Resulta por demás increíble que sucedan cosas tan extrañas como el hecho de que particulares se apropien...
Por: Carlos Santamaría Ochoa01/04/2010 | Actualizada a las 18:28h
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Resulta por demás increíble que sucedan cosas tan extrañas como el hecho de
que particulares se apropien de lo que por derecho nos corresponde a los
mexicanos. Uno de esos grandes tesoros, sin duda alguna, son las playas, y en
Tamaulipas tenemos la nada despreciable cantidad de 420 kilómetros con ese
encantador panorama: arena, agua, sol y olas.
La playa constituye uno de los grandes paseos: en esta temporada de Semana
Santa, miles de personas acceden a nuestros puntos turísticos por excelencia:
Bagdad, Barra del Tordo, La Pesca, Carbonera y Miramar, entre muchos otros
puntos.
Cabe destacar que el complejo turístico que impulsa el gobernador Eugenio
Hernández Flores constituye un gran esfuerzo por que haya más puntos de
explotación turística, todo, encaminado a que se pueda tener mayor ingreso
tanto a nivel oficial como de los habitantes de estas zonas, como también cuidar
el aspecto ecológico que tan golpeado ha estado en las últimas décadas en todo
el mundo.
La contaminación y demás problemas como la inversión térmica y lo que hace
el ser humano por destruir al planeta, pasan factura, tarde o temprano.
Sin embargo, en Altamira, junto a Madero y Tampico, la empresa Dupont tiene
secuestrada una playa, conocida como Dunas Doradas, y habitantes de la colonia
Nuevo Madero han hecho llegar sus inconformidades al alcalde Héctor Villarreal,
porque avala con su falta de energía el que un kilómetro y medio de playa esté
en poder de la empresa en mención.
Recordemos, las playas son propiedad de la Nación y no pueden entregarse en
propiedad a ninguna empresa. Desconocemos si exista la figura mañosamente
legalizada del “comodato” o algo por el estilo, que seguramente fue creada
cuando aquel dirigente petrolero apodado “La Quina” dispuso de la zona sur de
la entidad y regaló a sus incondicionales y uno que otro delincuente, partes de
nuestro patrimonio: las playas.
Hoy, hay muchas casas de ex petroleros y de potentados que tienen “playa
privada”. Este término no debiera existir legalmente.
Los cuates de Dupont, según los quejosos, están “trabajando” y no permiten
el libre acceso a la playa. Hemos escrito antes que en Europa, y
específicamente en Galicia, la Xunta –Gobierno- ordenó la demolición de
residencias, quintas y hoteles que se construyeron en el litoral gallego, para
dejar libre lo que es patrimonio de sus ciudadanos. Las inconformidades
surgieron, pero el gobierno gallego se sostuvo y hoy están libres de
propiedades privadas, o al menos, su enorme mayoría.
El alcalde de Altamira dijo que la playa Dunas Doradas es propiedad
privada, y que año con año el particular al que pertenece, durante esta
temporada de Semana Santa permite el acceso a los habitantes de Altamira, y
como opción se sugería la entrada a la playa de Petroquímicos.
¿De qué se trata?
¿Cualquiera puede tener su playa? Los vicios de La Quina y otros tipos
abusivos que hicieron lo que quisieron con las leyes deben de terminar.
Se entiende que las empresas se deben cuidar, más ahora que vienen tiempos
difíciles cuando la recesión obliga a algunas al cierre, y a otras, a recortar
sus actividades, propiciando un estrangulamiento en la economía local.
El gobierno tamaulipeco ha promovido empresas para captar fuentes de
empleo, ingresos e infraestructura, y por otra parte, ha fomentado también el
crecimiento de la infraestructura hotelera, sin embargo, consideramos que debe
hacerse algo al respecto, porque duele llegar a Miramar, ese rincón del paraíso
tamaulipeco ubicado en el municipio de Madero y ver construcciones del lado de
la playa.
Insistimos, en España, las construcciones y hoteles están, por decirlo así,
del otro lado de la calle, es decir, la playa está completamente libre; en
ellas solo hay servicios para bañarse que son gratuitos, sanitarios y punto,
aunque algunas tienen sistema de alumbrado. No hay más.
Lo que es negocio, se encuentra en la otra parte.
¿Será muy difícil hacer lo mismo?
Todavía se puede recuperar el terreno que es patrimonio de todos, y nuestro
“cachito” de playa debe ser respetado, para que, cuando lleguen días como los
que vivimos en esta Semana Santa, podamos ir a ensuciarnos con la arena, a batallar
con el aire y la brisa marina, a sufrir una que otra revolcada por una atrevida
ola o a tener que padecer las quemaduras del sol por excesiva exposición.
También, podemos llegar a disfrutar de las maravillas que significan el
vivir un momento, días, horas, minutos o segundos, en una de nuestras
maravillosas playas tamaulipecas.
Hay que poner orden, aunque entendemos que esto es competencia del gobierno
federal que no ha sabido ganar la autoridad y respeto de quienes infringen sus
leyes.
Ojalá recuperemos las playas, por el bien de todos.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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