El Anzuelo...
Y ha de andar brincando en un cuerno de contento
por El Fisgón
Por: Juan Sánchez-Mendoza
En los 22 distritos electorales en que se divide la
geografía tamaulipeca y 19 de los 43 municipios, la designación de los
candidatos priistas se hará bajo el método de convención de delegados –es
decir, unidad--, mientras en las 24 demarcaciones restantes se recurrirá a la
elección directa –que significa consultar a la base--, aun cuando el tricolor
vaya en alianza con el Panal en cinco distritos y en dos con el ecologista, así
como en 40 (de 43) municipios para renovar ayuntamientos.
Por tanto, habrán de respetarse tanto los tiempos
del PRI como sus métodos selectivos.
Y ambos procedimientos son válidos –como claramente
lo consigna el artículo 181 de los estatutos partidistas, que igual privilegian
el método de usos y costumbres, aunque en realidad éste no aplica en
Tamaulipas--, y al tenor de la determinación deberán conducirse todos y cada
uno de los aspirantes, si acaso tienen interés en participar en la contienda
formal para alcanzar la nominación a una curul o alcaldía.
En cuanto a las candidaturas a diputaciones locales
éstas 22 habrán de definirse mediante acuerdos cupulares (entre los grupos de
interés de cada localidad, advierto), pa’ evitar que el espectro del
divisionismo surja en el actual proceso con tanta intensidad como en otros
tiempos.
Y respecto a las alcaldías, atrapa mi atención que
los 10 municipios considerados más sobresalientes del estado –merced a su
población y el crecimiento económico que registran--, en esta contienda
constitucional tiendan a resolver las candidaturas priistas por consenso, lo
que quiere decir que quienes aspiran a la presidencia municipal de esas
localidades deben ponerse de acuerdo, so pena de ser marginados por el alto
mando político estatal, que no anima ni frena intención político-electoral alguna.
Los 19 municipios que tendrán candidato a alcalde
bajo el principio de unidad partidista, son Aldama, Altamira, Ciudad Madero, El
Mante, González, Gustavo Díaz Ordaz, Hidalgo, Matamoros, Miguel Alemán,
Miquihuana, Nuevo Laredo, Reynosa, Río Bravo, San Carlos, San Fernando, San
Nicolás, Tampico, Valle Hermoso y Victoria.
Y como Usted bien puede apreciar, en la lista
aparecen los llamados municipios grandes, por lo que las reyertas entre los
grupos que son afines a cada precandidato tienden a terminar antes de que
finalice el año en curso, pues de otra forma será el mismo presidente del
Comité Directivo Estatal (CDE) priista, Ramiro Ramos Salinas, quien deba de
meterlos en orden personalmente.
Sobre todo cuando una y otra vez ha llamado a la
unidad partidista, por ser ésta la mejor forma de que el tricolor mantenga la
supremacía en el Poder Legislativo y conserve, también, la mayoría de los
ayuntamientos.
Durante su gestión, por cierto, Ramos Salinas ha
hecho lo adecuado al ir al encuentro de la gran familia revolucionaria de todo
Tamaulipas, pues tiene en claro que sólo ejerciendo una política cercana a la
gente, humanista y de respeto, será posible lograr los acuerdos sustantivos que
fortalezcan al PRI durante el siguiente mes, que es cuando realmente arreciará
la etapa preelectoral, toda vez que la oposición pondría en marcha sus propios
tiempos.
En fin, una vez definidos los métodos, lo que
espera es la disciplina de cuadros.
Y más de tantos acelerados, que, según se observa,
ha empezado a coquetear con las empresas encuestadoras tratando de que sus
estudios de opinión los ubiquen en los primeros lugares.
Desorden distrital
Hasta hoy, incluso, en los 22
distritos electorales de Tamaulipas, la gente ya está cansada de que algunos
políticos quieran confundirla; que quieran engañarla.
Por eso los ciudadanos que de
una u otra forma ya son actores principales del proceso comicial 2012-13,
quieren estar enterados del alcance y los objetivos de cada partido y más de
sus precandidatos, para no dar lugar a interpretaciones irresponsables que
mermen aún más la dañada credibilidad que existe hacia los políticos.
Es aquí, entonces, cuando
cobran mayor importancia los medios de comunicación masiva impresos y
audiovisuales, que hacen más oportuna y ágil la información política, alentando
la verdadera construcción de la democracia.
Por tanto, así como avanza la
pluralidad, la prensa y los partidos políticos deben contribuir a la formación
de una conciencia estatal crítica y responsable. Sin suspicacias.
La recompensa, claro está,
será muy alta: ver a los tamaulipecos comprometidos y actuantes, libres, en
este proceso electoral, donde no debieran tener cabida los demagogos ni
oportunistas que buscan publicitar cuanta mentira se les ocurre, en aras de
obtener la nominación codiciada.
Destapes de bajo impacto
Un grupo de analistas y
líderes de opinión coincide en que los destapes de moda no han logrado impactar
a la sociedad y sí, por el contrario, generan hartazgo y exhiben bajo nivel de
competencia.
Esto se da porque los
aspirantes a las candidaturas al Congreso de Tamaulipas y las 43 presidencias
municipales, sus asesores sabelotodo y los panegiristas que los acompañan, han
sustituido el ejercicio político de altura por el pleito callejero.
A la menor provocación los
corifeos, panegiristas, lambiscones y lacayos del montón de aspirantes (de
todos los partidos) se lanzan a la yugular de quienes consideran adversarios,
sin que les importe que los ojos de la ciudadanía estén puestos en ellos ni que
sus riñas motiven la crítica fundamentada de los medios de comunicación masiva,
que ante lo insulso de las ofertas optan por destacar temas de menor
trascendencia.
Todos sabemos cuáles son los
problemas centrales que aquejan a la población.
De ahí que el mensaje simplón
de quienes aspiran a ser nominados no aporte mucho, aun cuando en “sus
filtraciones” a la prensa o en su perorata saquen a relucir la trillada
letanía: empleo y seguridad; justicia y educación; amén de un sinnúmero de
apoyos, aumentos, disminuciones, becas y la creación de instituciones,
etcétera, que prometen gestionar una vez trepados en el poder, aunque para ello
condicionan que primero se les apoye para ganar la candidatura y luego la
elección formal.
Así, lo que ve, lee y escucha
el elector, en todo caso, no pasa de ser un catálogo de buenas intenciones,
cuya diferencia entre uno y otro prospecto lo marca el énfasis que cada cual
aplica a su discurso.
El problema del bajo perfil
que registra su aspiración no se da porque los contendientes expongan las
necesidades de los segmentos poblacionales que habitan en el país, sino por la
manera ambigua en que plantean superar dichas carencias y rezagos. Es decir, no
exponen con claridad cuáles son sus estrategias específicas, partiendo de lo
que hasta ahora se ha realizado y dejado de hacer.
Esto es lo que podría
distinguir a un proyecto de otro.
Lo peor del caso es que se
niegan a reconocer públicamente sus aspiraciones.
Perorata gastada
El electorado estatal de
ningún modo pretende encontrar en la boca de los aspirantes resultados mágicos,
pero sí un mensaje coherente que evidencie compromisos y el conocimiento acerca
de lo que éstos ofertan.
Me explico: si se trata de
combatir la delincuencia, lo más indicado es que digan cómo planean hacerlo,
pues no basta con echarle la culpa a las instituciones o a las actuales
autoridades, sino de ir al fondo del asunto que amenaza la tranquilidad
familiar tanto en la zona fronteriza como en el centro y sur del estado.
Por tanto, el reclamo
ciudadano es vigente y válido, en virtud a que transcurren legislaturas y
administraciones municipales sin que se puedan desterrar los vicios en el
ejercicio del poder, dada la incapacidad de los funcionarios que justifican su
ineficacia arguyendo no haber tenido tiempo suficiente para lograrlo.
Igual es entendible que la
población se sienta agraviada y exija algo más que su buena y noble voluntad.
Merced a lo anterior, el
cuestionamiento es elemental: ¿por qué la gente tiene que creerle a tal o cuál
aspirante, si en más de una ocasión ha escuchado brillantes piezas oratorias
sobre la problemática que sufre y al respecto, en el mejor de los escenarios,
poco se le resuelve?
Em@il: jusam_gg@hotmail.com
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