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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Selección en puerta

Por: Juan Sánchez-Mendoza 13/01/2013 | Actualizada a las 22:22h
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En los 22 distritos electorales en que se divide la geografía tamaulipeca y 19 de los 43 municipios, la designación de los candidatos priistas se hará bajo el método de convención de delegados –es decir, unidad--, mientras en las 24 demarcaciones restantes se recurrirá a la elección directa –que significa consultar a la base--, aun cuando el tricolor vaya en alianza con el Panal en cinco distritos y en dos con el ecologista, así como en 40 (de 43) municipios para renovar ayuntamientos.
 
Por tanto, habrán de respetarse tanto los tiempos del PRI como sus métodos selectivos.
 
Y ambos procedimientos son válidos –como claramente lo consigna el artículo 181 de los estatutos partidistas, que igual privilegian el método de usos y costumbres, aunque en realidad éste no aplica en Tamaulipas--, y al tenor de la determinación deberán conducirse todos y cada uno de los aspirantes, si acaso tienen interés en participar en la contienda formal para alcanzar la nominación a una curul o alcaldía.
 
En cuanto a las candidaturas a diputaciones locales éstas 22 habrán de definirse mediante acuerdos cupulares (entre los grupos de interés de cada localidad, advierto), pa’ evitar que el espectro del divisionismo surja en el actual proceso con tanta intensidad como en otros tiempos.
 
Y respecto a las alcaldías, atrapa mi atención que los 10 municipios considerados más sobresalientes del estado –merced a su población y el crecimiento económico que registran--, en esta contienda constitucional tiendan a resolver las candidaturas priistas por consenso, lo que quiere decir que quienes aspiran a la presidencia municipal de esas localidades deben ponerse de acuerdo, so pena de ser marginados por el alto mando político estatal, que no anima ni frena intención político-electoral alguna.
 
Los 19 municipios que tendrán candidato a alcalde bajo el principio de unidad partidista, son Aldama, Altamira, Ciudad Madero, El Mante, González, Gustavo Díaz Ordaz, Hidalgo, Matamoros, Miguel Alemán, Miquihuana, Nuevo Laredo, Reynosa, Río Bravo, San Carlos, San Fernando, San Nicolás, Tampico, Valle Hermoso y Victoria.
 
Y como Usted bien puede apreciar, en la lista aparecen los llamados municipios grandes, por lo que las reyertas entre los grupos que son afines a cada precandidato tienden a terminar antes de que finalice el año en curso, pues de otra forma será el mismo presidente del Comité Directivo Estatal (CDE) priista, Ramiro Ramos Salinas, quien deba de meterlos en orden personalmente.
 
Sobre todo cuando una y otra vez ha llamado a la unidad partidista, por ser ésta la mejor forma de que el tricolor mantenga la supremacía en el Poder Legislativo y conserve, también, la mayoría de los ayuntamientos.
 
Durante su gestión, por cierto, Ramos Salinas ha hecho lo adecuado al ir al encuentro de la gran familia revolucionaria de todo Tamaulipas, pues tiene en claro que sólo ejerciendo una política cercana a la gente, humanista y de respeto, será posible lograr los acuerdos sustantivos que fortalezcan al PRI durante el siguiente mes, que es cuando realmente arreciará la etapa preelectoral, toda vez que la oposición pondría en marcha sus propios tiempos.
 
En fin, una vez definidos los métodos, lo que espera es la disciplina de cuadros.
 
Y más de tantos acelerados, que, según se observa, ha empezado a coquetear con las empresas encuestadoras tratando de que sus estudios de opinión los ubiquen en los primeros lugares.
 
Desorden distrital
 
Hasta hoy, incluso, en los 22 distritos electorales de Tamaulipas, la gente ya está cansada de que algunos políticos quieran confundirla; que quieran engañarla.
 
Por eso los ciudadanos que de una u otra forma ya son actores principales del proceso comicial 2012-13, quieren estar enterados del alcance y los objetivos de cada partido y más de sus precandidatos, para no dar lugar a interpretaciones irresponsables que mermen aún más la dañada credibilidad que existe hacia los políticos.
 
Es aquí, entonces, cuando cobran mayor importancia los medios de comunicación masiva impresos y audiovisuales, que hacen más oportuna y ágil la información política, alentando la verdadera construcción de la democracia.
 
Por tanto, así como avanza la pluralidad, la prensa y los partidos políticos deben contribuir a la formación de una conciencia estatal crítica y responsable. Sin suspicacias.
 
La recompensa, claro está, será muy alta: ver a los tamaulipecos comprometidos y actuantes, libres, en este proceso electoral, donde no debieran tener cabida los demagogos ni oportunistas que buscan publicitar cuanta mentira se les ocurre, en aras de obtener la nominación codiciada.
 
Destapes de bajo impacto
 
Un grupo de analistas y líderes de opinión coincide en que los destapes de moda no han logrado impactar a la sociedad y sí, por el contrario, generan hartazgo y exhiben bajo nivel de competencia.
 
Esto se da porque los aspirantes a las candidaturas al Congreso de Tamaulipas y las 43 presidencias municipales, sus asesores sabelotodo y los panegiristas que los acompañan, han sustituido el ejercicio político de altura por el pleito callejero.
 
A la menor provocación los corifeos, panegiristas, lambiscones y lacayos del montón de aspirantes (de todos los partidos) se lanzan a la yugular de quienes consideran adversarios, sin que les importe que los ojos de la ciudadanía estén puestos en ellos ni que sus riñas motiven la crítica fundamentada de los medios de comunicación masiva, que ante lo insulso de las ofertas optan por destacar temas de menor trascendencia.
 
Todos sabemos cuáles son los problemas centrales que aquejan a la población.
 
De ahí que el mensaje simplón de quienes aspiran a ser nominados no aporte mucho, aun cuando en “sus filtraciones” a la prensa o en su perorata saquen a relucir la trillada letanía: empleo y seguridad; justicia y educación; amén de un sinnúmero de apoyos, aumentos, disminuciones, becas y la creación de instituciones, etcétera, que prometen gestionar una vez trepados en el poder, aunque para ello condicionan que primero se les apoye para ganar la candidatura y luego la elección formal.
 
Así, lo que ve, lee y escucha el elector, en todo caso, no pasa de ser un catálogo de buenas intenciones, cuya diferencia entre uno y otro prospecto lo marca el énfasis que cada cual aplica a su discurso.
 
El problema del bajo perfil que registra su aspiración no se da porque los contendientes expongan las necesidades de los segmentos poblacionales que habitan en el país, sino por la manera ambigua en que plantean superar dichas carencias y rezagos. Es decir, no exponen con claridad cuáles son sus estrategias específicas, partiendo de lo que hasta ahora se ha realizado y dejado de hacer.
 
Esto es lo que podría distinguir a un proyecto de otro.
 
Lo peor del caso es que se niegan a reconocer públicamente sus aspiraciones.
 
Perorata gastada
 
El electorado estatal de ningún modo pretende encontrar en la boca de los aspirantes resultados mágicos, pero sí un mensaje coherente que evidencie compromisos y el conocimiento acerca de lo que éstos ofertan.
 
Me explico: si se trata de combatir la delincuencia, lo más indicado es que digan cómo planean hacerlo, pues no basta con echarle la culpa a las instituciones o a las actuales autoridades, sino de ir al fondo del asunto que amenaza la tranquilidad familiar tanto en la zona fronteriza como en el centro y sur del estado.
 
Por tanto, el reclamo ciudadano es vigente y válido, en virtud a que transcurren legislaturas y administraciones municipales sin que se puedan desterrar los vicios en el ejercicio del poder, dada la incapacidad de los funcionarios que justifican su ineficacia arguyendo no haber tenido tiempo suficiente para lograrlo.
 
Igual es entendible que la población se sienta agraviada y exija algo más que su buena y noble voluntad.
 
Merced a lo anterior, el cuestionamiento es elemental: ¿por qué la gente tiene que creerle a tal o cuál aspirante, si en más de una ocasión ha escuchado brillantes piezas oratorias sobre la problemática que sufre y al respecto, en el mejor de los escenarios, poco se le resuelve?
 
Em@il: jusam_gg@hotmail.com

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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