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Sección: Editoriales / Anecdotario

El sensible y sus cuates los prietos

Por: Javier Rosales Ortiz 18/02/2013 | Actualizada a las 09:29h
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RELATO 1.-Desde que llego a la diputación no le he dedicado una sola línea, pero hoy resulta inevitable.

Nos unió una amistad de muchos años porque juntos sudamos a mares en la brega periodística y luego, nuestros caminos se separaron en la medida en que él fue consumando sus sueños y yo los míos.

He leído con atención sus declaraciones como diputado del PAN y me agrada que conserve lo irreverente, lo claridoso y que defienda sus convicciones, pero lo que no tolero es que lo incoherente lo atrape.

Juntos, hemos compartido las entrevistas en grupo y la bohemia que lo convierte a uno en sincero por unas horas, pero, también, hemos disentido en posturas, que se hacen añicos como un vaso cuando toca el suelo.

En aquel grupo compacto de los años 90 que compartió el pan y la sal él era el único “Pitufo” y algunos mejor huían de las comilonas ha hora temprana para ya no escuchar por su voz el clásico largo rosario sobre la doctrina panista que clasificaba lo virginal, lo recto y las buenas costumbres, si, esas que se confunden.

Pero eso fue en el pasado y hoy digiero con atención el calificativo de “insensible” que le impuso a los gobiernos priístas, sobre todo al de Ciudad Victoria, que en antaño su “gran amigo”, Gustavo Cárdenas Gutiérrez, tuvo la oportunidad de administrar con jueguitos y malabares que heredó de familia y que él siente que le funcionaron.

Recuerdo y, muy bien, cuando el legislador albiazul, Manglio Murillo Sánchez, y yo trabajábamos él, de fotógrafo y un servidor de reportero, en un matutino local que era dirigido por un hombre que si le hacía honor a los legados de Manuel Gómez Morin y Manuel Clouthier, un viejón probo, serio, imparcial y, muy humano, valores que a estas alturas se antoja que se los llevo la mar.

En una ocasión, Manglio, en la medida que se lo permitía su pesada humanidad, se dirigía corriendo hacia la salida del periódico y el director, que por respeto a él y a su sagrada memoria omito su nombre, lo detuvo en seco. ¿A dónde vas tan rápido?, le preguntó.

Acomodándose la pesada cámara fotográfica Manglio le contestó:” Habló Gustavo y necesita rápido un fotógrafo.  ¿Y Gustavo es el director?. “No señor pero es el sobrino del dueño”. “Y eso qué. Grábese que yo soy el jefe aquí y que si él u otro necesita a un trabajador de esta empresa que me llame”, le aclaró el director. Pero esa autoridad, al observar la actitud sumisa de Manglio, suavemente le inquirió: ¿O, tiene usted algún interés personal para ir a ese lugar?.

Y es que al señor le asistía la razón, en virtud de que “el sensible” de Gustavo usaba al personal de esa empresa para sus campañas políticas, para sus caprichos y sus juegos de infante y la palabra “gracias” nunca escapó por su boca, a final de cuentas éramos todos “de casa” y, además “prietitos”, según sus subalternos.  

No se si el amigo Manglio comprenda en toda su dimensión el significado del término “insensible” y si no es así creo que bien le aprendió a su maestro, quien con sus dos caras se sigue desdoblando a la perfección.

Y digo que no tolero lo incongruente porque un día Manglio ataca a Gustavo cuando señala que se requiere de alguien que no solo se dedique a barrer las calles y al otro, lo ubica como una figura aguerrida para amarrar otra vez la alcaldía de Ciudad Victoria.

Que me disculpe el amigo, pero la evidente bipolaridad de los panistas.

Le ha sentado a las mil maravillas.

RELATO 2.-Vaya nuestro más sentido pésame y un abrazo muy cariñoso para la buena amiga Blanca Aurelia Anzaldúa Nájera y para su familia por el sentido fallecimiento de su señora madre, Aurelia Nájera Villegas.

Blanca es una mujer solidaria y muy consentida por la prensa de Tamaulipas, porque en las duras y en las maduras siempre ha dado muestra de que a esta vida se vino a cosechar amigos que enriquezcan nuestros espacios cuando saludan de mano y cuando nos roban una sonrisa.

Y aunque no hay palabras que la reconforten en este momento, solo te digo, Blanquita, que no estás sola, que tus amigos seguirán tocando tu puerta para  en la medida de lo posible puedas superar esta pena.

Y ánimo, porque tu fortaleza es mayor que la de un roble.

Correo electrónico: javo-ortiz@hotmail.com   

Javier Rosales

Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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