Por: Alberto Guerra Salazar23/01/2013 | Actualizada a las 22:26h
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Lidia
Madero García es militante del PAN. Ha sido diputada local, diputada federal,
Senadora de la República, directora del Instituto Nacional de Desarrollo
Social, agregada diplomática en Francia. ¿Ha hecho alguna contribución en beneficio
de Victoria, de Tamaulipas?. No, que se sepa. Y
sin embargo, la aristocrática dama de apellido de raigambre democrático
reaparece en la capital de Tamaulipas en la búsqueda de más oportunidades de
“servicio público” …porque quedó desempleada. Su
oportunismo político se parece al de Francisco García Cabeza de Vaca con una
diferencia: ella es honesta y trabajadora. Algunos
observadores son presa del sospechosismo cuando preguntan intrigados si es
espontánea la llegada de Lidia a la capital de Tamaulipas o si tiene algo qué
ver con la no menos espectacular especulación desatada por la posibilidad del
re-lanzamiento de Gustavo Cárdenas Gutiérrez a la presidencia municipal. No
es un secreto que una mano tricolor que mece la cuna pero de residencia chilanga
intentó “inflar” la candidatura de un prominente panista en Matamoros
para sabotear el proyecto de otra panista, Leticia Salazar Vázquez. Una
perversa maniobra podría tener igual intención en Ciudad Victoria, para
bloquea, debilitar, arrinconar, aniquilar el proyecto gustavista. Porque
además, la señora Madero García trata de hacer aparentar que le haría un favor
a los victorenses con dejarse postular en pos de la alcaldía porque ella y su
familia decidieron residir en Nuevo León ante la insoportable inseguridad
tamaulipeca. Son
dos mentiras. Nuevo León no es más seguro que Tamaulipas y doña Lidia tiene
años de vivir en la Sultana del Norte. Bienvenida
la competencia política. Que los partidos postulen a sus mejores cartas porque
son los ciudadanos los que a final de cuentas ejercen el privilegio de escoger
a los que cree son las mejores, aunque no pocas veces se equivocan, como cuando
votaron por Fox, por Calderón. Por
cierto, Ramiro Ramos Salinas mandó decir que ya tienen fecha oficial de la
visita del presidente nacional del PRI César Camacho Quiroz. Será el viernes 1
de febrero, un solo día. Llegará
temprano vía aérea y de allí será llevado al Polyforum Victoria para compartir
el almuerzo con la clase política tamaulipeca. Al filo del medio día se reunirá
el doctor Camacho con los periodistas, allí mismo, y luego tendrá una encerrona
con empresarios, a la hora de la comida. Para
que tenga un baño de pueblo, César se reunirá con la estructura de terreno en
la colonia victorense Azteca en un evento coordinador por el presidente local
José Cárdenas Castillejos pero supervisado por la dirigencia estatal. Por
supuesto, habrá un encuentro privado con el ingeniero Egidio Torre Cantú para
sostener un intercambio de impresiones sobre la lista que ya estará lista para
esa fecha. Camacho
será testigo de honor en algunas actividades preparatorias de la participación
de la familia revolucionaria de Tamaulipas en la Asamblea Nacional Ordinaria
del PRI a celebrarse del 1 al 3 de marzo. Todavía
no es tema pero es inevitable que alguien se preocupe por promover la
restitución de los derechos de militancia partidista de Tomás Yarrington
Ruvalcaba ahora que la PGR reconozca como en el caso de los Generales
encarcelados, que las acusaciones enderezadas en su contra tienen sólo el
endeble respaldo de testigos protegidos. Nomás. El
PRI de la época se apresuró a deslindarse de Yarrington al dejar en suspenso
sus derechos de militancia como si eso fuera suficiente para lavar, limpiar su
imagen, es decir, lo condenó de antemano y puso distancia de por medio como si
temiera el contagio de una enfermedad llamada corrupción. Por
cierto, ahora que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó la
liberación de la francesa que cometió brutales delitos contra mexicanos pero
que no puede castigar porque se violaron sus derechos humanos, lo menos que
pueden hacer los Ministros en desagravio de la justicia burlada, es meter a la
cárcel a Genaro García Luna. Este
siniestro personaje, de los más consentidos por el no menos nefasto Felipe Calderón
Hinojosa, es el responsable de que la francesa disfrute ahora de impunidad,
debido a que su aprehensión y la de su novio y el resto de la banda de
secuestradores fue usada por el entonces Secretario de Seguridad Pública para
hacer una tele-novela “en vivo y a todo color”, donde él apareció como un gran
héroe. A
propósito de televisión, Carlos Marín entrevisto a Elba Esther Gordillo con el
tema de la reforma educativa y le sonsacó el ofrecimiento de someterse a un
escrutinio público en el rendimiento de cuentas de las multi-millonarias cuotas
sindicales. Tuvo
una omisión la entrevista: Marín no le preguntó por qué cree el sindicato (o
ella misma, que es lo mismo) que el gobierno federal priísta pretende
privatizar la educación. Esa
bandera política es una falacia que se tragan los profesores porque a muchos
les da flojera leer completo el texto de la reforma educativa. En
Ciudad Victoria, un señor que se ostenta como dueño vitalicio de un membrete
Asociación Estatal de Padres de Familia, Mariano Báez Aguilar, autorizó que se
usara su nombre como firmante de un manifiesto periodístico donde apoya al
SNTE. Lo
ridículo del caso es que Mariano cae en la trampa elbista al repudiar
abiertamente la intentona de privatizar la educación sin saber con certeza si
ese es el caso. En
cambio, Báez se hace el desentendido de los abusos que se cometen contra los
padres de familia cuando los obligan a pagar cuotas de inscripción de sus hijos
en las escuelas. Tenemos
información de un director de una escuela primaria de Río Bravo, la Miguel
Hidalgo, que inclusive exige que el pago se haga en dólares, cuatrocientos por
cráneo.
Todos lo saben, hasta las autoridades educativas, pero… Hablando
de sindicatos, el de trabajadores del IMSS está en proceso de renovar a la
directiva estatal y tienen prendidos focos rojos porque uno de los candidatos
tiene fama de rapaz. Se
llama Héctor López González, médico de profesión. Fue líder juvenil tricolor
con Martínez Manautou, Secretario de Salud en el gobierno de su compadre Tomás
Yarrington Ruvalcaba, presidente municipal de Ciudad Mante en el tristemente
célebre sexenio de Eugenio Hernández Flores, ahora próspero empresario en la
rama de laboratorios de análisis clínicos. Comentamos
en la columna anterior el libro de anécdotas que reeditará la próxima semana el
dos veces doctor Ramón Durón Ruiz. La siguiente no viene en ese texto pero nos
parece oportuno y pertinente publicarla dados los tiempos que corren. El
Gobernador Américo Villarreal Guerra (1983-1993) encaró duros episodios que
pusieron a prueba su capacidad de mando. El más emblemático porque estuvo a
punto de tumbarlo del cargo, ocurrió en mayo de 1991, con una matanza ocurrida
en el penal de Matamoros. Se
trató de un ajuste de cuentas entre bandas de delincuentes que se peleaban el
control del reclusorio, dejando un saldo de 17 personas muertas. Era
Presidente de la República Carlos Salinas de Gortari y algunos de sus
colaboradores querían hacer sentido el peso de su poder en las entidades
federativas, “castigando” a los Gobernadores que se resistían a plegarse a sus
dictados. Villarreal
Guerra era uno de ellos y sus detractores del Gabinete presidencial quisieron
aprovechar la circunstancia de violencia en el penal de Matamoros para forzarlo
a renunciar al cargo, mediante intensas presiones que incluían un linchamiento
en la prensa chilanga. Américo
reunió a su equipo de trabajo para deliberar sobre la conveniencia de presentar
su renuncia o hallar una salida política al conflicto. Optaron
por dar la batalla a los políticos del centro mediante dos estrategias básicas:
contratar deuda con la banca comercial para romper la asfixia económica
impuesta desde la Ciudad de México, y publicar desplegados en la prensa local y
la metropolitana, firmados por las fuerzas vivas apoyando a su Gobernador. Los
resultados fueron contundentes: “levantaron” en el Distrito Federal el castigo
a Tamaulipas y dejaron en paz al ingeniero Villarreal Guerra, que terminó
felizmente su encomienda sexenal. Son historias
aleccionadoras.
Alberto Guerra Salazar, autor de la columna Crónicas Políticas, colabora en diversos medios de comunicación en el Estado.
Además es propietario de la Agencia de Noticias ASI
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