Llama la atención no el hecho de que algo suba de precio en una escalada impresionante que se ha registrado durante el mes de enero, sino la actitud de quienes se han dedicado por ...
Por: Carlos Santamaría Ochoa09/01/2010 | Actualizada a las 20:54h
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Llama la atención no el hecho de que algo
suba de precio en una escalada impresionante que se ha registrado durante el
mes de enero, sino la actitud de quienes se han dedicado por años –unos durante
toda su vida- al negocio de las tortillas y que aseguran que hoy no se puede
pensar en recoger ganancias sustanciales, dado que las pérdidas son
millonarias. En ese sentido, Lorenzo Mejía, quien es
presidente de los industriales de molinos y tortillerías en el país, y que
agrupa a más de 600 mil personas según él mismo lo ha manifestado, pone la voz
de alerta en el sentido de que muchos de sus agremiados dejarán el negocio y
por ende, de ganar dinero. Habla Mejía de los subsidios y de la cadena
que existe para que el producto final –la tortilla, la gorda, pues- llegue a
nuestra mesa, y explica que hay subsidios para los que manejan la masa –Pro-masa-
así como para los de la harina –Pro-harina- y una serie más que llegan a todas
partes, menos al consumidor. Dice que falta un subsidio que les permita
bajar el precio. Leyó bien: bajar el precio que es lo que piden, con la lógica
de que, a menor precio, mayor venta y entonces habrá más ganancias. No es descabellada la idea, pero reitera
que hay un subsidio de más de 50 millones de pesos que beneficia a 197
industriales, así como a 150 mil personas que se encargan de hacernos llegar
las tortillas a la mesa. En ese sentido, dice: “nos han atomizado” y refiere
que el gobierno federal ha generado inconsistencia a través de sus acciones, ya
que, por un lado, no establecen el precio oficial de la tortilla, y por el
otro, la Procuraduría Federal del Consumidor se ha dedicado a clausurar muchos
negocios del ramo, por aumentar en 50 centavos el precio “oficial”, que,
asegura Mejía, no existe desde el año de 1999 en que fue liberado para que cada
quien lo manejara según la oferta y la demanda. Hay sitios en los que se vende a 15 pesos
el kilogramo de tortilla, y lo más grave es que estos precios se presentan en
zonas rurales, donde la gente tiene más necesidades. Y como ejemplo cita que en agosto de 2009
la tonelada de maíz costaba 6 mil 500 pesos, cuando para diciembre se las
vendían a 7 mil 300 más el flete, y hoy, cuesta 7 mil 800 pesos más flete, es
decir, un mil 300 pesos más cara que hace apenas cinco meses. Se quejan, como todo mundo, de que los
insumos suben y el producto final no, y eso está llevando a pique a la
industria de los tortilleros que independientemente de aglutinar a miles de
mexicanos, es la que dota del alimento tradicional de nuestro pueblo, y como
dice don Lorenzo, en México estamos dejando de comer tortillas, lo que nos va a
llevar también a una desnutrición importante y la descalcificación de nuestros
niños, amén de que las políticas actuales están espantando a los industriales. La tortilla, como cualquier otro alimento,
sufre los problemas de una crisis mal manejada, y la verdad, lo vemos en la
ciudad y el estado, algunos tamaulipecos que se dedican a este negocio ya están
viendo mermadas sus ganancias que aún existen, porque si no las hubiera, ya los
negocios se hubieran cerrado, aunque lo cierto es que ahora ganan más que
antaño. ¿Qué hacer al respecto? Urgen medidas adecuadas para prevenir estos
problemas en el país y que se darán durante el año de 2010 en diversos
alimentos y rubros de la producción que seguramente afectarán aún más el poder
adquisitivo de la gente que trabaja. Ese es el aspecto que no se ha querido ni
podido ver, porque las medidas se dictan desde un escritorio cómodo, instalado
en oficinas que por lo general están bien acondicionadas y aisladas de
cualquier ruido mundano, entendiendo como tal el comentario del padre de familia
o el obrero, del trabajador que ve que con dos pesos más al día tiene que
enfrentar los 50 centavos por kilogramo de tortilla, el aumento al peso del
metro, de los estacionómetros, de las medicinas, de los refrescos y servicios
de agua potable, luz, teléfono y los impuestos que han crecido también para
poder enfrentar una crisis deshumanizada. No es prudente concebir que con esos dos
pesitos se pueda vivir mejor, que las políticas y promesas se queden en el
aire, y que sigamos pagando una tenencia que hace seis años nos prometieron
derogar, o que sigan subiendo los impuestos. Por eso, sentimos que los señores que se
dedican a buscar el maíz o la harina para convertirla en tortilla tienen mucha
razón en quejarse, porque, si suben el precio, los clausuran, y si no lo suben,
los joroban con incrementos en insumos, es decir, como el cohetero: con algunos
quedan mal siempre. Y esa ha sido la tónica última en México.
Nos dice Felipe que hay que hablar bien de México. Seguros estamos que
cualquiera comousted y como yo, en otra
nación, gritará orgulloso “Viva México” y hablará maravillas de nuestra querida
nación, pero de ahí a tener que gritar mentiras sobre los que toman las
decisiones con una alta dosis de incredulidad y sordera popular, hay un gran
trecho. Por eso, México no crece, porque seguimos
atacando al cuerno de la abundancia que tiene como forma. Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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