Por: Melitón Guevara Castillo25/02/2013 | Actualizada a las 16:55h
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La pregunta fue sorpresiva: “órale, que haces en
El Roble” y la respuesta de Alejandro Etienne fue rápida: me invitaron y aquí
estoy. El Roble, el ejido de Martha –mi esposa-, cumplió 88 años de fundado,
los que también tendría mi suegro José García Balleza, si el Gran Arquitecto
del Universo no lo hubiera llamado a su lado. Fiesta, fiestón, tiene uno que
decir.
Efectivamente desde que dije que si ante el juez del registro civil las fiestas
de aniversario de El Roble no me son desconocidas. Año tras año veo como, los
habitantes del ejido, sus familiares y amigos, aquellos que viven en otros
lugares, hacen todo lo que pueden para estar presentes. A unos, por eso, solo
los saludo cada año, el día 25 de febrero. Este año no puede ser la excepción.
La fiesta empieza temprano. A eso de las 5 am empiezan a llegar los invitados
especiales, los comisariados de otros ejidos; son participe de “Las mañanitas”
al ejido; se recorre las principales calles acompañados de música, luego el
tradicional almuerzo: “menudo”. Le sigue el evento protocolario, el desfile
cívico, la fiesta cultural y la comida. Lo último es la coleadera, los gallos,
y el baile.
Esta ocasión la fiesta de El Roble fue objeto de visitas especiales. En
principio porque Güemes es un municipio pequeño y el PRI ha establecido que la
elección de su candidato será por consulta a la base y ahí estuvieron los tres
precandidatos más visibles: Julio López, el delfín del alcalde Lorenzo Morales;
Arturo López Carbajal, que ya fue alcalde y quiere regresar por sus fueros y Héctor,
el cuate, Cárdenas.
El primero en llegar fue Julio, se cayó de la cama; Arturo llego cuando
empezaba el festival cívico y Héctor llego a la hora de la comida. Por la hora
de llegada fue Héctor el que capitalizo el momento: saludo a cuanto pudo y le
brindo la oportunidad de decirle que estaba listo para servirle. Incluso, fue
el primero, en recibir a Alejandro Etienne, a su hermano Pedro y a Eugenio
Benavides.
Las fiestas ejidales son una muestra del compañerismo y solidaridad que todavía
podemos observar en el campo. Solo la política, la que tiene pormisión servir a la sociedad, ha sido capaz de
dividir a la sociedad; lo hemos visto ahí en Güemes: las ideologías se olvidan,
cada tres años, unos y otros cambian; los perredistas se hacen asesores del
PRI; los panistas se alían con los priistas… y la gente, los electores, de
plano, se tienen que olvidar de las ideologías, pensar solo en la o las
personas.
Güemes es un municipio chico. Dice la gente, pueblo chico, infierno grande. Se
puede convertir en infierno grande, si no hay candidato de unidad. Todavía
recuerdo como, en cierta ocasión, el líder estatal del PRI fue lazado, como un
becerrito, por priistas descontentos por las decisiones cupulares: el triunfo
se finca en la unidad; la derrota en la división. En Güemes, los priistas ya
saben lo que significa una derrota.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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