Concluye marzo e inician los días de descanso de la “Semana Mayor”: todo mundo a descansar y obviamente, los sitios de recreo, tendrán una afluencia...
Por: Carlos Santamaría Ochoa30/03/2010 | Actualizada a las 13:20h
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Concluye marzo e
inician los días de descanso de la “Semana Mayor”: todo mundo a descansar y
obviamente, los sitios de recreo, tendrán una afluencia muy significativa que,
esperamos, sea suficiente para que los habitantes de estos lugares puedan
experimentar una recuperación económica adecuada.
Hemos comentado en
distintas ocasiones que los rumores matan, envenenan, distorsionan. Cuántas veces no
escuchamos acerca de una persona cosas que por lo general no son ciertas y las
validamos como ciertas, ocasionando en muchas veces que quien es sujeto a estos
malos comentarios salga perjudicado en subida familiar, laboral o académica.
Es así como
consideramos que debe haber castigo para quienes juegan con las necesidades de
los demás… como es el caso de quienes hacen sus “bromitas” de mal gusto
llamando a los teléfonos de emergencia o a la Cruz Roja Mexicana, argumentando
que existen situaciones irreales.
En el caso de la
Cruz Roja, hay pocas ambulancias; lo entendemos y no podría ser que hubiera
vehículos para cada sector. Se hace lo que se puede, pero no se vale, por
ejemplo, que están los muchachos y muchachas socorristas dispuestos a brindar
los auxilios necesarios a quienes lo necesiten, y que reciban una de esas
molestas y estúpidas llamadas donde dicen que hay tal o cual problema
–accidente, siniestro, etcétera- y las ambulancias corren al lugar, encontrando
que no existe nada firme.
Roberto Vega
Castillo, del C-4 en la entidad asegura que en una década se ha recibido
prácticamente un millón de llamadas, de las cuales, el 69 por ciento resultan
falsas.
Imagine el lector
lo que significa esta cifra: que no somos capaces de valorar los servicios de
emergencia. Y luego sucede cuando sí hay asuntos que atender, que la gente
llama y no hay ambulancias porque están allá, precisamente, haciendo acto de
presencia donde fueron requeridos en forma falsa, y resulta que no llegan allá
porque no existe, y donde hay problema, no llegan porque estaban ocupados.
Todos salimos afectados.
Y hay quien se
queja: “ya ni friegan, nunca llegan a tiempo ambulancias y bomberos”. No es
posible que estén únicamente esperando nuestra llamada. Bueno fuera que todas
resultaran positivas, pero nada, la mayoría son falsas como una moneda de
4 pesos.
En este sentido,
somos de la idea de que deben existir sanciones para quienes no tienen idea de
lo que es valorar lo que cuesta un sistema de llamadas de emergencia y enlace
con dependencias relacionadas con este tipo de atención.
Resulta un gasto de
muchos millones de pesos, una infraestructura tecnológica costosísima y empleo
de recursos humanos también muy elevados. Son innumerables las “horas-hombre”
que se pierden con bromitas de mal gusto que además, suelen suceder como aquel
pastor que gritaba “viene el lobo”.
Ya la gente que
presta servicios actúa con mucha desconfianza.
¿Qué se podría
hacer al respecto?
Probablemente,
instrumentar un sistema que permita confirmar la llamada y el acontecimiento,
aunque esto significa mayor gasto. Se nos ocurrió en una ocasión que el que
llama deje su número telefónico, pero, habría una mayor saturación de líneas, y
la autoridad debería pagar esas llamadas, y no se vale que cueste más un
servicio que puede ser la diferencia entre estar leyendo esta columna o estar
muerto.
El coordinador
general del C-4 tiene razón en estar molesto por estas cifras. Hablamos de más
de 60 millones de llamadas falsas en diez años, lo que nos habla de la
estupidez de quienes no tienen otra forma para gastar su tiempo y su dinero,
sino en jorobar a quienes nos pueden salvar la vida.
En este sentido,
sería interesante que surgiera alguna propuesta de ley o cambio en la ya
existente, para que las sanciones sean perfectamente ejemplares cuando se capte
a quien hace bromas de este tipo. Se nos ocurre que haya multas de más de 10 o
20 mil pesos y cárcel, que no se pueda conmutar por nada del mundo, a manera de
que los bromistas tengan que estar en una celda reflexionando.
Insistimos en que
el gobierno de Tamaulipas ha dispuesto de un excelente sistema que funciona a
través del C-4, y es de todos nosotros. El gobernador Eugenio Hernández ha
declarado que todas estas cosas son resultado de las propuestas de campaña,
hace ya seis años, y que hoy son cristalizadas en realidades, pero hay que
cuidarlas.
De otra forma, no
es válido exigir a la autoridad que nos atienda, que haga y demás, cuando no
tenemos la capacidad de entender la importancia de estos servicios y aplicarlo
a la vida cotidiana.
Somos nosotros, los
mismos ciudadanos, los que, envalentonados gritamos consignas hacia las
autoridades, los que propiciamos que los sistemas no funcionen como debieran.
Es donde hay que apretar la tuerca, fortalecer el sistema e incrementar el
castigo para quien bromea con la necesidad y la emergencia de los demás.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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