Por: Melitón Guevara Castillo01/03/2013 | Actualizada a las 16:25h
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No puedo precisar en qué año, pero hace muchos, una y otra vez escuche
al inolvidable amigo Carlos Adrian Avilés, referirse al poema de Anamaria
Rabatte: “En vida, en vida hermano”. Y la ceremonia de graduación del Tecnológico
de Victoria me hizo recordar, tanto a Carlos como al poema, al escuchar las
palabras de Carlos Alberto Velázquez Casillas cuando agradece que la generación
lleve su nombre.
El Ingeniero Velázquez es ampliamente conocido en la zona centro de la capital
tamaulipeca: fue el Superintendente de la Comisión Federal de Electricidad, de
la cual ya es jubilado. Sus meritos para que la generación lleve su nombre, son
incuestionables y en la práctica sus ahijados lo único que hacen es reconocerle
su valía y experiencia como ingeniero, como profesor y amigo.
Sus palabras fueron muy emotivas. Recordó –con una que otra lagrima y voz
entrecortada-, el 1 de marzo falleció su padre en un accidente automovilístico;
que su padre, su madre y hermana, que ya están en el cielo, deben sentirse
orgullosos por el homenaje y reconocimiento que le hacen los jóvenes egresados
del Tecnológico. Por eso, le recomendó: “sean agradecidos y generosos con sus
padres, ellos se sacrificaron para que ustedes tuvieran una carrera
profesional”.
Efectivamente creo que es casi indescriptible narrar, reconstruir, las imágenes
que se ven al término de una ceremonia de graduación: las sonrisas de los
padres que, incluso, gritan emocionados cuando escuchan el nombre de su hijo al
recibir la constancia que lo acredita como nuevo profesional. Sonrisas y
alegría de los egresados; y los padres, en verdad, se hinchan de orgullo, de
satisfacción…porque el hijo (a) cierra un ciclo.
David Zepeda Sánchez, el director del Plantel, debe estar también orgulloso:
cumplió el rito de entregar, a la sociedad, una nueva generación de
profesionistas. El protocolo, el ritual, tuvo un ingrediente de emoción y
orgullo: hicieron que los alumnos de más alto promedio, los de excelencia pues,
recibieran sus diplomas acompañados de sus padres. No sé si lo hagan año tras
año, pero es una práctica que harían bien en copiarla las otras instituciones
educativas de nivel superior.
El homenaje a Carlos Velázquez marco una calidad humana de la generación de
nuevos profesionistas. Y sus consejos, espero que no caigan en el vació; los
consejos que nacen de la experiencia son valiosos, y les dijo: “… recuerden que
cada trabajo que hagan es una recomendación propia para otros trabajos, sean
honrados, muy honrados, probablemente no lleguen a ser millonarios o ricos,
pero podrán vivir modestamente en una forma muy tranquila y podrán mirar de
frente a todas las personas…”
Por experiencia sé que los jóvenes no tienen la costumbre de seguir los
consejos de los viejos. Pero una cosa es cierta: dejan de ser estudiantes y
tienen que buscar, afanosamente, entrar al mundo laboral; y ahí, como bien
advierte Bill Gates, cambia todo el contexto: hay horario de trabajo y no se pueden
salir, como del aula; ya no tendrán vacaciones grandes ni puentes escolares, y
tendrán –paso a paso-, que construir un presente y un futuro, y eso, solo se
logra con la calidad y excelencia en el trabajo.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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