La expropiación petrolera de 1938 fue sin duda el episodio cimero en la construcción del nacionalismo mexicano después de la Revolución ...
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas30/03/2010 | Actualizada a las 23:02h
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Marzo, mes de la expropiación 4. Política exterior y política interior (Concluye) La expropiación petrolera de 1938 fue sin duda el
episodio cimero en la construcción del nacionalismo mexicano después de la
Revolución y uno de los sustentos ideológicos y programáticos del moderno
Estado mexicano. En materia de política exterior, redefinió la naturaleza de la
relación con los Estados Unidos y con Inglaterra e influyó en las
determinaciones jurídicas sobre los recursos naturales en los países de América
Latina. Fue un paradigma en el sentido de que contuvo casi todos los elementos
que después se encontrarían en otras manifestaciones nacionalistas, muchas de
las cuales se modelaron más o menos conscientemente en la experiencia mexicana.
Al mismo tiempo fue particularmente dramática precisamente por haber sido el
primer suceso de esa naturaleza: la expulsión de empresas petroleras
extranjeras de un país subdesarrollado en nombre de la soberanía nacional. El
ejemplo mexicano facilitó la consumación de expropiaciones en otras latitudes. En mayo de 1938 Cubapromulgó una ley que reservó al Estado los
derechos sobre los recursos minerales, limitó a treinta años las concesiones e
impuso una tasa del 10% a la producción; en agosto siguiente Costa Ricaintentó nacionalizar los servicios de luz,
transporte y telefonía; en Colombia la producción petrolera fue declarada de
utilidad pública y por lo tanto sujeta a expropiación; en 1939 Chile organizó
un monopolio gubernamental para la distribución y venta de petróleo; en 1941
Ecuador promulgó una ley minera basada en la de México; Brasilnacionalizó la industria petrolera y decretó
la propiedad estatal sobre los depósitos de carburo y las refinerías; Uruguayexpropió seis refinerías angloamericanas y en
1949 Argentina incorporó preceptos constitucionales nacionalistas en materia de
recursos del subsuelo. Raúl Benítez nos recuerda que el ejemplo mexicano al
resto de los países del tercer mundo fue notable en los años de la posguerra. La
expropiación de 1938 es el antecedente de la nacionalización del petróleo en
Irán en 1949, en Perú en 1968 y en Venezuela en 1976; de las minas de estaño en
Bolivia en 1952; de las empresas fruteras pertenecientes a la United Fruit en
Guatemala, de 1951 a 1954; de la nacionalización del Canal de Suez en 1956 en
Egipto; de la nacionalización de las empresas mineras de cobre y salitre en
1971 en Chile; y de los tratados que regresaron el Canal de Panamá a la
soberanía de aquel país en 1977. En lo que respecta al Canal de Suez, hay
testimonios de que a solicitud del gobierno egipcio, el presidente mexicano
Adolfo Ruiz Cortínez nombró como Embajador a uno de los actores de la
expropiación, don Alejandro Carrillo Marco, con la misión expresa de compartir
con el régimen de Nasser aspectos políticos y legales de la expropiación
mexicana que pudieran servir de sustento a la nacionalización del canal. Sin duda una de las razones de que la expropiación se
insertara en el imaginario popular de la manera en que lo hizo, en un corte
transversal que abarcó a todas las clases y grupos sociales, tiene que ver con
las peculiares características que colorean los sentimientos de los mexicanos
hacia Estados Unidos, una mezcla de resentimiento, rencor, desconfianza y
admiración que genéricamente se traduce en antiyanquismo. De entre muchos ejemplos posibles, cito algunas
observaciones de observadores extranjeros acerca de ese rasgo del carácter
nacional mexicano. Al reseñar The Wind
that Swept Mexicode Anita Brenner, Lewis Gannett escribió: “Sea que la revolución
avance o retroceda […] la mayoría de los mexicanos se ha acostumbrado a que
Estados Unidosesté en contra. […] Están seguros de que la
revolución avanzará, pero que sea suavemente o con la fuerza de un huracán,
dependerá en gran medida de la actitud de los Estados Unidos. El pueblo
mexicano identifica instintivamente a la contrarrevolución con la influencia
norteamericana”. Según un diplomático inglés que estuvo involucrado en el
enfrentamiento de las petroleras con el gobierno de México, “el único tema en
que los mexicanos de todas las clases están totalmente de acuerdo es en la
convicción de que es un principio inalterable de la política estadounidense
evitar el desarrollo económico y la consolidación política de su país”. En una
carta fechada el 2 de julio de 1938 en Ciudad Victoria, Marte R. Gómez confiaba
a Jaime Torres Bodet: “Cuando la radio transmitía el mensaje presidencial [de
la expropiación de las empresas extranjeras] y en las conciencias penetraba la
idea de que algo grande acababa de ocurrir, un ranchero de Matamoros se volteó
para decirme: ‘Ya el Presidente se fajó los pantalones; dígale que no se los
afloje y aquí nosotros o nos morimos a balas o nos morimos de hambre, pero no
nos rajamos’”. Un observador extranjero escribió a su gobierno: “Sea lo
que sea que los empresarios locales piensen del presidente Cárdenas, su audaz
golpe a los principales intereses extranjeros en el país no puede sino ser
fuente de gran satisfacción para muchos ciudadanos mexicanos de todas las
clases”. Este rasgo del carácter mexicano era tan evidente que ni León Trotskydejó de percibirlo. Según este dirigente
soviético exiliado en México, el sentimiento antiamericano y antibritánico
demostrado por el pueblo mexicano durante el conflicto con los sindicatos
petroleros había sido fomentado por agentes alemanes. Para Randall Pond, la expropiación de las empresas
extranjeras propició entre los mexicanos un nivel de unidad no visto “desde la
invasión francesa de 1862”. La Iglesia y la Universidad –instituciones que por
diferentes razones habían tenido choques con el gobierno de Cárdenas- apoyaron
abiertamente la medida en contra de las empresas extranjeras. Se reeditaba lo acontecido
en 1916 cuando la “expedición punitiva” del “laureado general” Pershing, según
documenta Allen Rosenberg: “Aquello fue la guerra de guerrillas en su máxima
expresión. Éramos los invasores extranjeros. Todos estaban en contra nuestra...
aunque no estuviesen a favor de Villa”. Pero el respaldo a la expropiación no fue unánime. Varios
caudillos revolucionarios hicieron pública su disatisfacción con la medida, lo
mismo que grupos de la clase media y de la intelectualidad. En la revista Hoy del 26 de mayo de 1938, Rodulfo Brito Fouchercalificó de “terror mexicano” a las políticas
del cardenismo. La reacción contraria más radical fue la de Saturnino Cedillo,
el hombre fuerte de San Luis Potosí, quien desconoció al gobierno de Cárdenas
el 15 de mayo y calificó a la expropiación de acto “antieconómico, antipolítico
y antipatriótico”. La estrategia de movilización del cardenismo, traducida
en acciones de propagandaa cargo del Departamento Autónomo de Prensa y
Publicidad (dapp) logró su
objetivo interno. Si bien las manifestaciones que siguieron al 18 de marzo y
las de los meses siguientes fueron alentadas o abiertamente organizada por el
gobierno, la participación popular en ellas fue mucho más allá de cualquier
“acarreo” y se convirtieron en una corriente de nacionalismo incondicional que
amalgamó a todas las clases sociales y se volcó en un masivo apoyo popular al
régimen. Sin duda la expresión más conmovedora fueron las filas de gente del
pueblo en ciudades y pueblos y a las puertas del Palacio de las Bellas Artes en
la capital de la República para entregar modestas prendas, animales y dinero
como óbolo para la causa. Cárdenas y sus aliados -en
particular la Confederación de Trabajadores de México (ctm)- lograron levantar en la sociedad mexicana una ola de
entusiasmo y apoyo a la medida expropiatoria como no se había visto en México
desde el triunfo de Madero sobre la dictadura de Porfirio Díaz. La
concentración organizada por la ctm
en apoyo a la nacionalización el lunes 21 de marzo fue uno de los momentos
culminantes del cardenismo, del nacionalismo y del proceso revolucionario en
general. La expropiación fue declarada por Vicente Lombardo Toledano,
secretario general de la ctm, como
el verdadero principio de la independencia política de México.
La Iglesia Católica publicó en su revista mensual Christusdel 31 de junio de 1938 una
nota titulada “Los Católicos Mexicanos y la Deuda Petrolera” en la que sedeclara que “no solamente pueden los
católicos contribuir para el fin expresado [el pago de la deuda petrolera] en
la forma que les parezca más oportuna, sino que esta contribución será un
testimonio elocuente de que es un estímulo para cumplir los deberes ciudadanos
la doctrina católica, que da una sólida base espiritual al verdadero
patriotismo”. El petróleo se había convertido en un símbolo de la
dependencia y sometimiento al vecino que en una guerra alevosa había despojado
a México de la tercera parte de su territorio. Explotado por manos extranjeras
y expoliada aquella riqueza en beneficio del imperio, encarnaba la sojuzgación
a los Estados Unidos. Cuando Lázaro Cárdenas lo
expropia en 1938, no había transcurrido aún una generación desde la toma de
Veracruz. La resistencia popular al desembarco de marines que sin declaración de guerratomaron el puerto en abril de 1914 y el
sacrificio de jóvenes cadetes de la Academia Navalen defensa del suelo patrio, eran historia
reciente. La toma del puerto había confirmado que Estados Unidos por todos los
medios impondría su voluntad al pueblo de México. En el imaginario popular, pues, petróleo y soberanía se
hicieron sinónimos sin transición. De nueva cuenta la Patria llamaba a la heroica resistencia contra el
invasor yanqui. En 1938, Cárdenas con
la expropiación recuperaba el honor y la dignidad nacionales. Nota bene: JdO
partirá en peregrinación académica la semana mayor. Regresará, nutrida
espiritualmente, el 7 de abril. Vale. Profesor
– investigador en el Departamento
de
Ciencias sociales de la UPAEP – Puebla.
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