La política como construcción de realidad
A lo largo del tiempo, la estrategia política se entendió como un problema de comunicación. La idea dominante era sencilla: mejores discursos, mejores campañas y mejores mensajes producirían mejores resultados. Bajo esa lógica, el éxito político dependía, sobre todo, de la capacidad de comunicarse con mayor eficacia que los demás. Sin embargo, la experiencia política demuestra que esa explicación resulta insuficiente. Existen gobiernos que cumplen metas, ejecutan obras y producen resultados verificables sin alcanzar el reconocimiento social que esperarían. Al mismo tiempo, otros logran instalar la percepción de una profunda transformación, aun con logros objetivamente menores. La diferencia no radica únicamente en lo que unos y otros hacen, sino en la manera en que esos hechos son interpretados por la sociedad.
Esa diferencia obliga a replantear el objeto mismo de la estrategia política. Su verdadera disputa no se desarrolla en torno a los hechos, sino al significado que una sociedad les atribuye.
Los hechos pertenecen al mundo objetivo. Una carretera puede construirse, un hospital puede inaugurarse o una política pública puede implementarse. Todo ello puede documentarse y medirse. La realidad política, en cambio, no se compone exclusivamente de esos acontecimientos. Está formada por la interpretación colectiva que una sociedad construye sobre ellos. Entre el hecho y la conducta política existe un espacio en el que intervienen la memoria, la experiencia, la identidad, las creencias y las emociones. Ese espacio, más que las campañas o los discursos, constituye el verdadero territorio de la estrategia.
Esta idea también modifica la forma de entender el poder. Tradicionalmente lo asociamos con la capacidad de decidir, gobernar o administrar recursos públicos. Sin embargo, el poder también se manifiesta en la capacidad de organizar el significado de los hechos. Antes de influir en el comportamiento de una sociedad, alguien influye en la manera en que esa sociedad comprende lo que ocurre. Las elecciones no solo enfrentan a candidatos o programas de gobierno; también enfrentan interpretaciones distintas del presente y expectativas diferentes sobre el futuro.
Las ciencias cognitivas ayudan a comprender este fenómeno. La psicología ha demostrado que las personas no procesan la información de manera completamente objetiva. La economía conductual ha documentado la influencia de los sesgos cognitivos en nuestras decisiones, mientras que la neurociencia sostiene que el cerebro interpreta y anticipa la realidad antes de procesarla plenamente. Desde otra perspectiva, la sociología del conocimiento explica que buena parte de aquello que consideramos realidad es el resultado de significados construidos colectivamente. Aunque pertenecen a disciplinas distintas, todas coinciden en una idea fundamental: los seres humanos no reaccionamos únicamente ante los hechos; reaccionamos ante el significado que atribuimos a esos hechos.
Sin embargo, incluso una interpretación correctamente construida resulta insuficiente si no logra integrarse en la experiencia cotidiana de las personas. Aquí aparece una diferencia que considero decisiva. Las políticas públicas existen en el ámbito institucional; la legitimidad, en el ámbito de la experiencia.
Una carretera representa infraestructura para el gobierno; para quien la utiliza diariamente significa llegar a casa antes de que sus hijos se duerman. Un hospital constituye una inversión pública; para una familia, representa recibir atención médica sin tener que recorrer cientos de kilómetros en caso de emergencia. El alumbrado público forma parte de un programa de infraestructura urbana; para una madre significa la tranquilidad de saber que su hija regresará caminando por una calle iluminada. Una red de agua potable se presenta como una obra hidráulica; para una familia, significa abrir la llave y encontrar agua todos los días. La digitalización de los trámites gubernamentales puede presentarse como innovación administrativa; para un ciudadano representa resolver un permiso desde su teléfono sin perder horas en una fila.
La política pública nunca cambió. Lo que cambió fue la experiencia que permite comprenderla.
Por ello, la comunicación política no debería limitarse a informar sobre las acciones del gobierno. Su función consiste en traducir las decisiones institucionales en experiencias humanas capaces de adquirir significado para la ciudadanía. Mientras la estrategia organiza la interpretación de la realidad, la comunicación convierte esa interpretación en una experiencia compartida. No cumplen la misma función, pero se necesitan mutuamente. La primera responde a la pregunta de cómo será comprendida una realidad; la segunda hace posible que esa comprensión se incorpore a la memoria colectiva.
Quizá por eso algunos gobiernos administran con eficacia y, aun así, fracasan políticamente. Acumulan obras, programas y resultados, pero nunca logran que la ciudadanía los integre en su propia experiencia. Los ciudadanos no viven de presupuestos, indicadores ni expedientes administrativos. Viven tiempo recuperado, tranquilidad, oportunidades, certeza y dignidad. Cuando una política pública logra expresarse en esos términos, deja de ser únicamente una acción institucional y pasa a formar parte de la realidad compartida.
Tal vez ahí radique la tarea más importante de la estrategia política contemporánea. No consiste únicamente en persuadir ni en comunicar mejor. Consiste en comprender cómo una sociedad construye el significado de los hechos y cómo ese significado termina orientando sus decisiones. Porque el poder no solo transforma instituciones; también transforma la manera en que una comunidad comprende el mundo que comparte. Y quien consigue organizar esa comprensión no solo influye en la elección. Influye en la realidad política desde la cual esa sociedad decidirá su futuro.
Alberto Rivera
Construyo procesos de comunicación siendo y haciendo cosas diferentes, provocando emociones y moviendo conciencias hacia la participación social y política.
Ayudo a potenciar marcas de proyectos políticos y gubernamentales a través del descubrimiento de insights, arquetipos de marca y estrategias de comunicación política.
Soy consultor, catedrático y speaker en Estrategias de Campaña Política y de Gobierno. Director General de Visión Global Estrategias.
Soy originario de Tampico, Tamaulipas y cuento con una Maestría en Educación, Maestría en Política y Gobierno y Doctorado en Filosofía; además de tener diversas especializaciones en Comunicación Política, Consultoría Política e Imagen.
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