No aguantaron el año y ya se fueron. Los personajes que manejan la empresa Aeroméxico han dejado de nueva cuenta colgados sus compromisos con Tamaulipas y sus autoridades...
Por: Carlos Santamaría Ochoa31/03/2010 | Actualizada a las 16:48h
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No aguantaron el año y ya se fueron. Los personajes
que manejan la empresa Aeroméxico han dejado de nueva cuenta colgados sus compromisos
con Tamaulipas y sus autoridades, y nos dejan con un palmo de narices: se acabó
ayer el vuelo México-Victoria y el Victoria-México.
Y lo anterior se fundamenta en el anuncio que en su
tiempo hizo el secretario de Desarrollo Económico y del Empleo, Alfredo
González Fernández nos hizo abrigar esperanzas que, finalmente, no se
cumplieron, y no porque las autoridades fallen, sino porque la empresa volvió a
quedar mal en sus compromisos.
Debemos recordar que cuando llega una línea aérea
siempre ponen muchos "peros", y el gobierno estatal hace lo posible
porque usted y yo contemos con el servicio. En el caso de Aeroméxico,
solicitaron inclusive la garantía de cierto número de plazas en cada vuelo, que
nos explica que únicamente piensan en el negocio, en la voracidad de llevarse
la mayor cantidad de dinero posible.
En este sentido, es digno de elogio el esfuerzo que
hace una empresa como Aeromar, que, a veinte años de distancia, sigue
ofreciendo el servicio de la capital del país a la capital de Tamaulipas, y
mire que hemos visto vuelos con 4 o 5 pasajeros.
El compromiso que tiene esta empresa que maneja Ami
Lindenberg, presidente y director general, es serio, y ha aguantado todo,
inclusive, algunos gestores oficiales en estas dos décadas que han ofrecido más
beneficios a esas empresas que llegan, cobran, y luego se van.
Ya sucedió con Mexicana y su filial
"Click": usted recordará, que nos dejó también "colgados"
con toda la promoción e infraestructura que se desarrolló; hoy, Aeroméxico hace
lo mismo con los victorenses.
Dan ganas, sinceramente, de pedirles que se vayan
del estado y promover a las aerolíneas que han demostrado interés en nosotros.
Hay que destacar que Aeromar nace en 1987, e inicia
operaciones ese mismo año en el aeropuerto internacional de Toluca, allá por el
mes de noviembre.
Ya en el año siguiente se traslada al Aeropuerto
Internacional de la Ciudad de México, y entonces ya contaba con 3 equipos
(aviones) del tipo ATR-42, de hélices y que constituyen una enorme seguridad
para el viajero, 170 vuelos tenían en aquel entonces.
Es importante señalar que hoy en día opera 610
vuelos semanales en 18 aeropuertos, y su eficiencia según estadísticas en
cuanto a puntualidad es del 99 por ciento -registrado-, lo que habla de que es
una empresa que se maneja con gente que sabe de aviación y no los que llegan
con su dinerito, compran aviones y juegan a la línea aérea como muchas que han
nacido y muerto en el contexto de la aviación civil.
Mexicana, por ejemplo, tenía privilegios en Tampico
por ser este sitio la cuna de la aviación comercial, y sin embargo, hace unos
meses nos dejaron argumentando falta de oportunidades en cuanto a ganancias.
Tanto tiempo ganando y no aguantaron la crisis.
En este sentido, el columnista destaca que Aeromar
nació para nosotros hace más de veinte años, y desde entonces, los gobiernos
han escuchado propuestas comerciales que aseguran ser la solución a la aviación
comercial entre la capital de Tamaulipas y el Distrito Federal, sin embargo,
cumplen a fuerza un convenio signado y se van.
En este sentido, consideramos que sería muy
conducente un acercamiento más personalizado entre las autoridades estatales a
través de don Alfredo González Fernández y don Ami Lindenberg, para que se
consolide el servicio que nos han ofrecido por más de dos décadas, que se les
pueda apoyar en algo más para que nos garanticen, como hasta ahora, que podamos
viajar al D.F. a atender asuntos de diversa índole con la certeza de que
llegaremos puntual y bien, y que regresaremos de la misma manera.
Es, dicen algunos, una empresa chica, pero lo
cierto es que Aeromar ha sido la base de nuestra conexión aérea durante
muchos años, y merece el reconocimiento del viajero y de las autoridades tanto
de turismo como de desarrollo industrial y comercial, del propio gobierno
estatal que, está interesado en establecer el puente de comunicación entre
ambos puntos de la geografía nacional.
Aeromar no nos ha fallado. ¿Qué es más costoso que
otras? Es probable, pero lo cierto es que, como ha sucedido con Mexicana y
Aeroméxico, no nos deja "tirados", como suele suceder, porque con
estos que ya se van -Mexicana-, es común permanecer por horas en el aeropuerto
de la ciudad de México, esperando una nueva conexión, por retraso o suspensión
del vuelo.
Esos conflictos son pan de cada día, por eso las
aerolíneas mexicanas no progresan. ¿Y así quieren que se les reconozca? ¡Por
favor! Victoria merece líneas serias, y en ese sentido, tenemos una que no nos
ha fallado; hay que reconocer el trabajo de Aeromar, y apoyarlo para bien de
todos.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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