El Anzuelo...
Y ha de andar brincando en un cuerno de contento
por El Fisgón
Por: Carlos Santamaría Ochoa
Muchos de
nuestros pequeños estarán ya más que ilusionados, dado que en unos días más
recibirán una importante visita que dejará, sin duda alguna, bonitos regalos y
cosas de utilidad.
Santa Claus, Papá
Noel, el Niño Dios o como lo veamos, es un buen pretexto para regalar a los que
están cerca… y uno que otro compromiso laboral, educativo o político.
El caso es que
los chicos hacen sus cartas aduciendo que han tenido un excelente
comportamiento y otras virtudes más, que han desarrollado para ganar como
recompensa aquel regalo tan anhelado, que bien puede ser un par de tenis, un
video juego o algo más, como un celular, con la condición de que pueda tener
acceso a redes sociales, pues.
Y los adultos, en
el mismo tema, ya no hacemos las cartas a Santa Claus, porque ya no nos es
práctico: nos llevaríamos una tremenda decepción.
El más importante
“Santa Claus político” llegó a principios de mes y pocos tamaulipecos fueron
los beneficiados con un útil regalo que bien puede durar hasta seis años, con
sus consabidos premios y recompensas.
¿Qué escribir,
pues, al personaje de los regalos?
Como adultos,
como base de familias, pediríamos, por lógica, dos aspectos a regalar que se
tornan en fundamentales: seguridad y salud para todos los nuestros; hay otros
regalos que seguramente tendríamos en la lista, pero no podemos ser tan
avorazados, y tenemos que conformarnos con lo que llegue.
La Navidad es
tiempo de dar, y algunos se olvidan de quienes les han servido durante todo el
año: los olvidan y sólo agasajan a quienes quieren tener “contentos” porque de
otra forma serán enemigos durante 12 largos, muy largos meses.
El Santa Claus de
todos nosotros debe comenzar con regalarnos lo básico, que se puede considerar
que es iniciativa y carácter para llevar a la realidad nuestros propósitos
prioritarios.
Seguramente éstos
tienen que ver con la salud y la baja de peso, porque todos, o muchos de
nosotros, pensamos en la necesidad de dejar de comer en exceso y hacer
ejercicio aunque se nos acabe el gas en el primer mes.
Los regalos que
esperamos de parte de la autoridad municipal es que sigan procurando satisfacer
el bienestar de cada uno de nosotros los victorenses, y en donde se vive, que
las autoridades locales hagan lo propio; en el aspecto estatal, quisiéramos que
los servicios fundamentales sean de calidad: salud, educación, trabajo,
turismo, industria y productividad, entre muchos más.
Quisiéramos que
los que nos gobiernan no nos defrauden, que nos regalen honestidad y trabajo,
fuerza y sinceridad, y que nos enseñen a trabajar en equipo, porque de otra
forma, no podríamos hacer algo positivo que nos ayude a varios, sino a uno
solo, y la vida en sociedad exige que haya mucho más trabajo comunitario.
También
pediríamos por aquellos, cientos, miles, de seres humanos que han tenido que
vivir la pérdida de un ser querido y viven en la zozobra cotidiana. A todos
ellos, quisiéramos que les regalara el ser de los regalos una dosis de tranquilidad
y esperanza.
A los que no
tienen trabajo, que se abran las oportunidades para todos en todos los
sectores, y que califique el mejor, el que más aptitudes tenga, y nos dejemos
de esa “recomendacionitis” que tanto daño ha hecho a las administraciones de
todo nivel, pero más a una nación que trata de salir adelante en tiempos de
enorme dificultad.
Pediríamos muchas
cosas más, sin embargo, no es tiempo de pedir sino de ayudar y colaborar; todos
podemos pensar en ofrecer un poco de lo que tenemos para bien de alguien que lo
puede necesitar.
Material,
sentimental o de cualquier tipo, el regalo debe entregarse de una sola forma:
con el corazón.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
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