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Sección: Editoriales / Desde esta esquina

Represión y sumisión

Por: Melitón Guevara Castillo 03/03/2013 | Actualizada a las 17:36h
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La caída de Elba Esther Gordillo Morales, de su pedestal de poderosa lideresa sindical, tiene muchas lecturas, pero también nos lleva a reflexionar sobre la condición de los mexicanos en cuestiones de participación política. Quizá sea, además, la oportunidad de recordar las reflexiones que se hacen sobre la psicología del mexicano.
 
Elba Esther fue fruto de un sistema político cuya característica principal es la corrupción. La corrupción somos todos, decía el slogan de un candidato presidencial hace tiempo; pero a esa corrupción es necesario agregar un elemento más, visto en dos caras: la represión y la sumisión.
 
Líderes como Fidel Velázquez y Joaquín Hernández Galicia fincaron su imperio sindical en la represión: si no estás conmigo, estas en mi contra. Fidel en realidad no fue destruido, simplemente falleció, y la CTM ya no es nada, nada en el escenario sindical en México. Joaquín fue destruido por el Estado. Y Elba Esther llego al SNTE porque el Estado obligo a Carlos Jongitud Barrios a dejar su lugar, que fue ocupado por Elba Esther.
 
Por la represión es como los líderes sindicales se adueñan de todo, se convierten en dueños del Sindicato. Un ejemplo más, lo vemos con Francisco Juárez Hernández de los telefonistas. Hacen elecciones, se entiende que son libres –formalmente-, y siguen votando por ellos. No hay, no tienen oposición, precisamente por la “represión”, así, sin nadie que les dipute el liderazgo, nada impide que continúen en el mismo. Aquí, en Tamaulipas, un ejemplo es Blanca Valles, la lideresa de los burócratas estatales… lleva 20 años y va por una diputación.
 
¿Cómo explicarse que Edmundo García Román o Ángel Morales continúen como líderes cetemistas? Tres palabras lo explican todo: corrupción, represión y sumisión. Los mexicanos, como los tamaulipecos, tienen poco interés en participar en los asuntos de la comunidad; lo evidencian las encuestas de cultura política, donde más del 60% son indiferentes a lo que sucede a su alrededor… basta ver, incluso, lo que sucede con las votaciones: muy apenas se rebasa el 50% de participación, de votación pues.
 
La historia muestra que han caído poderosos líderes sindicales. Quizá el más sonado sea Joaquín Hernández Galicia, por como el Estado demostró su capacidad de ejercer la violencia política; con Carlos Jongitud Barrios simplemente se le puso el ejemplo de La Quina y prefirió “irse”. Ahora, el Estado muestra su poder en contra de, quizá, la más poderosa líder sindical. Da evidencia de que nadie, pero nadie, puede estar por encima de él.
 
La caída de Elba Esther fue decisión del Estado: para proteger las finanzas, los recursos económicos del sindicato. Pero todos,  bien que lo sabemos, fue una decisión política. Y el hecho de que el SNTE no haya, hasta la fecha, defendido airosamente a su otrora lideresa, es precisamente otro signo más de sumisión, porque bien que saben, con todo y que la sociedad vea bien la caída de Elba Esther, no deja de ser una represión del Estado.
Comentarios: meligue@prodigy.net.mx

Melitón Guevara Castillo.

Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).

Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).

Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.

Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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