Por: Javier Rosales Ortiz03/02/2013 | Actualizada a las 21:37h
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Dios lo ubicó hoy en el lugar y en el
momento adecuado para tratar de coronar un sueño de adolescente. Su apellido es muy conocido, pero pesa más
su origen y él no lo oculta,mejor aun
lo hace sentirse orgulloso y hasta se antoja que lo disfruta. Hijo de un hombre con raíces de campesino
que vendió chicles y periódicos para contribuir con la raquítica economía
familiar y que fue capaz de subsidiar su enseñanza escolar a base de becas de
instituciones públicas gracias a su basta cualidad como orador, este joven está
consciente de que la responsabilidad que hoy pesa como losa sobre sus hombros
es delicada y que no existe espacio para defraudar al maestro: Su padre. Su progenitor lo ha dicho y lo sostiene,
que tuvo su primera oportunidad para lucir sus dotes en la escuela primaria,
cuando un niño que fue seleccionado para dictar una pieza oratoria sobre la
trayectoria de Benito Juárez falló y él ocupo su lugar, lo que le permitió
brillar y más adelante tocar con fuerza las puertas para empezar a fabricar una
maratónica carrera política. Y es que a Miguel Cavazos Guerrero difícil
le resulta disimular que su padre, Manuel Cavazos Lerma, lo es todo para él, y
que lo valora como persona, como político y como servidor público que fue y de
quien sostiene que la mejor educación que le regalo, fue el ejemplo. En el 2008 Miguel le concedió una
entrevista a la bien recordada periodista Mary Díaz, cuando era dirigente del
FJR del PRI de la cual, por el momento, se merece rescatar algunos segmentos,
en razón de que el actual titular del programa “Oportunidades”, toco lo que
nunca: Su vida privada. “A veces mi padre me ha educado sin
mencionar una sola palabra, pero verlo como actúa, como se conduce, ha sido
suficiente”. “Nos dedicaba en ocasiones solo cinco
minutos pero era tiempo de calidad en el que nos contaba historias y metáforas
de lo que para él es la superación personal”. Para quienes creen que el ser hijo de un gobernador
es igual que arrojar por la ventana la palabra “humildad” de una patada, Miguel
tuvo algunas aclaraciones. “A los seis años en la Casa de Gobierno yo ordeñaba
vacas en un improvisado establo que había en ese lugar y hacía quesos que le
vendía a los guarias de seguridad, lo que se convirtió en un negocio
particular”. “Y mientras otros niños le pedían a Santa
Claus una bicicleta y unos patines, yo le encargué una ordeñadora eléctrica y
la primera vez que trate de usar el aparato la vaca salió corriendo rumbo al
Campestre”. Miguel, siempre creyó que por su
experiencia familiar nunca se convertiría en político, es más su intención era
ser agricultor, sin embargo ahora el destino lo ubicó en este especio, que no
piensadesaprovechar. Sobre la carencia de una figura materna él
prefirió no hablar, porque para su familia ese es un tema vetado, que él lo
llevo como un estigma. El, se define como un joven siempre
agradecido, llorón y respetuoso de la crítica sana o insana, porque de eso
también se acumulan experiencias. A Miguel, lo frecuenté en la campaña de su
padre como candidato a Senador, y me da la impresión que es un joven dinámico,
sensible, y receptivo en su trato con los campesinos con los que convivió a lo
largo de Tamaulipas, una cualidad que, sin duda, abrevó de su padre. Está él, en el momento y en el lugar justo
para demostrar que puede. Y que las lecciones que ha recibido durante
su corta vida. Lo forjaron ya como persona y como servidor
público. Correo electrónico: javo-ortiz@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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