Somos de costumbres. Las hay personales, de pareja, familiares, laborales y, no se diga, religiosas. Buena parte de nosotros...
Por: Melitón Guevara Castillo04/04/2010 | Actualizada a las 16:24h
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Somos de costumbres. Las hay personales, de pareja,
familiares, laborales y, no se diga, religiosas. Buena parte de nosotros
creemos en un Ser Supremo, o en un Arquitecto del Universo; esa creencia o fe
se refrenda en sus actos litúrgicos y la iglesia católica acaba de verificar,
escenificar, recordar el juicio de Jesus, su calvario, crucifixión… los fieles
católicos abarrotaron las iglesias y salieron a la calle a evidenciar su fe. En términos religiosos, la Semana Santa, es la
oportunidad para la meditación, para reflexionar, sobre nuestras creencias, la
fe, sobre el significado de la vida, hechos y momentos que vivió Jesús. En
términos seculares, Semana Santa, es la oportunidad para hacer, exactamente lo
contrario: festejar, divertirse, claro, con la familia. ¿Qué esta pasando con la iglesia católica? Hay realidades
ineludibles: gradualmente está perdiendo feligreses, mismos que van a engrosar
a las filas de los cristianos y/o protestantes. La masificación católica es su
desventaja ante otros grupos religiosos: la cercanía, el mayor contacto, entre
el ministro religioso y sus feligreses, hace que se incremente el potencial de
los grupos no católicos. Si nos centramos en las costumbres de Semana Santa, no
tan religiosas, como ir a la playa, a los ríos, a los balnearios, el balance es
negativo: los medios de comunicación dieron cuenta de la disminución del
turismo recreativo en Semana Santa. Incluso, hay otro dato: el pescado y los
mariscos no se consumieron en proporción con otros años. Estos cambios, sin
duda, son consecuencia, no de la fe, pero si de la crisis económica. La iglesia católica sigue siendo, en el caso de México,
la religión mayoritaria. Sin embargo, su gradual perdida de seguidores, es la
acumulación sistemática de errores de algunos de sus miembros, que la ha
colocado en el ojo del huracán de la opinión pública. Recientemente, por
ejemplo, se ventilo el caso de Jesús Maciel, el fundador de los Legionarios de
Cristo: se reconocieron sus abusos y se hizo público su matrimonio e hijos del
mismo. Las múltiples acusaciones de “pederastia” de algunos
miembros de la iglesia católica es, quizá, lo que más daño le hace. Esta Semana
Santa, incluso, el Papa Beneficto XVI sufrió embates mediáticos sobre presuntos
encubrimiento. Los medios de comunicación casi de manera cotidiana difunden
informaciones en el mismo sentido; lo que provoca, incluso, que otros grupos
religiosos aprovechen para llevar agua a su molino, hacer comparaciones,
reflexiones y comentarios. A la larga, la fortaleza y la credibilidad de la
iglesia católica se hace más vulnerable. No se si sea la edad. Con cierta frecuencia me topo con
amigos. Unos de la generación de secundaria; otros de la Preparatoria o la
universidad, y encuentro una constante: se ha intensificado en ellos su
religiosidad. La manifiestan en sus conversaciones, en sus correos y hasta en
sus interacciones de las redes sociales. Enfatizan una nueva vida, de paz, de
orden, de tranquilidad, porque han encontrado en su fe religiosa una luz que
los hace diferentes. Y el dato significativo es que, esa renovación o refuerzo
de la fe, no es consecuencia de la iglesia católica. Comentarios: meligue@prodigy.net.mx
Melitón Guevara Castillo.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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