Por: Norberto Lacarriere Lezama23/12/2012 | Actualizada a las 11:04h
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¡Suben! Cada que se
acerca la Nochebuena, ya saben, la nostalgia y la melancolía se hacen cómplices
para ponernos entre sublimes y reflexivos. Tal es mi caso y hoy lo van a
constatar. Primero déjenme
compartirles que cuando niño, y en medio de las crisis que a todos en mayor o
menor medida nos han alcanzado, siempre tuve el sano montaje del árbol de
Navidad y su tradicional nacimiento. Lo más
importante es que por aquellos años- les hablo de los 70 y 80- la riqueza que
más nos sobraba era el amor de los padres y la unión familiar, que no
escatimaron en cuidados, caricias y atenciones. Aun recuerdo las
luces, esferas, estrellas, heno y figuras rodeando el pesebre. Pasada la cena
del 24 con familiares vendría la apertura de los regalos acordes al esfuerzo de
los papás, o bien esperar a que llegara el 6 de Enero para ver qué nos habían
traído los “Reyes Magos”. En uno de esos
Diciembres, un chiquillo curioso que en un día como hoy les contaría todo esto
descubrió en la caja de libros de la abuela FINITA, un ejemplar especial del
“Selecciones del Reader’s Digest”. Se llamaba “Cinco Cuentos de Amor en
Navidad”. De ese compendio
tomaré una de las tramas. Me parece que ya alguna vez la publiqué en alguna de
las colaboraciones, pero por si no la leyeron hoy se las narro a como me
acuerdo que iba. Se llama
“La Esperanza del Listón”. ¿Me acompañan? Dice así: En algún lugar
del mundo, por estas fechas regresaba a casa un soldado que ya para entonces
podría considerarse un veterano de guerra. Abordó un autobús y emprendió el
viaje que después se sabría era camino a casa… y a lo incierto. En el trayecto
había gente que descansaba en su asiento, y alguna más cuyas charlas con su
elevado volumen distraían pero no molestaban. Y poco a poco algunos pasajeros
empezaron a reparar en el militar. Todo el tiempo
estaba callado. Apenas y se movía. Si acaso era para voltear a ver a través de
la ventana aquellos verdes pastizales semi cubiertos por la nieve de la
estación. Entonces no
faltó quien se acercara a saludarle, aunque a decir verdad el soldado ni
siquiera volteó. “Mi amigo… ¿Cómo
está? ¿Le pedimos a los demás que se callen un poco o quiere que platiquemos?” Fue hasta
entonces que empezó a moverse. Giró lentamente su cabeza, se irguió y respondió
el saludo. “Estoy bien.
Simplemente cansado. Vengo del frente de batalla y ya se podrá imaginar lo que
uno vive ahí”. La realidad de
su estado de ánimo era otra. Así que aunque dialogaron de cosas superfluas al
cabo de unos minutos no tardaría en empezar a confesar la verdad de su talante. “Hace cinco años
me casé con mi novia de la infancia, la única que he tenido en mi vida. Justo
en aquellos días el gobierno me llamó a servirle. “Antes de
partir, mi esposa me llevó a la salida del pueblo donde está un viejo roble.
Ese fue siempre nuestro lugar favorito. Ahí escribimos con una navaja nuestros
nombres. Ahí le pedí que fuéramos novios. Ahí me dio el “sí” al pedirle
matrimonio”. La voz del
militar sonaba firme. Y los pasajeros empezaron a guardar silencio para
escuchar el relato. “Ahí i mujer me
tomó de las manos y me pidió prometerle que le escribiera. No accedí. En
cambio, dije que si sobrevivía a la guerra yo se lo haría saber más no le diría
cuando retornaría”. El interlocutor,
que por cierto era un hombre de avanzada edad, sonrió con aprobación ante esta
muestra de valentía y fe, sabedor de la prueba a la que esposo y esposa
tendrían que pasar. “Pedí una cosa
más: Que tampoco me escribiera y que la señal de que me esperaría tenía que ser
un listón rojo, atado cualquiera de las ramas de nuestro árbol. Y después
me fui”. Nadie más habló.
El hombre volvió a quedarse callado y a reposar sus ojos en los paisajes
mientras pasaba el tiempo y llegaba el momento de bajar. Y llegó ese
instante. Tomó su equipaje, descendió y algo le hizo voltear hacia el autobús.
Varios de sus compañeros de viaje le saludaban y hacían señales de ánimo. La
mamá de una niña tomó la manita de ésta para formar la “V” de “valor”. El sujeto
caminó. Caminó por la vereda. Caminó por donde estaba la vieja fábrica que por
años fue el sustento de su comunidad. Pasó por una gasolinera y pasó por la
ruta que le llevaría a casa. Sus pasos no
eran firmes, pero avanzó. Se sentó a un costado de la carretera y vio la hora.
6:30 PM. Volvió a andar. A menos de 500
metros estaba el roble de la historia, el que por la temporada estaría cubierto
de nieve, pero esta vez no era eso lo que tenía. Era uno, otro… y
otro y otro más…¡Decenas, cientos, miles de listones, todos rojos! Todos
amarrados, todos atados, algunos descoloridos pero unos sobre otros. COLOFÓN La narración no
termina ahí. El ex combatiente con el rostro cubierto de lágrimas llegó a su
casa. Tocó fuerte hasta que se abrió la puerta. Y se abrió porque una niña hizo
girar el seguro. Su esposa
apareció detrás de ella, con un abrigo para cubrir a la menor. Estaban a punto
de salir a colocar nuevos listones sin imaginar siquiera el sorpresivo arribo. Debo aclarar la
existencia de la pequeña. Ésta tuvo su origen en algo que el soldado había
omitido contar cuando llegó al pasaje del roble. Ya se
imaginarán… al pie de ese gran árbol la despedida no podía haber sido con un
solo beso. Ni dos, pero sí con una entrega de las que dejan huella en forma de
descendencia. Post data express A mis amigos
lectores y a quienes se han hecho amigos de mis colaboraciones, les agradezco
infinitamente el valor de su tiempo y atención durante todo el año para reparar
en los escritos. En este mismo
caso agradezco de manera muy especial la confianza y el respeto que siempre me
ha profesado mi amigo y compadre por elección MARCO ESQUIVEL, Director General
y uno de los hombres más visionario que conozco en los medios informativos. Gracias a
quienes por su conocimiento y experiencias nos han ayudado a enriquecer este
espacio con objetivas PALABRAS de aliento y verdades FÉRREAS por su impacto
social. ¡QUE DIOS LOS
BENDIGA A TODOS! ¡FELIZ NAVIDAD, FELIZ RESTO DE ESTE 2012 Y MUY PRÓSPERO AÑO
NUEVO! Por
su atención, gracias. Por hoy, ¡Bajan! Confesiones, avisos especiales y hasta
aplausos a norberto@libertas.com.mx No tengo intermediarios ni acepto asesores. Sólo almas
ejemplares y corazones que son modelos a seguir.
Norberto Lacarriere Lezama, Licenciado en Ciencias de la Comunicación y periodista desde siempre, pero ocupado del quehacer informativo a partir de 1994. Reportero, columnista, investigador, caricaturista político, conductor radiofónico y televisivo.
Su columna “Palabras Férreas”, se publica en medios impresos y cibernéticos de Tamaulipas y nacionales como la revista “Libertas”. Ha sido director de noticias y fundador de importantes proyectos en la comunicación en radio, televisión e internet.
Director de Noticias de Grupo Fórmula Tamaulipas, con base de operaciones en Matamoros hasta el 28 de Abril de 2011y actual Director de Noticiarios y coordinador de Producción informativa en el corporativo Libertas Radio 89.5 FM desde Matamoros, Tamaulipas.
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