Por: Melitón Guevara Castillo08/01/2013 | Actualizada a las 17:24h
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Viendo lo que sucede en México, en Tamaulipas con mayor precisión, de
pronto uno se pregunta: ¿para qué sirven los partidos políticos? Y es que,
existen en todo el mundo, y en México no es la excepción; pero los vemos llenos
de líderes y políticos, unas más corruptos que otros, más interesados en
servirse, que en servir a la sociedad, que la pregunta es necia: ¿hasta cuándo
van a durar?
Y la respuesta es simple: la ciudadanía tiene la solución para el cambio. Los
partidos políticos nacieron para representar a la sociedad; claro, pensadores
de sus inicios, como Edmund Burke, no batallaron para concluir que en la práctica
estas organizaciones dividen a la sociedad: lo ideal, es que la dividen por
cuestiones de ideas, de doctrina. Pero que, ya como gobernante, el partido en
el poder, tiene que gobernar para todos.
Viene a cuento lo anterior por un detalle que llama mucho la atención: el
PANrealizo en diciembre una
reafiliación; ratificaron la que tenia y resulto que, al contar, más de la
mitad simplemente dejaron de pertenecer o ser adherente al partido…bueno, hasta
Vicente Fox no quiere nada con los blanquiazules. ¿Qué fue lo que sucedió?
Algo muy simple: el PAN siempre fue, desde que nació, un partido de elite, de
pocos miembros; pero al momento de llegar al poder, hagan de cuenta que se convirtió
en un imán, y los registros de activos y de adherentes crecieron como la
espuma: fue por intereses, por conveniencia, ha dicho Gustavo Madero, el actual
líder nacional.
El PAN nació como un partido de “elite”, poco miembros; porque en la teoría,
estos partidos tienen la mística de la calidad de sus miembros, son notables.
Muy al contrario son los partidos de masas, como el PRI, que desde su origen
tuvo su fuerza y fortaleza en las masas populares: el sector obrero y el sector
campesino, luego el sector obrero.
A partir de esta semana empieza a nacer un nuevo partido político: MORENA, es
el partido que impulsa, como fundador, Andrés Manuel López Obrador; será un
partido de masas, porque así está acostumbrado: a que las masas lo vitoreen, lo
aplaudan y lo sigan. Sera un partido más que nace con el estigma de que será
parte de su patrimonio, será su dueño… así como Elba Esther lo es del PANAL
como Jorge González del Verde o Dante Delgado de Movimiento Ciudadano.
En la práctica no importa si los partidos políticos son de “masas” o de
“elite”. Importa, eso sí, que realmente representen a la sociedad, o a una
parte de ella; en el caso de México, para los expertos, existe una
“partidocracia”, porque la elite o la cúpula del poder de cada partido lo que
hacen es usufructuar, adueñarse, de ventajas, de prebendas y prerrogativas y se
olvidan del pueblo.
Enrique Peña Nieto, como Presidente emanado del PRI, tiene un reto: demostrar,
evidenciar, con hechos que viene de un nuevo PRI, que es parte de una
generación que no recuerda, ni conoce, al viejo PRI, ese que fortaleció Lázaro
Cárdenas, que hizo Presidente a Gustavo Díaz Ordaz y a Miguel de la Madrid,
solo por dar uno que otro nombre.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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