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Sección: Nacional / El Mundo
La histórica cita de Raúl Castro y Nicolás Maduro con Allende
En la Plaza de la Ciudadanía, frente a la fachada sur del edificio neoclásico italiano, una larga alfombra roja y una formación de honor de la Guardia Presidencial de Carabineros constituyen una clara señal de que se esperan visitas importantes en palacio
29/01/2013 | Actualizada a las 13:01h
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Santiago,
(Notimex).- Es el
atardecer de un domingo de verano en Santiago de Chile y el presidencial
Palacio de La Moneda, en pleno centro histórico de la capital, está cercado en
unos 200 metros a la redonda por la policía militarizada de Carabineros.
En la Plaza de
la Ciudadanía, frente a la fachada sur del edificio neoclásico italiano, una
larga alfombra roja y una formación de honor de la Guardia Presidencial de
Carabineros constituyen una clara señal de que se esperan visitas importantes
en palacio.
Los mandatarios
que se reunieron en la capital chilena con motivo de la Cumbre de la Comunidad
de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) son los invitados de honor del
presidente Sebastián Piñera a una elegante cena en la sede de gobierno.
La mayoría de
los mandatarios y jefes de delegación se dieron cita en la sede del gobierno
chileno, la cual fue asaltada y bombardeada el 11 de septiembre de 1973 por las
fuerzas militares que derrocaron al presidente constitucional Salvador Allende
(1970-1973).
Pero dos importantes
figuras extranjeras, en especial, aguardan con expectativa el término de la
cena por razones muy particulares. No es porque tengan que regresar en forma
rápida a sus países o porque tengan reuniones bilaterales o acuerdos que
suscribir. Ellos tendrán esa noche una cita con la historia de Chile.
Raúl Castro Ruz,
presidente del Consejo de Estado y de Ministros de la República de Cuba, y
Nicolás Maduro Moros, vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela,
tienen una cita con Salvador Allende Gossens en el lugar donde se suicidó y
donde aún se conservan objetos que lo acompañaron en sus últimos minutos de
vida.
Tras la cena
oficial de la Cumbre, Castro, Maduro, el canciller venezolano Elías Jaua y el
ministro de Comunicación e Información de Venezuela, Ernesto Villegas, entre
otras autoridades, dirigieron sus pasos en silencio por los fríos pasillos de
La Moneda hacia su encuentro con la historia chilena, aquella que observaron o
conocieron a la distancia una mañana de septiembre de 1973.
Tras subir por
una escalera de piedra al segundo piso de la sede de gobierno, rodeados por
varios agentes de seguridad, Castro y Maduro se encontraron con un muro
original del Palacio de La Moneda, añosos ladrillos que resistieron los embates
de la artillería terrestre y aérea de los militares chilenos dirigidos por
Augusto Pinochet.
El silencio
reina por algunos segundos al observar los desnudos muros de La Moneda. ambos
miran con detenimiento el lugar y escuchan con atención a la guía, una
funcionaria de Carabineros que viste el elegante uniforme blanco de la Guardia
Presidencial.
En ese lugar se
encuentran dos réplicas hechas en cobre, y de gran tamaño, de las monedas
conmemorativas del gobierno de Allende, además de una placa que dice que en ese
sector del palacio murió el líder socialista.
Tras explicar
que en esta ala del Palacio, la nor-oriente, se encuentra el gabinete de la
esposa del presidente Sebastián Piñera, Cecilia Morel, la comitiva
cubano-venezolana enfila por un pasillo hacia el actual Salón Blanco, donde
está recreado el despacho de quien fuera líder de la Unidad Popular (UP), la
coalición política que llevó al poder a Allende en 1970.
Maduro acompañó
en todo momento a Castro. Juntos se pararon delante del escritorio personal del
gobernante, el mismo en el que firmó la nacionalización del cobre, en 1971, y
tras el cual se ubica en la actualidad un imponente retrato de Allende.
Ambos observaron
con atención la obra pictórica donde el presidente aparece con un abrigo,
realizando su tradicional gesto con la mano derecha.
Con las manos
entrecruzadas, Castro escuchó con atención el relato de la funcionaria policial
hasta que el mandatario cubano se fijó en un busto de bronce del Abate Molina
(sacerdote y cronista chileno nacido en 1740) que originalmente estaba en el
salón de audiencias de Allende.
La figura de
metal fue uno de los pocos objetos que sobrevivió a las balas de aquel 11 de
septiembre de 1973 e incluso aún conserva los daños producto de esa refriega.
Se trata de un mudo testigo de los cruentos hechos que llevaron a la muerte a
Allende.
El líder cubano
se acercó a esa obra de arte, la miró con atención, incluso inclinándose para
observar con detalle la acción de las balas sobre la figura, como si quisiese
que ésta le revelara detalles de los hechos de 1973 a través de los daños que
presenta.
Luego la
delegación pasó a un salón contiguo donde se encuentra un sofá rojo idéntico al
que ocupó Allende para sentarse y quitarse la vida con un disparo en el mentón
con un fusil AK-47 que, según cuenta la historia, fue un regalo de Fidel
Castro.
Tras el sillón
se encuentra colgado un gobelino persa del Siglo XVII, el mismo que estaba tras
el mandatario cuando éste se quitó la vida en 1973.
Y es aquí donde
se produjo uno de los momentos más significativos de la visita de cubanos y
venezolanos a La Moneda. Castro se colocó frente al sillón rojo, a sólo un par
de pasos de él, y llamó a su costado a Maduro y a otros integrantes de ambas
delegaciones.
El silencio fue
sobrecogedor y estuvo cargado de sentimientos y significado. Sólo una cámara
fotográfica que registró el histórico momento rompe por instantes el ambiente
de reflexión en torno a la figura de Allende. Los segundos pasan lentamente.
El ambiente de
recogimiento sólo se rompe con un "Viva Allende!" por parte de
Maduro, quien reconoce estar conmovido por la oportunidad histórica de estar en
ese salón.
Tras algunos
minutos donde Castro recordó la figura del derrocado mandatario chileno y el
asedio que sufrió la embajada de Cuba en Santiago tras el golpe militar, la
comitiva regresó al salón donde se encuentra el escritorio del fallecido
mandatario para posar junto al cuadro con la imagen de Allende.
Maduro y Jaua
colocaron su mano derecha a la altura del corazón y posaron para las fotografías
junto a Castro y otros funcionarios de los dos gobiernos.
La emoción se
percibió en el ambiente por largo rato, más aún cuando la delegación venezolana
se percató que en el despacho de Allende también había un cuadro del Libertador
Simón Bolívar. Según la historia, al mandatario chileno le gustaba conversar
con sus invitados sentado en un rincón de su oficina, justo bajo la figura de
Bolívar.
En medio de la
visita, Maduro dijo a Notimex que se trató de un momento histórico: "el
regreso de un Castro Ruz a La Moneda" para rendir un homenaje a quien
fuera el mayor líder socialista de Chile.
Cada rincón de
ambas salas fue observado con detención por Castro y Maduro para guardar en sus
memorias las imágenes e historias de los dos únicos salones de La Moneda que
recuerdan la figura de Allende.
Esos mismos
detalles de esta histórica visita, seguramente, serán relatados con emoción en
La Habana a quienes ellos llaman sus "jefes": Fidel Castro, en el
caso del mandatario cubano, y Hugo Chávez, en el caso del vicepresidente
venezolano, confesos admiradores de la figura de Allende y a quien siempre
citan en sus discursos y escritos.
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