Problema latente
El próximo 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio para crear conciencia mundial de que el suicidio se puede evitar. Esta jornada se estableció en el año 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y es avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La iniciativa crea conciencia sobre la importancia de la vida, enfoca la atención pública en los problemas de salud mental, reduce el estigma social en torno a los problemas de salud mental, promueve acciones prácticas de apoyo y hace un llamado a la acción colectiva, dando un mensaje importante de que el suicidio se puede prevenir.
El suicidio es un problema muy serio de salud pública con consecuencias de tipo social, emocional y económico. Es un mal silencioso que cada año va en aumento.
Su impacto no sólo representa una pérdida irreparable de vidas humanas, sino que genera un profundo daño o “efecto onda” que perjudica emocional y económicamente a las familias, amigos y comunidades. Se expande y afecta a múltiples niveles de la sociedad.
De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), anualmente mueren cerca de 700 mil personas por esta causa, lo que equivale a una muerte cada 40 segundos.
El suicidio es una de las principales causas de muerte en el planeta; representa la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.
Se estima que el 70% de las conductas de riesgo, crisis emocionales o intentos de suicidio ocurren en la intimidad de los domicilios particulares, lo que hace vital la detección temprana de señales, frases y emociones negativas, así como las líneas de ayuda. Escuchar las señales de alerta iniciales es el factor más determinante para evitar situaciones graves.
En 2024, el INEGI reportó 8 mil 856 defunciones por suicidio en personas de 10 años y más, con una tasa de 6.8 por cada 100 mil habitantes, cifra similar a la registrada en 2023. En 2017, la tasa era de 5.3 por cada 100 mil habitantes.
El comportamiento suicida no tiene una causa única, sino que es el resultado de una compleja interacción de factores psicológicos, biológicos, ambientales y sociales que se acumulan con el tiempo.
Es un problema complejo multifactorial que surge de la combinación de vulnerabilidades personales, eventos estresantes y barreras estructurales o sociales que dificultan la búsqueda de ayuda.
Las normas, reglas o directrices de organizaciones globales de salud mental, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Manual MSD (guía médica), consideran al suicidio como un fenómeno multidimensional en el que convergen múltiples variables (biológicas, psicológicas, sociales y ambientales).
Algunos factores de riesgo, condiciones o características que incrementan la probabilidad de que una persona presente idea, intento o conducta suicida son: desintegración familiar, abuso físico, psicológico o sexual; acoso escolar, decepciones amorosas, consumo de alcohol o drogas, crisis económica, infidelidad, abandono, muerte de la pareja o el diagnóstico de una enfermedad incapacitante, invalidante o dolorosa, entre otros.
La persona con conducta suicida enfrenta una crisis de salud mental, por lo cual requiere de atención inmediata, un entorno seguro, diagnóstico y tratamiento por parte de un profesional especializado de salud para evitar un desenlace fatal.
El suicidio es un problema de salud pública prevenible que afecta a cualquier persona, no discrimina por edad, género ni nivel socioeconómico.
Entre 8,000 y 9,000 personas pierden la vida por esta causa cada año en el país.
En el continente americano, durante 2021, se registró un total de 100 mil 933 personas que murieron por esta causa.
Según diversos informes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), la crisis de salud mental en las Américas ha alcanzado niveles alarmantes.
La combinación de políticas públicas eficaces, la implementación oportuna de programas y las estrategias integrales y multisectoriales que unen la atención médica con el apoyo comunitario es la vía más efectiva para reducir de forma directa el riesgo de suicidio en la población.
Contribuir, priorizar y promover la salud mental con enfoques basados en los derechos humanos y la equidad de género es fundamental para eliminar el estigma y derribar las barreras que impiden a las personas buscar ayuda de manera oportuna.
Y usted, ¿qué opina?
Así las cosas.
Nos vemos en la próxima…
Carlos Álvarez
Analista y Auditor. Consultor Externo. Certificado ante el Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE).
Libros publicados: “El Tamaulipas y el México que Anhelan los Jóvenes para el Siglo XXI”, “El Gran Juicio” y “El Lago Encantado y el Maravilloso Pueblo Azteca”. Escribe en varios medios de comunicación del Estado.
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