Por: Clara García01/02/2013 | Actualizada a las 09:32h
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La humanidad con su devenir histórico ha
equivocado el camino, desde Sócrates a Hegel, vive rumbo a la decadencia,
afirma Nietzsche en su ejercicio
epistemológico acerca de la Historia. Hayden White en su libro “La meta
historia. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX” presenta en uno
de sus capítulos más acuciosos un análisis acerca de las propuestas que este
filósofo alemán, (uno de los más influyentes en el siglo XIX) hace de la
Historia.
Él cree (dice White) que este periodo ha llegado a su fin con la muerte de Dios
seguido de un periodo de nihilismo (es decir, donde no hay nada, no se cree en
nada) acompañado de una gran mentira: pretender que el mundo tiene un objetivo
y un sentido trascendental.
El concepto de vida pasa a ser un criterio normativo de la historia, entonces
debemos entender la historia en la medida en que ésta sirva a la vida y no a la
inversa. Para Nietzsche la capacidad de recordar distingue la vida humana de lo
animal pero el olvido lo perjudica al ser la condición más general de la vida.
Su filosofía de la historia tiene una intensión práctica y describe las formas
que desde su perspectiva se utilizaban para escribir historia: la primera es historia
monumentalista, es la que estimula la grandeza, al recordar lo grande que una
vez fue posible, pero esto a la vez intimida lo actual. La segunda es la historia
anticuaria, que preserva la auto certeza con su continuidad pero a la vez, la
preservación cohíbe la vida nueva. La tercera es la historia crítica,
proporciona el impulso al cambio al aplicar una justa crítica sobre el pasado,
pero el rechazo del pasado desarraiga el hoy y el mañana.
Nietzsche propone cambiar la manera de comprender el mundo, haciéndolo a través
de las imágenes y no de la lingüística, donde la palabra tiene una gran carga
de conceptos que definen nuestra vida. Señala que el lenguaje se ha puesto en
beneficio de los débilesde la tierra.
Consideraque la llamada conciencia
histórica mantiene al hombre en una crisis, porque vive de una ilusión. "Los
débiles son identificados como los fuertes, el mal como el bien”. Propone que
el hombre abandone la conciencia histórica para regresar al mito y ahí poder apropiarse de su libertad. La debilidad del
hombre es la conciencia que le permite construirse una vida peculiarmente
humana y socavar el impulso a cambiar esa vida. Pero también tiene la capacidad
de olvidar, de negar lo que sabe.
Afirma que desde los griegos, la historia del hombre va en dos polos, entre el
caos y la forma, en uno está el cristianismo, que señala que la verdad le será
revelada al hombre al final del su vida temporal. En la otra está el
positivismo que reduce al hombre a la calidad de bestia, mecanizándolo, en un
eterno retorno como el mito de Sísifo.
El hombre es el único ser que tiene necesidad de justificar su existencia
porque tiene una conciencia, pero sólo se puede hacer a través del arte, no del
arte mecánico, sino de la expresión humana que es capaz de ponerse al lado de
la naturaleza y no como reflejo de ella.
El hombre vive con un pasado fijo, con la idea de cosas hechas, terminadas,
completas, ese es el origen de su deshonestidad, porque lo oprime y agobia. Debe
el hombre aprender a olvidar. Pero esta no es una actitud anti histórica,
reconoce que el hombre necesita la historia para su acción y su lucha, como
auxiliar de sus capacidades conservadoras y reverenciales y bálsamode sufrimiento y deseo de libertad.
El conocimiento del pasado sólo debe servir al presente; un arte al servicio de
la vida, donde el historiador no debe generalizar, porque eso compete a otras
ciencias.
No hay oposición entre la acción humana y el proceso del mundo, ambos son la
misma cosa. No se debe buscar a los sujetos detrás de los fenómenos, los
fenómeno son en sí mismo sujetos de la historia. Un buen historiador debe tener
el poder de acuñar lo conocido en algo nunca antes oído y proclamar su
universalidad en forma sencilla y profunda.
Considera como grave el exceso de historicismo rankeano, tomarlo todo
objetivamente, no indignarse por nada lo hace a uno adaptable. Por eso la
cultura moderna ha perdido su capacidad de asombro, no ama ni odia nada, ha
perdido el interés. Si la historia es trasformada en la pura obra de arte
preservaremos y despertaremos los instintos.
Propone una historia en la que esté prohibido endiosar el pasado a expensas del
presente y el presente a expensas del futuro. Imagina entonces que el hombre
debe ser libre sin ninguna atadura del pasado.
E-mail: claragsaenz@gmail.com
Clara García Sáenz
Historiadora y Promotora Cultural; catedrática de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
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