Por: Javier Rosales Ortiz26/02/2013 | Actualizada a las 22:14h
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Aquel, no
era un barrio más de la bella y otrora tranquila Ciudad Victoria. Sus
casonas viejas, sus enormes patios por donde corrían canalitos de agua donde
bajaban a beber “los azulejos” –hermosos
pájaros de plumas color azul intenso-y, los vecinos, unos que se iban y otros
que arribaban para disfrutar de un barrio que regalaba calor y al que rápido se
le agarraba cariño. Enclavado
en el centro de la capital de Tamaulipas, lo más rico del barrio de “El 18” eran sus moradores alegres,
atentos, saludadores y comunicativos, como si fueran una gran familia. Un barrio
lleno de niños y de niñas que corrían por la calle, que se desplazaban sin
peligro en sus carritos de roles y bicicletas, o en el famoso patín del diablo,
frente a la mirada de sus padres y amigos. “Ya llego
un nuevo vecino”, se escuchaba el griterío de los chamacos cuando se detenía en
el barrio un camión de la mudanza. ¿Aquí es
el 18 Juárez y Zaragoza?, le preguntaba el chofer de la unidad a los infantes.
“Si, el más bonito de la ciudad”, le contestaban. Y de
aquellas familias que llegaron a ese barrio en mis tiempos de infancia se
encontraba una que se les conocía como “Los famosos Robinson”, integrada por
Don Tomas, Doña Lety y sus hijos Lety, Tomas, Ernesto y Cinthia. Como
rentaron una residencia a un lado de mi casa, recuerdo a Ernesto como un
chiquillo flaco, vivaracho y muy travieso, que era un vago para el fut-bol, al
grado de que fue el campeón del torneo Interbarrios de la canchita Borja, no
obstante del enojo de su eterno rival César Gaytán. Y era,
Ernesto, un chamaco con mucha adrenalina, puesto que en mi casa se colgaba de
una liana y se tiraba desde el tronco del árbol de aguacate para tratar de
imitar a Tarzán, sin importarle que su madre, doña Lety, pusiera el grito en el
cielo. En una
ocasión César Saavedra Terán, su primo, habitante también de aquel lugar,
comentó ya como funcionario público que el barrio de “El 18” fue su escuela, y, cómo no,
si su roce con la raza le ayudo a asimilar que los mimos no contribuyen a forjar un
adecuado carácter. Y por ese
camino se fue Neto, un chamaco que se volvió inquieto a fuerza y que le hacía
imposible la vida al carpintero “Don Chilo”, cuando junto con la pandilla se
peleaban por los trozos de madera que sobraban para fabricar carritos con los
que jugaban en la tierra. El,
Ernesto, desde niño tuvo espíritu de aventurero, tan es así que con sus
pantaloncillos cortos y sus sandalias se escapaba al Río San Marcos a pescar
cuando se desbordaba y las mojarras de buen tamaño nadaban desesperadas a la
vista de todos por la tierra rojiza del Paseo Pedro José Méndez. Al paso
de las horas, regresaba él orgulloso con su botín, que consistía en varios
peces que aun se retorcían. Recuerdo
también, de Neto, que era bueno para los “trompos” porque se surtía a los
trancazos con chamacos mayores junto con su hermano Tomas, en aquellas riñas
callejeras que surgían cuando a un niño lo retan a mojarle la oreja a otro con
el dedo lleno de saliva. Y, además,
aquellos constantes corajes que hacía con Raulillo Flores cuando retiraba las
porterías portátiles de fut-bol siempre que perdía y luego corría enojado hacia
su casa perseguido por Neto y su pandilla. Como,
pues, no hacer remembranza sobre lo que fue aquel barrio de donde surgieron
políticos, pintores y poetas, reinas de belleza y funcionarios públicos que es
seguro que dejaron un pedazo de su corazón en aquel lugartan peculiar. Como no
recordar que en ese barrio Neto se curtió y tomo lo bueno y lo malo para
hacerle frente a la vida y para saber manejar lo que hoy le depara el destino. Porque,
él es prospecto del PRI a una diputación local por Reynosa y con ello le da
valor a aquello que se dice acerca de “hijo de tigre, pintito”. Neto, es
uno más de los que piso “El 18”
y que hoy se perfila para las grandes ligas. El
inquilino de un barrio que cautiva y, que nunca se olvida. Correo electrónico:
javo-ortiz@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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