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Sección: Editoriales / Anecdotario

El 4 de enero

Por: Javier Rosales Ortiz 04/01/2013 | Actualizada a las 14:51h
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Observar sus rostros sonrientes, abrazarlos, sentir su calor y su buena vibra, inyecta energía para iniciar bien este nuevo año.
 
Ver a esas caras conocidas en las que ya surcan las arrugas y las otras de jóvenes que se incorporaron a la brega, de ellos que aun no saben que esta carrera es de ilusiones y desilusiones, de tragos dulces y amargos y de inevitable, peligro.
 
Caer por accidente en esta profesión, como es mi caso, fue lo más delicioso que he saboreado en mi vida, puesto a lo largo del camino la cosecha de amigos ha sido abundante y los momentos tan gratos que han marcado mi existencia, solo la muerte los borrara de la mente.
 
Y digo, esto, porque la escasez de recursos para cursar la carrera de Arquitectura me movió hacia de la Sicología en Nuevo León, donde luego de tres meses emigré horrorizado, convencido de que nunca podría penetrar en otra cabeza hasta que no pusiera en orden la mía.
 
Fueron meses que se perdieron entre las indecisiones, la confusión  y el desaliento, hasta que, aunque parezca paradójico, opté por la carrera de Periodismo para tratar de comprender el trabajo de los que hoy llaman  “mastines” de la televisión nacional, a los que tanto aborrecí en aquel tiempo.
 
Pero hoy, ya calado en esta profesión y con más años encima, estoy convencido de que no opté por una mala decisión, en razón de que el periodismo es lo mío, porque desde una modesta tribuna se aprende a defender una postura y, sin egoísmo y con cierto riesgo, a hacer eco de la voz de quien se siente desprotegido y pisoteado.
 
Son, los periodistas de Ciudad Victoria, Tamaulipas, como una familia grande que sigue creciendo.
 
Los periodistas, son, quienes con una espátula van delineando el rostro de una ciudad, de una sociedad, de un político y de un gobierno.
 
Son, testigos de lo bueno, de lo malo y de lo cruel que viene marcando la historia de un estado y de un país como México, que no vive hoy su mejor momento.
 
Este 4 de Enero cerca de un centenar de periodistas se concentraron en la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús de la capital de Tamaulipas, donde Don David Martínez Reyna, les pidió en una misa en su honor que no se suelten de la mano de Dios porque su trabajo es peligroso y solo él los puede proteger.   
 
Conocido por sus opiniones políticas que calan y por sus criticas que hacen reflexionar, quien mejor que Don David para oficiar esa misa el Día del Periodista, y para hacer valer el legado de Manuel Caballero, el iniciador del reporterismo en este país, quien falleció en 1826.
 
Porque soy uno más de ellos, se vale reconocer el trabajo y el valor de mis compañeros reporteros, columnistas, fotógrafos y camarógrafos que dejan su vida en la brega y que día tras día buscan un espacio para convertirse un poco en cómplices de quienes piden que su grito no se pierda en el desierto.
 
Y a todos aquellos periodistas que ya no están entre nosotros saben que aun se les recuerda porque dejaron huella, porque su ejemplo perdura.
Feliz 4 de Enero, compañeros.
 
Correo electrónico: javo-ortiz@hotmail.com      

Javier Rosales

Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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