Por: Melitón Guevara Castillo03/12/2012 | Actualizada a las 16:12h
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Debemos a Michel
Foucault “El orden del discurso”. Un pequeño librito que nos introduce en lo que
significa el “análisis del discurso”. Establece, por ejemplo, que es necesario
determinar que hay palabras que están prohibidas; que, en ciertos casos, a los
que dicen discursos se les tilda de “locos” y se excluyen sus palabras; que
otros diferencian entre verdadero y falso… y luego, no se puede soslayar, el
rol, pensamientos e ideas, de quien hace el análisis.
Visto así, pues, el discurso político, vale decir que en el discurso gobernante
hay palabras prohibidas: fracasar, mal, pésimo; y si, como es el caso reciente
de Felipe Calderón Hinojosa, palabras de corte positivo: puso, dijo, todo su
esfuerzo, energía y dedicación a México; que recibió un país destrozado (de
Vicente Fox) y que lo enderezo… para nada, palabras como: pobreza, marginación,
represión, explotación, bajos salarios, corrupción.
Podemos recordar, por ejemplo, el discurso que dijo Luis Donaldo Colosio en el
Monumento a la Revolución: fue un discurso revolucionario, porque caló hondo en
el auditorio, cuando expreso que veía un pueblo sediento de justicia, a un
pueblo pobre, que anhelaba que sus gobernantes ya no fueran corruptos. Fue un
discurso que convencía.
Si me preguntan cuál es el discurso de Enrique Peña Nieto al momento de asumir
la Presidencia de la Republica, solo puedo anotar una palabra: promesas. Entre
ellas: devolver la paz a México, acabar con el hambre, proteger a las víctimas
del delito, acabar con los privilegios del magisterio así como promover e
impulsar el desarrollo del país.
Si comparamos, y calificamos, el discurso del Presidente que sale y del que
entra, las diferencias son notables: el primero, que cumplió, que construyo un
México mejor, casi casi fue un chapulín colorado; en cambio, si observamos el
discurso del que llega, de Enrique Peña Nieto, inmediatamente por sus
decisiones, por sus promesas, estamos ante un México muy distinto al que nos
pinta Calderón.
Un punto clave, que da una buena imagen al nuevo gobierno, es que muestra una
capacidad de diálogo y de acuerdo al lograr que las principales fuerzas políticas,
como el PAN y el PRD, firmaran el “Pacto por México”. En este sentido, Javier
Corral Jurado –panista y opositor furibundo-, hace notar que el 95% de las
acciones contenidos en el pacto son tangibles, es decir, que se pueden valorar
y medir su avance o cumplimiento… no hay, entonces, oportunidad para la
demagogia.
Una de los aspectos del discurso político actual es el que se desarrolla en
twitter. Ahí si, de plano, notamos que solo hay dos tipos de mexicanos: los
inteligentes y que, por serlo, no votaron a favor de Enrique Peña Nieto. Los
otros, los que votaron a favor del PRI, son: “pendejos, ignorantes, putos,
cómplices, desmemoriados, cobardes… son muchos los adjetivos, no es fácil
enumerarlos todos.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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