Por: Luis Lauro Carrillo01/02/2013 | Actualizada a las 10:12h
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La
explosión registrada en la Torre B2 de Petróleos Mexicanos (Pemex) de la ciudad
de México dejó un saldo preliminar de 25 muertos, y más de 100 heridos y al
menos 30 personas atrapadas en el sótano del inmueble, se desconocen las causas
del siniestro, pero sin descartar que pudiera tratarse de actos de terrorismo que
ya están investigándose.
Está visto que solo una tragedia de tal magnitud le faltaba a la empresa paraestatal
sostén económico de México, que ahora se debate entre el dolor, la corrupción
de sus líderes y directivos, tomas clandestinas, la disputa ideológica por la defensa del
nacionalismo y el interés privatizador de los neoliberales en la llamada
reforma energética estructural.
A la luz de la lógica resulta inverosímil e inconcebible que para un
moderno edificio administrativo, a la caldera se hubiere omitido su
mantenimiento, sin embargo pudo haber acontecido, porque es un rasgo característico
de los gobiernos la negligencia. Por
otro lado al ver los videos de la explosión, surge la duda de que si hubiese
sido la acumulación de gas hubiera seguido ardiendo, en cambio la explosión fue
una sola detonación que daño las estructuras que al decir de los especialistas, corre el
riesgo de colapsarse.
En esas circunstancias, aun cuando ningún grupo armado revolucionario o de la
delincuencia organizada haya reivindicado el ataque, de momento no puede
descartarse la posibilidad de un atentado terrorista, por lo que habría que
esperar el resultado de los peritajes que determinaran las causas de la
explosión.
El lamentable acontecimiento de la explosión en la Torre B2 de Pemex, paralela
con el tema sobre la privatización o “inversión privada nacional y extranjera” en
la industria petroquímica que en este primer periodo de sesiones del Congreso
de la Unión se debatirá, que las autoridades han sostenido que hasta ahora de
que se trata de un accidente, no han podido evitar la especulación de la
sociedad sobre la probabilidad de un atentado.
De ahí que la información sobre las causas de la explosión en aras de la
transparencia debe ser lo más precisa posible, para determinar si se trata de
un mero accidente o de un ataque criminal o actos de sabotaje.
En ese tenor el presidente Enrique Peña Nieto, ha instruido al secretario de
Gobernación y al Procurador General de la Republicapara que se investigue, pero ello no ha
impedido que se especulen las causas de la conflagración que ha costado la vida
de personas y dejado heridas a un centenar más.
Sobra decir que en este México de decisiones de Estado desatinadas y de
montajes todo se puede esperar; siendo imposible sustraerse a la imaginación y
esto sucede porque hoy habrá más voces que llamen a la participación de la iniciativa
privada en Pemex; se acusará ineficiencia en el mantenimiento, se habla ya de
“acumulación de gases”, pero no se explica cómo en un edificio innovador,
repleto de burócratas nadie advirtió el peligro.
Empero, de la especulación a la explosión surge la pregunta obligada ¿Qué pasó realmente
este 31 de enero en Pemex? ¿Hubo falta de mantenimiento en la torre? o ¿Hubo un
atentado terrorista?
En definitivasi el gobierno federal por
razones de Estado oculta o matiza la información de la explosión de la torre de
Pemex, para evitar un impacto negativo en la economía nacional, atentaría
contra la transparencia y rendición de cuentas y como consecuenciael gobierno perdería credibilidad y confianza
ante la sociedad.
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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