Por: Melitón Guevara Castillo19/12/2012 | Actualizada a las 17:35h
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Todos los gobiernos, para ser gobiernos en toda la extensión de la
palabra, requieren tener capacidad de hacerlo; para lograrlo, dicen, necesitan
legitimidad; de ahí que, por ejemplo, Carlos Salinas de Gortari lo hizo
metiendo a prisión a un líder como Joaquín Hernández Galicia y, en el
magisterio, quito a Carlos Jongitud Barrios y dejo a Elba Esther Gordillo.
Alguien diría: peor el remedio que la enfermedad.
Así, ahora, Enrique Peña Nieto está tratando de legitimarse con acciones que
tienden a propiciar una transformación en el país: fue el gestor de una nueva
Ley de Contabilidad Gubernamental; propicio, además, que tengan mayor autonomía
los órganos de acceso y transparencia de la información… y esta, con mucho ánimo,
buscando crear condiciones para mejorar la educación.
La acción de reformar implica, para que funcione, el ánimo de cambiar cosas, de
transformarlas. Y en el caso de la educación creo que Enrique Peña Nieto
solamente está tomando una bandera, una inquietud, que es demandada por la
realidad: México esta reprobado en educación y es necesario, si queremos salir
adelante como país, construir una mejor educación.
La cuestión es que, en todo cambio o transformación, hay inercias que la
obstaculizan. Porque en toda acción de reformar hay implícito una modificación
en los objetivos como en los procesos; y es en ellos donde, siempre, aparecen
los que ya crearon intereses, poseen prebendas y beneficios sin ton ni son.
Están involucrados: el propio gobierno, los maestros, el sindicato, los padres
de familia y la sociedad en general.
¿Hasta dónde quiere llegar Peña Nieto con la reforma educativa? ¿A una
verdadera y autentica transformación del sistema educativo? ¿A poner un hasta
aquí al sindicato de Elba Esther Gordillo? ¿A transformar, cualitativamente,
los mecanismos y procesos de la educación? El hecho es que, para muchos, con la
reforma, se busca solo quitar el poder a Elba Esther Gordillo del SNTE.
En pocas palabras: ¿el propósito de la reforma educativa es, vaya pues,
educativo o solo político? Ya lo dijo el SNTE: la reforma conlleva, o debe
llevar, a una evaluación también del sistema educativo nacional. Lo cierto es
que, cada día que pasa, nos enteramos de más y más situaciones extraordinarias,
de la corrupción que impera en la estructura burocrática educativa y de cómo,
en esas cosas, se las gasta el sindicato.
Lo dijo Emilio Chuayffet con la reforma se busca que el Estado retome la
rectoría de la educación. Ahí, quizá, puede estar la mejor explicación de los
propósitos de la iniciativa del ejecutivo y que, en estos días, están
discutiendo los legisladores: quitar el control de la educación al sindicato,
es decir, asumir un control lo que implica quitarle a otro su ejercicio.
Vista así la reforma, a todas luces, es solo una reforma política en el ámbito
educativo: el primer paso es simple y sencillamente eliminar un coto de poder y
adueñarse del mismo. El impacto en el proceso educativo puede ser, en este
momento cuestionable, porque todos los gobiernos y Presidentes han,
demagógicamente, ensalzado a la educación y poco hacen por ella.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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