Por: Clara García08/02/2013 | Actualizada a las 09:33h
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Cuando se habla de
patrimonio cultural entramos en terrenos complejos para la comprensión y
análisis de todo lo que involucra las diversas interpretaciones de este
concepto. Una definición etimológica de patrimonio es: el conjunto de bienes
materiales legados por los antepasados; como puede ser una catedral, una casa,
una fiesta popular, un paisaje, todo lo que provenga del pasado y tenga un
valor para nosotros. En otras palabras, es lo que ha quedado visible y a
través del cual podemos conocer la historia.
Con frecuencia escuchamos hablar que tal ciudad o monumento es
considerado como patrimonio. Por ejemplo, una de las tareas de la UNESCO
es pronunciarse a favor, no sólo de sitios, sino incluso de ciudades
completas para declararlos patrimonio de la humanidad y así contribuir a su
protección.
En México nueve ciudades forman parte de esta declaración, que se suman a los
cerca de 900 sitios en el mundo que integran esta categoría. Cuando hablamos de
patrimonio entramos también en una serie de divisiones y categorías que en el
sentido estricto sólo funcionan para facilitar la clasificación del legado. Así
podemos ver que hay patrimonio tangible e intangible; histórico,
arquitectónico, artístico, entre otros que componen el patrimonio cultural que
junto con el patrimonio natural integran la riqueza heredada por los
antepasados.
El patrimonio es la pieza fundamental de la identidad de los pueblos; las
personas se identifican siempre con símbolos y costumbres del lugar donde
viven, nacen o pertenecen; de ahí la importancia de preservar el patrimonio
como elemento identitario de la cultura de los individuos. Sin embargo, es
común que en el diario convivir con ese patrimonio la sociedad no le otorgue
valores que permitan conservarlo y en su momento también entregarlo en herencia
a la siguiente generación, lo que equivale al deterioro de la identidad y por
consecuencia de la cultura. Su desconocimiento debilita la conciencia cultural,
provoca indiferencia y su inevitable destrucción.
El patrimonio cultural “…es una herencia de los
antecesores y se ha resumido y conservado con el objetivo de ser transmitido a
las generaciones futuras. El patrimonio se convierte de este modo, en un bien
público cuya conservación ha de estar asegurada por los poderes públicos”
señala la experta Francisca Hernández.
En la medida en que los individuos pueden conocer su patrimonio cultural pueden
ser capaces de ir experimentado mayor pertenecía y compromiso con su comunidad.
Si “la cultura cruza todas las dimensiones del capital social de una sociedad”
entonces ésta es capaz de influir en el mejoramiento del respeto a las normas
básicas de convivencia social teniendo por consecuencia comunidades más seguras
y solidarias.
El patrimonio cultural es una herencia, es un
legado de las generaciones pasadas que han dejado como testimonio de su
existencia; el patrimonio cultural tangible llega al presente de dos formas, la
primera porque ha sido preservado como un valor, cuyo uso en la vida cotidiana
dejó de ser útil y al dejar de cumplir los fines para los cuales fue creado es
conservado como evidencia histórica del pasado.
La segunda forma en la que el patrimonio tangible llega a nosotros es por mera
circunstancia, es decir, llegamos a conocer el objeto o monumento porque ha
sobrevivido al tiempo por diversas razones que no son la preservación del
pasado en forma consiente y planificada, ni por la preocupación de conservar la
evidencia histórica del pasado. Este patrimonio está constantemente en riesgo
de desaparecer al no existir una valoración que permita su conservación y
preservación.
En cuanto al patrimonio cultural intangible entendemos este como el
conjunto de manifestaciones culturales de la sociedad que han sido
heredadas de los antepasados y son prácticas vivas que dan sentido de identidad
a la sociedad. Cuando no existe una valoración de estas expresiones como parte
del patrimonio cultural es frecuente que estas prácticas que constantemente se
modifican por la natural dinámica de la sociedad, llegan a desaparecer al ir
cambiando los intereses de quienes las realizan.
Si partimos de la premisa que el patrimonio cultural es lo que da identidad y
pertenencia a los individuos dentro de una sociedad; su utilidad está enmarcada
en la preservación de los valores sociales, es decir, en la medida que un
individuo este consiente de su pasado, de su herencia social y de su patrimonio
cultural, estará más comprometido con su entono y con la sociedad en la que
vive, esto le permitirá desarrollar capacidades que generen bienestar e
incrementen sus capitales sociales, culturales y económicos.
Por esa razón el impuso de la valoración del patrimonio cultural a través de su
preservación, conservación y difusión debe impactar en los habitantes, para
esto es necesario que dicho patrimonio trascienda en la conciencia ciudadana
para lograr comunidades con alto valor identitario.