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Sección: Editoriales / Desde esta esquina

Poder estatal y corrupcion sindical

Por: Melitón Guevara Castillo 27/02/2013 | Actualizada a las 15:19h
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Sorprendió la decisión del gobierno federal de fincar responsabilidades penales a Elba Esther Gordillo Morales. Medio mundo, o casi todo el mundo, ha tenido desde hace un buen número de años, una imagen mala, nefasta, de la lideresa del sindicato magisterial. Le dijo Adela Micha: es usted la mujer más odiada de México.
 
Sorprendió la decisión porque nadie se la esperaba. Ya los mismos expertos habían sentenciado que, para minar y casi acabar el cacicazgo de Elba, basta con la instrumentación de la reforma educativa que recientemente se aprobó y que ya promulgo el Presidente Enrique Peña Nieto. ¿Qué sucedió? ¿Por qué se llego al extremo de, vaya pues, exterminarla?
 
Estoy convencido que la suerte de Elba Esther se empezó a fraguar desde el momento en que se rompió la coalición presidencial del PRI con el PANAL. Vendía caro su amor, pero además, tenía un costo político grande: el balance casi establecía que se perdían más votos que los que se ganaban. El caso es que, a partir de ahí, la suerte de Elba va cambiando y se enfatizo cuando se fraguo la reforma educativa.
 
La detención de Elba Esther es la confirmación de que, más allá del poder estatal, no hay otro poder similar o más grande. El mejor ejemplo lo recibió, con Carlos Salinas, quien fuera líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, mejor conocido como La Quina. Y Elba Esther, por otra parte, no debió olvidar, la forma en que ella llego al poder: el Estado opero, obligo pues, a Carlos Jongitud Barrios, que era senador, a dejar el liderazgo del SNTE.
 
Era necesaria la detención de Elba Esther porque nunca pudo disimular sus riquezas. Sus departamentos, su casa-isla en los Estados Unidos, la forma en que hacia regalos y gastaba dinero no podía pasar desapercibida. Y fueron, por ella, por esa vía: no podían sacarla del sindicalismo por su grado de dominio sobre su estructura. Así que buscaron un eslabón débil: y todos, todos, los políticos y líderes sindicales, tienen su talón de Aquiles en su protagonismo y forma de vida.
 
Todos los mexicanos entienden que la detención de Elba con todo y que sea por la vía penal significa un golpe de Estado derivado de una cuestión política. Claro, creo que todos avalan su detención, pero en las redes sociales y en medios críticos y analíticos, advierten que si es una acción del Estado a favor de la sociedad, en contra de la corrupción, no se deben detener ahí, tienen que llegar a otros que no se distinguen por la discreción y sencillez.
 
Los hechos recientes nos dan evidencia, una vez más, de cómo el político, el líder político, se apasiona tanto por el poder, que lo disfruta, lo ejerce y no quiere dejarlo. La biografía de Fouche, el genio del mal, deja esa enseñanza: la inteligencia que debe tener todo ser humano para retirarse justo a tiempo y no dar oportunidad a que los enemigos logren su destrucción. Elba Esther recibió señales e indicios del sistema, de sus protagonistas…y como La Quina, se sintió “intocable”.
 
Comentarios: meligue@prodigy.net.mx

Melitón Guevara Castillo.

Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).

Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).

Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.

Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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