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Remesas bajo presión: doble vulnerabilidad cambiaría y migratoria

Por: Jorge Lera Mejía El Día Viernes 02 de Octubre del 2026 a las 20:11

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Las remesas enviadas por mexicanos desde el exterior vuelven a encender una señal de alerta para la economía nacional.

En agosto de 2026 ingresaron a México 5 mil 452 millones de dólares, una caída anual de 3.6%, después de seis meses consecutivos de crecimiento. El dato más preocupante no está solamente en el monto, sino en el número de operaciones: 13.2 millones de envíos, 6.4% menos que un año antes.

El acumulado todavía presenta una cifra positiva: entre enero y agosto entraron 41 mil 802 millones de dólares, 2.2% más que los 40 mil 903 millones del mismo periodo de 2025. Sin embargo, la composición revela una señal estructural: mientras el número de operaciones cayó 2.24%, el monto promedio aumentó 4.53%, hasta 409 dólares. Es decir, no necesariamente están llegando más recursos; están llegando a través de menos operaciones y por cantidades ligeramente mayores.

El fenómeno coincide con el endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses.

Aunque no puede atribuirse toda la caída exclusivamente a las deportaciones, analistas han señalado que el temor a controles migratorios, detenciones o pérdida del empleo puede estar reduciendo la movilidad laboral y la capacidad de envío de los trabajadores mexicanos. La propia Unidad de Política Migratoria de México mantiene estadísticas específicas sobre las devoluciones de mexicanos desde Estados Unidos durante 2026.

La segunda vulnerabilidad es cambiaria.

El peso mexicano cerró septiembre en 18.0808 pesos por dólar, después de terminar agosto en 16.9971, lo que implicó una depreciación mensual cercana a 6.4%, la mayor en más de dos años. El 1 de octubre el FIX de Banxico llegó a 18.3688 pesos por dólar.

Aquí aparece una paradoja: un peso más débil puede aumentar el valor en pesos de cada dólar recibido, pero también puede deteriorar el poder adquisitivo de las familias si viene acompañado de inflación y menor actividad económica.

Además, durante agosto —cuando se produjo la caída de remesas— el peso todavía estaba apreciándose, por lo que el retroceso de los envíos debe analizarse separadamente de la depreciación cambiaria registrada posteriormente.

La cuestión de fondo es si Banxico y la SHCP están tratando las remesas como una variable estratégica de seguridad económica nacional.

El Banco Central cuenta con información estadística detallada, pero la política monetaria no puede resolver por sí sola una amenaza originada en el mercado laboral y migratorio estadounidense. La SHCP, por su parte, enfrenta el desafío de reducir la dependencia estructural de una fuente de divisas que México no controla.

El dato debería obligar a cambiar el enfoque: México necesita una estrategia nacional de protección de remesas, con menores costos de transferencia, inclusión financiera de las familias receptoras, instrumentos de ahorro e inversión para migrantes y políticas productivas que conviertan una parte de esos recursos en capital local, es imprescindible recuperar programas productivos del pasado, como lo fue el proyecto 3x1 en Apoyo a las Remesas para impulsar emprendimientos.

Las remesas no sustituyen una política económica. Pero con 63 mil 370 millones de dólares acumulados en los últimos 12 meses, constituyen un colchón externo demasiado importante para ser tratado únicamente como una estadística mensual.

La señal de agosto es clara: menos operaciones, mayor incertidumbre migratoria y un peso nuevamente vulnerable.

La combinación de remesas y transferencias de los programas del Bienestar constituye una de las principales redes de protección económica para millones de hogares vulnerables, particularmente en comunidades del sur y centro-occidente del país, destacando estados como Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Michoacán.

Ambos flujos sostienen el consumo básico, alimentación, educación, salud, vivienda y pequeñas actividades productivas. Para numerosas familias pobres, las remesas provenientes de Estados Unidos complementan pensiones, becas y apoyos sociales, reduciendo parcialmente los efectos de la precariedad laboral y la desigualdad regional.

Sin embargo, esta dependencia también revela una vulnerabilidad estructural: cuando disminuyen las remesas o se desacelera la economía, millones de hogares quedan expuestos, evidenciando la necesidad de generar empleos productivos y oportunidades permanentes.

El riesgo ya no consiste únicamente en que disminuyan las remesas, sino en que México siga dependiendo de ellas y de las becas del Bienestar sin construir alternativas nacionales de respaldo a las MiPyMEs y a la generación de divisas, empleo y bienestar...

Jorge Alfredo Lera Mejía

Tampiqueño, Economista (ITAM), LAE, Maestro en Economía y Doctor en Administración Pública (UAT).

Asociado del INAP, Subsecretario del Exterior de la Federación del Colegio Nacional de Economistas y Vicepresidente zona noreste de la LER. Inicia su carrera en 1977 y ha desempeñado diversos cargos en la Administración Pública Federal, en Michoacán y en Tamaulipas.

Catedrático en la UNAM, ITAM, ULSA y actualmente profesor-investigador por la UAT e Instructor de la Auditoría Superior de la Federación.

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