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Sección: Editoriales / Anecdotario

Conoce a Rossana Fuentes

Por: Javier Rosales Ortiz 27/01/2013 | Actualizada a las 21:58h
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Por peculiar, por conflictiva y por la grilla de alto nivel, a aquella mesa se le llego a comparar a juego con la de la última cena.
 
Y aunque no éramos doce –como los apóstoles- a esa mesa de redacción del área de internacionales de la Agencia Notimex siempre se le ubicó en el ojo del huracán, porque casi siempre uno de sus integrantes era como una ampolla en el pie y solía contaminar a los otros.
 
Era él como Judas y se oponía a todo, hasta que ella llego a la coordinación y con suavidad, a veces con firmeza, le pidió que guardara la pistola y su carrillera de balas de salva en el cajón que había utilizado para derribar a algunos de sus antecesores.
 
Pero él, de alguna manera tenía razón, porque amarga fue la experiencia que esa mesa vivió bajo la coordinación de extranjeros como el Argentino Juan Nicolás Gaudenzi y el Chileno, Sergio Sánchez, quienes nunca se sacudieron el complejo de corresponsales de guerra, por eso en cada compañero veían el rostro de un potencial subversivo centroamericano.
 
Ella, era, una mujer que impresionaba físicamente por sus altas botas de cuero negro, su ajustado pantalón de mezclilla y su saco sastre, pero lo más llamativo eran sus profundos ojos azules y su pelo oscuro y rizado, que le regalaban porte y que la hacían lucir como una artista.
 
En ese entonces yo era el jefe del turno nocturno de la mesa de internacionales y mi primer contacto con ella fue cordial, aunque no pude pasar por alto que estaba frente a una mujer de carácter fuerte, de imponente presencia y cuya misión era conciliar para que en aquella mesa de redacción imperara la disciplina que otros añoraron.
 
La convivencia con ella se fue haciendo amena y de vez en cuando a eso de la medianoche me llamaba para que la alcanzara en algún bar, donde se abordaba lo de la grilla en esa mesa, los proyectos personales y lo bien que se sentía como periodista, lo cual era su pasión.
 
Entre tequila y tequila, ella, y yo con un vaso de cerveza en la mano, Rossana Fuentes Beraín Villenave era dueña de una plática rica he interesante propia de una mujer que no se desdobla y que le concede la atención que merece su interlocutor, pero sin llegar a la broma burda que parece que no tolera.
 
En Notimex en una ocasión me pidieron que valorara un video de una entrevista que Rossana le realizo como enviada especial a un comandante en un país centroamericano y así a boca de jarro, a su regreso, le hice notar que el contenido estaba perfecto, pero que sus titubeos y su nerviosismo le restaron valor al rico material, por ello se procedió a la edición. No se inmutó, menos se irritó, por el contrario reconoció que su actitud fue producto de que era su primera entrevista en el extranjero, por ello el error, se vale.
 
Recuerdo que con Olga Borobio y otros periodistas pase con Rossana muchas veladas agradables he inclusive hubo un proyecto para hacer un programa televisivo, el cual no se concretó al parecer por falta de presupuesto.
 
Ella sabia que llamaba la atención, pero no le agrada posar frente a la cámara fotográfica porque sus ojos la hacen lucir como un gato, una mujer que, por cierto, siempre defendió su tesis de que la fortaleza de un periodista son la curiosidad y la suerte.
 
Aun así hoy me place verla en la pantalla chica como colaboradora del noticiero estelar de Televisa, el de Joaquín López Dóriga , en el que con atino y fuerza comenta temas internacionales y en el que se aprecia que la belleza de sus ojos se conserva intacta.
 
Desde los años ochenta no he hablado con esta periodista mexicana hoy con 54 años de edad, fiel admiradora del puerto tamaulipeco de Tampico, el cual ubicaba como el más bello del mundo y lo decía con certeza porque había viajado por muchos países.
 
Con Rossana no se rompió la relación, simplemente cada quien tomo su camino y la última ocasión que la ví, que estreché su mano y que me despedí con un abrazo fue allá por los ochenta, cuando por derecho solicité la corresponsalía de Notimex en El Salvador que dejo vacante Epigmenio Ibarra, algo que no logre y que ella tampoco pudo hacer realidad porque yo estaba casado y la agencia se resistía a indeminizar a los familiares de un muerto que cayo en país en guerra.
 
Vaya mi admiración y respeto para esta mujer que inclusive se le mencionó en el sexenio pasado como posible Secretaria de Relaciones Exteriores, porque su por su tesón y fuerza sigue cosechando éxitos.
 
Y porque recordar es vivir y trabajar a su lado fue placentero y gratificante para mi carrera periodística.
 
Saludos a Rossana, porque sus cuates no la olvidan.
  Correo electrónico: javo-ortiz@hotmail.com

Javier Rosales

Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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