Por: Clara García07/12/2012 | Actualizada a las 09:46h
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Llegamos
a Ciudad Victoria a fines de la década de los 80, cada quien por su lado, con
su historia y sus expectativas por el futuro. Nuestros origines y vidas eran
muy diferentes, ella “rata de asfalto” había vivido toda su vida en el centro
de Tampico; ciudad mítica para mí, cuya infancia y adolescencia la había pasado
en pueblos remotos del oriente potosino.
Es posible que en ese momento lo único en común entre ambas, al igual que la
frase de Punky y Cerebro fuera “conquistar el mundo”, pero no nos conocimos
hasta después de cinco o seis años; cuando las dos estábamos imbuidas en la
actividad literaria, ella como escritora yo como promotora.
Siempre alegre, desinhibida y una habilidad mental para responder con chispa
todo lo que le parecía serio y solemne; así conocí a Lorena que contrastaba con
mi seriedad, mi timidez y mi lentitud para responder a situaciones que me eran
incomodas.
La primera referencia que tuve de ella fue un cuadernito de poemas publicado
por el ISSSTE que se llamaba Cadáver Corazón, producto de un premio estatal que
había ganado recién había llegado a Ciudad Victoria. Nohemí Sosa Reyna, otra
poeta de la ciudad, ya veterana, me había regalado el libro y me habló de
ella.
Nuestras vidas cada vez fueron coincidiendo más, primero en actividades
literarias, donde nos veíamos y saludábamos, después ganó el premio estatal de
poesía convocado por la oficina donde yo trabajaba; la invité a que se
incorporara al programa de promoción literaria que teníamos en escuelas de la
ciudad y encontrando amigos en común la amistad se volvió cada día más
estrecha.
Pero Lorena no sólo escribía poesía, también dramaturgia y era actriz, tenía
dos hijas y cursaba una licenciatura en educación. Aunque somos contemporáneas,
siempre consideré que tenía más caminos recorridos que yo.
Sentadas a la mesa festejamos su cumpleaños en días pasados y sin balances
desbordados de optimismos, ambas comprendimos que si nuestra vida en esta
ciudad ha sido buena, aún tenemos en nuestras expectativas muchos proyectos
para conquistar el mundo.
Hace algunas semanas celebró sus 25 años de actriz con dos obras de teatro
“Lilith vs. Eva” que se llevó la ovación del público y “Eleuteria Pastor”
presentada en el teatro más importante de Tamaulipas. “La mejor forma de
celebrar es trabajando” me dijo cuando se estaba preparando el montaje.
Después de dos décadas de haber llegado a Ciudad Victoria, Lorena Illoldi sigue
desbordando energía ya en el teatro, en la literatura, en la promoción cultural
y también en la lucha libre, un ejemplo para los jóvenes que aspiran a ser
artistas plenos. Pero sobre todo es también una gran amiga, cuyas diferencias
han sido nuestras grandes coincidencias.