Problemas complejos
El campo enfrenta una de sus crisis más profundas y complejas, donde diversos factores están afectando la productividad y el bienestar de los productores.
La deforestación, los incendios forestales, el clima extremo, las plagas, los altos costos de semillas y combustible, la inseguridad y la sequía son algunos de sus principales enemigos.
Esta situación no solo afecta a las familias rurales, sino que pone en riesgo la soberanía alimentaria de todo el país.
El desarrollo agrícola acelerado y la extracción desmedida de agua han provocado la degradación y sobreexplotación de los principales acuíferos de México.
El problema afecta tanto la disponibilidad del recurso como la calidad del agua, poniendo en riesgo el abastecimiento para millones de personas y la soberanía alimentaria.
Las plagas dañan al ganado y la producción agrícola, lo que ocasiona la pérdida de animales y afecta diferentes cultivos.
Una medida para hacer frente a las eventuales afectaciones producidas por las plagas es contar con seguros agrícolas, pero suelen ser inaccesibles para los pequeños productores debido a sus altos costos, la falta de subsidios suficientes y las costosas evaluaciones de daños en campo que realizan las aseguradoras.
El crédito agrícola es otro problema. Se caracteriza por ser uno de los más costosos y difíciles de tramitar en América Latina, lo que limita de forma severa la competitividad y el crecimiento de los pequeños y medianos productores.
De acuerdo con informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el crédito agrícola en México representa solo el 1.9 por ciento del total del financiamiento disponible en el país, lo que lo posiciona como uno de los tres más bajos de toda la región.
Los altos costos de los intereses provocan una carga financiera insostenible frente a los márgenes de ganancia del campo, los cuales dependen de factores impredecibles como el clima y los precios del mercado.
Tal situación somete a los productores a un ciclo de sobreendeudamiento que con frecuencia los obliga a rematar o perder sus tierras y abandonar sus comunidades.
La pobreza en el medio rural históricamente ha sido identificada por tener un porcentaje más elevado con respecto al medio urbano.
La agricultura es la principal fuente de trabajo; ahí se emplea el 45.9 por ciento, mientras que en servicios está el 33.2 por ciento y en la industria, el 20.9 por ciento.
Una desigualdad estructural se registra entre los pequeños productores, ejidatarios y comuneros, que suelen poseer parcelas de temporal (que dependen enteramente de las lluvias), ubicadas en zonas de difícil acceso y propensas a los impactos del cambio climático, mientras que el sector privado posee terrenos con acceso a sistemas de riego, tecnología y vías de exportación.
La pizca y el trabajo arduo en el campo son para la clase más necesitada, que labora largas jornadas, sin estabilidad ni contratos fijos, viviendo al día.
La gran mayoría carece de seguridad social, fondos para el retiro o indemnizaciones por accidentes laborales, los cuales son comunes por el uso de herramientas pesadas o la exposición a pesticidas.
Al no haber bienestar económico ni permanencia laboral, las familias jornaleras se mantienen en una etapa generacional de vulnerabilidad y pobreza.
El alto costo de los insumos, el impacto del cambio climático, la inseguridad, la falta de precios justos para las cosechas, la ausencia de acceso a créditos blandos y la crisis zoosanitaria del gusano barrenador representan una amenaza real y provocan una emergencia sanitaria y económica para la ganadería y la agricultura.
La combinación de estos factores estructurales y sanitarios representa una de las crisis multifactoriales más complejas para el sector agropecuario en la historia reciente.
Esta coyuntura afecta directamente tanto la viabilidad económica de los productores como la seguridad alimentaria del país.
En otros temas y de carácter social, aprovecho el espacio para felicitar a la distinguida y muy profesional licenciada Lucrecia Eguía Salinas por su nuevo nombramiento en un área estratégica del Gobierno del Estado de Tamaulipas. Enhorabuena.
Sin duda, habrá de realizar un eficaz y ejemplar trabajo, como en sus anteriores encomiendas. Esa dependencia se favorecerá con la experiencia y el talento de la destacada profesionista.
Y usted, ¿qué opina...?
Así las cosas.
Nos vemos en la próxima.
Carlos Álvarez
Analista y Auditor. Consultor Externo. Certificado ante el Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE).
Libros publicados: “El Tamaulipas y el México que Anhelan los Jóvenes para el Siglo XXI”, “El Gran Juicio” y “El Lago Encantado y el Maravilloso Pueblo Azteca”. Escribe en varios medios de comunicación del Estado.
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