de crítica, inhibir
la conciencia de género.
Al siguiente día todo fue igual o peor, porque como fue sábado muchas tuvieron
que encargarse de las labores del hogar más que del descanso. El Instituto de
la Mujer continuó con sus puertas cerradas, la equidad siguió ausente en todos
los niveles del gobierno y nada cambió en el entorno.
Una mala copia de Elba Esther cumplirá con la cuota de género en las
candidaturas para diputados locales, no hay más por ahora. Lo verdaderamente
importante es que todo parezca que cambia para que todo siga igual. La cosificación
de la mujer como objeto de consumo, es una labor que importa también en los
ámbitos gubernamentales en la loca carrera de alcanzar los estándares mundiales
que el neoliberalismo exige.
¿Para qué pensar?, ¿para qué comprender?, si el conocimiento no es necesario en
un mundo donde la percepción, la apariencia, la simulación son lo esencial.
Ahora, solo nos queda para honrar la memoria de todas las mujeres que nos
antecedieron en la lucha por el sufragio, los derechos laborales y la equidad,
intentar comprender la intención mezquina de los gobiernos cuando “festejan” a
las mujeres en su día.