Por: Clara García22/02/2013 | Actualizada a las 09:50h
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Considerado uno de los más
influyentes pensadores italianos del siglo XX, Benedetto Croce es también un
importante filósofo de la historia que aportó ideas frescas a esta disciplina
cargada ya en los umbrales del siglo pasado de un exagerado discurso ideológico
y una visión utilitaria al servicio de los nuevos estados nacionales en Europa.
Croce propone en su libro “La historia como
hazaña de la libertad” una serie de reflexiones filosóficas para repensar el
discurso histórico y despojarlo de todo propósito que no sea el de conocer el
pasado, otorgando así la posibilidad de una ética al ejercicio histórico.
Concibe como los griegos la unidad circular del
proceso histórico, la libertad trabajaba para la historia como un continuo
unitario, sin principio ni fin; dinámica, unitaria en sus distinciones. Es ella
misma, no son objetos interpretados, como decía Ranke, el más grande defensor
de la historia positivista.
La historia –decía Croce- no puede ser, sin ser
juzgada. Para él, la historia era
filosofía y la filosofía era historia; por lo tanto, no era posible hacer
filosofía sin conciencia histórica y hacer historia sin conciencia filosófica;
que era lo que más criticaba a los escritores del siglo XIX.
“La historia es la materia de la filosofía y la
filosofía era el método de la historia” señalaba. Para explicar la
naturaleza de la historia, decía que el proceso para conocerla era solo a
través de la manera como se aprende el arte, el cual era una forma de
conocimiento, del mundo en sus particularidades y concreción, diferente pero
complementario al conocimiento conceptual del mundo que nos ofrece la ciencia, que
se ocupa de explicarlo a través de leyes generales, modelos y formas fijas.
Identifica una dicotomía entre
conocimiento de ciencia y conocimiento de arte, y una distinción que plantea el
arte en general y el arte de la historia en particular. El error del
positivismo, decía, era creer que todo conocimiento válido tenía
naturaleza científica. Es decir, solo ese podía ser verdadero.
Pero Croce señala que la sabiduría humana no es conocimiento científico sino
que está construido por reglas de sentido común, pero era verdadero. Por su
parte la ciencia, correctamente entendida, era un modo de comprender el mundo
en el aspecto conceptual; la búsqueda de verdades generales por medio de
conceptos.
El modo de comprender el mundo de manera no
conceptual es el arte con pautas de verdad y verificación distintas a las
vigentes científicamente pero igual de rigurosas; es decir, ambas buscan
la verdad pero de distintas formas y por distintos caminos para su comprensión.
El arte y la ciencia eran modos de conocimientos
diferentes, opuestos.
Si uno incluye lo particular con lo general está
haciendo ciencia y viceversa, pero en el caso de la historia, no se busca
elaborar conceptos sino contar lo sucedido. Por lo tanto, la historia como forma de conocimiento solo es
un conocimiento particular, nunca universal, ni siquiera de lo general.
La historia no enseña nada,- señala Croce con la
intensión de despojar esta disciplina de cualquier utilidad moralizante- la
única cosa que puede enseñar es, que la información del pasado, nada puede
decir del presente. Aunque el historiador toma como punto de partida el
presente para investigar el pasado, no se puede deducir ninguna conclusión del
pasado."La historia no es un
idilio, ni es tragedia horrorosa, sino un drama donde todas las acciones,
actores y miembros del coro son culpables no culpables, una mezcla del bien y
el mal.”
Al “estetizar” la historia, Croce depura su
ética, la despoja de toda ideología para darle la categoría de conocimiento
importante.
Señala que existe la falsa consideración de que
la historia se repite, como un continuo repetirse de actos y vicisitudes que
sólo cambia de espacio y colocación en el tiempo; y afirma: “si cambian los
nombres cambian las disposiciones”.
“Lo propio de la historia está en los
acontecimientos mismos, no son los acontecimiento a los que se les tiene que
poner un rótulo, diseñar modelos, hacer juicios, sino saber que en la historia
todo permanece con la condición de que todo cambie.”
Croce hace la crítica a la visión universalista
de la historia, cuestionando la idea de que hay un origen de las cosas, y
señala que tenemos que aceptar que hay muchos orígenes, la mayoría
desconocidos porque los que hemos construido generalmente están basados en un
enjuiciamiento. Apela para que pensemos en la posibilidad de diversos
orígenes de naturaleza oscura, desconocida.